Bogotá: Introducción, Nudo y (…)

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Un encierro de – El Manzanal – bien presentado al individual, dispar en conjunto, con variedad en los comportamientos, destacándose el corrido en segundo lugar y una terna dispuesta en todo momento, que incluso bajo la lluvia no dejo de estar en torero.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora – Foto: Juan Pablo Garzón Vásquez

Bogotá – Colombia. En los caminares académicos recuerdo que nos describían que la narrativa tenían tres contenidos marcados, la parte inicial la “introducción” que siendo concreto con la definición es “la parte primera que sirve para preparar el desarrollo de algo”, la segunda el nudo, que no es otra cosa que “la circunstancia a la cual se enfrenta un personaje o colectivo y la forma de resolverlo” y el desenlace que se entiende como “la referencia a la resolución o el final de la circunstancia o de la trama de una historia”; pues cada comparecencia torera se vuelve ese recuento, sale el toro que con su presencia y andar va planteando una circunstancia que el torero debe pinturar de acuerdo a ciertas características para que el “desenlace” determine un concepto artístico, bien sea exitoso o no.

Los seis capítulos de la Santamaría tuvieron introducción y nudo pero los desenlaces se refundieron, los presagios eran ilusionantes, pero todo quedaba ahí, se concluía con los cánones de la liturgia pero quedaba todo en una enorme incertidumbre, no se pudo determinar un concepto concreto, un decir definido, causó interés, corrida con muchísimos matices y detalles toreros y alegres, pero en redondo no muy concreto. Lo positivo de la tarde la impecable presentación de los toros de -El Manzanal- al individual, lo solvente y maduro de Sebastián Vargas, la enorme honestidad y firmeza de Manuel Escribano y la sensibilidad de Jesús Enrique Colombo, virtud clave de un artista.

Tres momentos importantes de la tarde en la Santamaría de Bogotá a nivel taurino, dos de ellas con el mismo protagonista, el cucuteño Sebastián Vargas porque con el primero de su lote, que fue a la postre el más potable del encierro, estuvo a la altura, no era fácil y requería de carnet, por fortuna lo encontró en el colombiano, que dejó una faena para entendidos, bien planteada y sin finituras; con el cuarto de lidia ordinaria, bajo torrencial aguacero, hilvano otra faena importante, no hubo trofeos por la seriedad de la plaza, pero dejó un sabor torero muy firme. El otro capítulo estuvo en manos del sevillano, que sin aliviarse plantó cara, dejó su virtud para el arte, la lidia y sin florituras su paso por Colombia dejó grata sensación, que honesto profesional la verdad. Introducción, Nudo y (…).

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