Cada Toro Tiene su Lidia

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La sabia expresión, extrapolada al lenguaje normal, quiere decir que cada toro es distinto y requiere un tratamiento diferente.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

Manizales – Colombia. En la historia de la tauromaquia se ha venido contando con aportes muy significativos a favor de la misma por parte de toreros, ganaderos, aficionados, sociedad en general y naturalmente todo enmarcado en las circunstancias de cada tiempo. En los últimas tres décadas hemos visto una acelerada evolución sobre todo en el trapío (condición fenotípica) de los toros, pero a la par también se ha visto la afectación en los comportamientos, pues ya se ha llegado a unos lineamientos donde se realza la bravura, es decir un conjunto de condiciones que ya han llegado a ser definidas como: la alegría del astado (encastado),el acudir con franqueza y rectitud al engaño (nobleza), el meter su cabeza en las telas muy por abajo (humillar), el estar siempre muy pendiente y atento los chismes (fijeza) y un sin número de particularidades que han hecho en estos tiempo un toreo más “puro” si el término me lo permite.

Ese mismo recuento hace que se comparen las figuras en las diferentes épocas, pues el toro de lidia era diferente al que estamos acostumbrados hoy, pues había fiereza, picante, espontaneidad, irregularidad en los comportamientos, sumaba más la habilidad que la técnica en el actuante, pero siempre con esa mirada profunda a la estética. Toreros muy reconocidos como Antonio Chenel Albadalejo “Antoñete” (q.e.p.d), Curro Romero, Rafael de Julia, Santiago Martín Sánchez «El Viti», en sus alocuciones y entrevistas han expresado que la lidia se transformó, que hoy existe mayor estética, que el peligro ya no se percibe en los públicos como antes, aunque sigue existiendo incluso con mayor riesgo por el volumen y fuerza del burel e incluso el poderío del torero ha llegado a puntos casi insuperables.

Este corto argumento hace suponer una reflexión con referencia a lo visto en la corrida de Dosgutiérrez ayer en la Monumental, pues los toros tuvieron esas características de los astados de hace unos buenos años, donde el Torero echaba mano al inmenso valor (capacidad de controlar temores) personal y con habilidad e inspiración hilvanaba con las telas obras de poder, claro hoy se tiene depuradas esas habilidades (o técnicas) pero no siempre se cumple el propósito. El respeto más grande sumado a la admiración a Manuel Escribano porque sin medida puso todo su esfuerzo, lamentablemente su lote acuso poco y nada favorable para el lucimiento. Rubén Pinar aprovechó las cualidades de su lote, no todas favorables pero su oficio y decisión ante astados de similares características lo posesionaron en un ranquin diferente a sus compañeros de terna. Lo sorpresivo vino del colombiano, que imponiendo más su corazón a la razón echó la moneda al aire y logró con esfuerzo salir victorioso de tan serio compromiso. Por tanto, el afirmar que cada toro es distinto y requiere un tratamiento diferente es válido… Cada toro tiene su lidia.

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