Crónica de San Isidro: Un Matador Se Coló en la Novillada (Y Nadie le Echó Cuentas…)

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La tarde de Jorge Martínez, por la dimensión de su toreo y su fácil capacidad, fue más la de un curtido matador de toros que la de un novillero buscando el triunfo madrileño para funcionar. Jorge Molina y Sergio Rodríguez, ambos nuevos en esta plaza, dejaron destellos de su concepto ante una variada y potable novillada de Montealto.

Redacción: David Jaramillo – Cultoro.es – Web Aliada – Foto: Luis Sánchez Olmedo

Madrid – España. La intermitente y molesta llovizna que vino y se fue durante toda la tarde (convertida definitivamente en lluvia en el sexto) pareció distraer a un público más pendiente de los paraguas y los chubasqueros, que de lo que pasaba en la arena. O eso quiero creer, pues no encuentro otra explicación para que la tarde de toros que ha dado Jorge Martínez, ese al que José María Garzón le anunció la próxima alternativa en la feria de Almería, no haya tenido un mayor eco entre el aficionado madrileño.

Por su madurado concepto, por la capacidad demostrada, por la firmeza y seguridad con la que se plantó ante su lote, el murciano es ya un matador de toros sin ceremonia. Lo curioso es que llamó más la atención del tendido con su buen quite por chicuelinas al primero, replicado por Jorge Molina por el mismo palo, que por esos naturales de oro que bordó al buen novillo de Montealto. Es cierto que a la excelsa calidad del utrero no le acompañó el poder, pero la suavidad extrema que administró el de Totana para dibujar cada muletazo era para levantar la plaza y no apenas esos tibios “bieeeen” que apenas se escucharon. Hubo también un derechazo soberbio, de mano baja y tan lenta que no hacía falta dar más muletazos para redondear la tanda. Con ese ya valía. Y, tras la estocada, la (casi) nada. Insólito.

Y con el cuarto, mostró su inteligente capacidad. Bien es verdad que al novillo le faltó un puyazo que ahormara mejor la embestida, pero Martínez, estupendo a la verónica, impregnó su muleta de mando para poner orden y pulir las aristas de cada viaje. Además, firme y seguro, acortó distancias cuando el recorrido se redujo. Más de un muletazo, además de mérito, tuvo terso temple para darle calidad a una embestida que careció de ella. Y, por si faltara algo, mostró su disposición con las manoletinas del cierre. Y creo que, aunque la estocada no hubiese sido defectuosa, tampoco le habrían valorado mejor. Madrid estaba otra cosa.

Más atentos estuvieron con Jorge Molina en el quinto, un novillo de mansa huida hacia adelante que en su movilidad tuvo cierta emotividad. El toledano se fue pronto hacia el novillo y se plantó su vertical figura en el sitio preciso para provocar las embestidas del manso, estiró el brazo para conducirlas y encontró la clave para sujetarlas con valor y cuidada colocación. Hasta tres tandas de muletazos intensos y buenos. Pero el novillo dijo basta y se fue a buscar las tablas descaradamente. Molina entró a matar en los chiqueros y cobró una fea voltereta antes de sepultar su corta espada al tercer intento. Antes había dejado detalles de su concepto con un segundo humillador, pero tan blando que prácticamente no hubo serie en la que no doblara las manos. Sólo al final, Jorge consiguió redondear dos tandas rítmicas, templadas y encajadas.

Pero si uno de los tres tuvo esa actitud vigorosa de novillero, sin duda, fue Sergio Rodríguez. La dejó ver con el buen uso de su capote ante el tercero y, sobre todo, con ese explosivo inicio de rodillas con la muleta, en el que, después de un cambio por la espalda, dejó dos derechazos fogosos, tremendos. Quizá esa mano baja quebrantó al novillo, que protestó después sus repetidoras embestidas y las descompuso a izquierdas. Rodríguez apostó por buscar enérgicos muletazos de corto trazo, algunos de muy buen corte, pero que tras los no pocos tiempos muertos se fueron diluyendo en una labor tan dilatada que fue avisada antes de montar la espada. Y arreció la lluvia al final, cuando el áspero sexto estropeó ese encajado inicio en redondo de Sergio, cuando todavía la muleta estaba suficientemente seca para gobernar. Después todo se torció.

Ficha del Festejo

Martes 23 de mayo. Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Feria de San Isidro, décimo segunda de abono. Novillada. Cerca de tres cuartos de entrada. Tarde fría y nublada, de llovizna intermitente. Seis novillos de Montealto, serios y de rematada presencia. De calidad sin fuerza los dos primeros; con más ímpetu y un punto deslucido el tercero; le faltó un puyazo al humillador y tardo cuarto; manso huidizo y con movilidad el quinto; y áspero resultó el sexto. Jorge Martínez (sangre de toro y oro): Ovación y ovación. Jorge Molina (azul marino y oro): Ovación tras aviso y ovación tras aviso. Sergio Rodríguez (azul pavo y oro): Ovación tras aviso y silencio tras aviso. Incidencias: Jorge Molina y Sergio Rodríguez se presentaron con «Veraniego», nº 17, castaño bragado de 487 kg. y «Venturoso», nº 24, negro listón bragado de 490 kg., respectivamente. Excelente brega de Juan Carlos Rey al sexto quien, junto a Toñete, saludó una ovación tras un gran tercio de banderillas al tercero. En la enfermería fueron atendidos: los novilleros Jorge Molina, a la muerte del quinto, de traumatismos en hombro y pie derechos de pronóstico leve; Sergio Rodríguez, al finalizar la tarde, de traumatismo leve en el tobillo izquierdo; y el banderillero Rubén Sánchez, de traumatismo en la rodilla derecha, de pronóstico reservado. Todos ellos pendientes de estudios radiológicos.

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