Bolívar Total Triunfador

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En tarde agradable y con un aforo de mas de tres cuartos se cumplió otra tarde de toros de la Feria de Manizales.

Luis Bolívar, luto, oro y cabos negros.

Toro Perfumado, #625, 472 kilos. Chorreado en negro. Con casi seis años.

El ejemplar abrió plaza bastante distraída. Cuando se enteró seis verónicas y media. Bolívar dejó el toro en todo el centro del ruedo para el encuentro con Edgar Arandia, cita que no cumplió y hubo de llevarlo más cerca a pelear en la poca vara que le brindaron.

Brindó al público y en la línea concéntrica de menor diámetro inició su labor. Suavidad en el paño, tirando las embestidas de uno fijo y de buen son. Muy cerca a su humanidad, Bolívar hizo que transitará el chorreado. Tras tres tandas de estudio, el palco ordenó que la banda cobrará. Todo en ralentí. Mando y  trazos profundos. La muleta a la izquierda y naturales de buena factura. Variedad en mezcla perfecta a uno que hacia el avión persiguiendo los vuelos de la muleta. Faena correcta y dosificada a un buen ejemplar de Las Ventas del Espíritu Santo. Con el acero, recibiendo y en buen sitio, valieron para premiar su labor.

Para su segundo turno. Toro Abúlico, #614, 482 kilos. Negro.

Salió con mucha alegría y Bolívar lo dosificó mucho en la capa. Tiempos y distancia.

Lentitud en la faena templada para conducir las embestidas del negro. La técnica fue el fundamento de lo realizado. El toro a partir del tercer cité pedía un poco el interés. Con la mano izquierda bajo la muleta. Por el pitón izquierdo mejor y más largo recorrido. La espada completa y fulminante. Sin puntilla. Dos orejas.

Emilio de Justo, verde esmeralda, oro y cabos blancos

Toro Penela, #831, 470 kilos. Castaño, ojo de perdis, listón.

De salida algo suelto y al encontrar el capote de Emilio de Justo no se acabó de entregar. Salió el varilarguero Clovis Velásquez y la capa pasó inédita.

Con la muleta por doblones lentos y suaves fue llevando las embestidas del castaño que a la voz perseguía. Poco a poco se fue entregando el toro a los muletazos del español. La muleta se quedó prendida a la cara del venteño para no dejar que buscará otros destinos. El magisterio de Emilio formuló muletazos profundos, largos y con mucho temple. La música Justo premio a lo hecho.

La espada, en medio viaje de buena ubicación. Aviso y varios descabellos.

el cierre de la presentación  con el Toro gorra Roja, #140, 532 kilos. Negro.

Toro con un manifiesto peligro por el pitón derecho. Derrotes a Emilio y los subalternos. Tumbó al piquero William Torres.

Sin brindar con la muleta en la mano derecha inició Emilio una faena inteligente. Temple y mando. Con donosura debilitó la ofensiva dadá del toro. Domino y ajustó la faena a una cadencia formidable. El mando ganó la pelea, en el temple se forjó una faena importante. La espada en buen lugar y el toro resistido a doblar. 2 avisos. Se escaparon los trofeos.

Tomás Rufo, azul petróleo, oro y remates en blanco

Toro aulló, #606, 440 kilos. Negro listón.

Las verónicas de buena factura saludaron al tercero del festejo, un negro bajito que acudía con fijeza.

Rufo brindó a Antonio Ferrera. Con suavidad el torero de Toledo inició el trasegar. La embestida fija en una muleta que tenía trayectos largos. Embarcando muy adelante y dejándolo muy atrás de la cintura.

Pese a los casi cinco años el toro iba con mucho son, lentitud como en cámara lenta. Con la muleta en la mano izquierda también tuvo mando. El toro quiso tocar sus pantorrillas al perder por un momento el sitio. Plana que corrigió el español que escuchaba el pasodoble que acompasaba cada muletazo.

La faena tuvo marchoseria, lentitud y nobleza en las embestidas. La espada completa y fulminante. Los pañuelos blancos rápidamente vistieron la plaza. Una sola oreja con fuerte petición de una segunda.

Para su segunda actuación, Rufo saltó turno, mientras entorilaban un toro adicional para Emilio de Justo.

6 en 5 Toro Escondido, #807, 486 kilos.  Negro azabache.

Con la capa, Rufo embarcó al ejemplar, tras salir abanto y todo solo en trámite al caballo.

Con la muleta Rujo acudía al engaño con franqueza aunque sin fuerza. Hubo pausas entre muletazo y muletazo. No se acabó de acoplar a lo que el toro requería. Finalmente, los oles a la fragmentada faena. Haciendo las cosas bien pero sin poder sumar en unidad.

 

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