5ª de Feria, Festival: Sin Toro No Hay Arte

0
72

El festival benéfico dejó compromiso, oficio y voluntad en los toreros, pero también una lección clara: sin un toro que convine en diferente forma casta, bravura, nobleza y clase, el arte no termina de florecer. La emoción, como el toreo, nace del toro. Sin él, la liturgia queda incompleta.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada

Manizales – Colombia. La tauromaquia, en su esencia más pura, es un rito que se sostiene sobre un pilar innegociable: el toro. Sin materia prima no hay creación posible, ni emoción verdadera, ni arte que trascienda. La liturgia del toreo exige un animal íntegro en sus fundamentos: casta como raíz genética que lo define, bravura como motor instintivo que lo empuja a embestir y crecerse en la lidia, nobleza como condición indispensable para que los avíos sean seguidos con fijeza y rectitud, y clase como ese punto de excelencia donde bravura y nobleza se funden en ritmo, armonía y profundidad. Cuando alguno de estos elementos falta o se diluye, el toreo se convierte en esfuerzo estéril y la emoción se evapora antes de cuajar.

El torero puede poner conocimiento, técnica, valor sereno y estética depurada; puede medir tiempos, pisar terrenos y gobernar alturas, pero sin un toro que humille, que repita, que tenga fondo y transmisión, la obra queda inconclusa. El arte no se impone: nace del diálogo. Y ese diálogo solo existe cuando el toro acomete con verdad, cuando su embestida tiene continuidad y cuando su comportamiento permite ligar los muletazos con sentido. La bravura sin nobleza rompe la armonía; la nobleza sin casta se agota pronto; y sin clase, todo carece de vuelo. Así quedó demostrado en el Festival a Beneficio del Hospital Rafael Henao Toro, donde el compromiso solidario fue mayor que la respuesta del ganado.

La noche se abrió con el desfile protocolario en el ruedo de la Plaza Monumental de Manizales, con la presencia de las autoridades municipales, el señor Obispo de la capital caldense, el capellán de la plaza, los toreros actuantes, miembros de la Cruz Roja de Caldas y los directivos de Cormanizales, en un ambiente solemne y respetuoso, acorde con el carácter benéfico del festejo.

Se lidiaron novillos-toros de Ernesto Gutiérrez y de Juan Bernardo Caicedo, el primero de encaste propio con raíces en Murube y Santa Coloma y la segunda ganadería de encaste Domecq, Torrestrella, Conde de la Corte. Del hierro de Ernesto Gutiérrez, el primero mostró nobleza y casta, pero sin clase, con tendencia huidiza y una bravura llevada al límite; el tercero fue noble y obediente, pero falto de casta, manso y huidizo, siendo pitado en el arrastre; el cuarto bis sacó casta y nobleza, aunque volvió a mansear y careció de clase, escuchando pitos; el quinto, noble y con casta, volvió a evidenciar querencias y un comportamiento rayano en la mansedumbre. Del hierro de Juan Bernardo Caicedo, el segundo resultó noble y con casta, pero manso y huidizo, pitado en el arrastre; el cuarto fue devuelto por protesta del público pese a no existir mérito reglamentario suficiente; y el sexto, con casta y nobleza, metió la cara con alegría inicial, bravucón, pero sin fondo, también pitado en el arrastre. Un balance ganadero que confirmó la tesis de la tarde: hubo destellos, pero faltó toro completo.

El Maestro César Rincón, abriendo plaza, dejó constancia de su magisterio desde el capote con verónicas de trazo limpio. En la muleta firmó una faena magistral en concepto: tiempos justos, distancias medidas, mando y temple en cada tanda, extrayendo lo poco potable del astado. El acero no acompañó y tras tres avisos llegaron las palmas. Con el cuarto de lidia ordinaria volvió a deleitar con el capote y, en la muleta, con parsimonia y oficio, construyó una faena de esfuerzo y convicción. Estocada y palmas como reconocimiento a su autoridad.

Sebastián Castella, con el primero de su lote, toreó a favor del novillo desde el capote. En la muleta mostró paciencia, decisión y torería, arrancando las tandas con determinación, pero la condición del animal limitó la ligazón. Pinchazo, estocada y tres golpes de verduguillo; silencio tras aviso. Con el quinto, dejó las mejores verónicas de la tarde y, en la pañosa, apostó por una faena intensa, variada y templada, entendiendo los tiempos. Estocada y descabello; palmas.

Juan Ortega se encontró de lleno con la crudeza de la falta de materia prima. Con el tercero intentó desde el capote y, en la muleta, buscó componer con su sello ortodoxo y personal, pero fue imposible: el toro no permitió construcción alguna. Pinchazo y estocada; silencio. Con el que cerró plaza volvió a intentar, y la faena apuntaba a crecer en torería y poder, pero el burel se desfondó y se vino abajo. Pinchazo y estocada; silencio.

Ficha del Festejo

Viernes 09 de enero, 2026 – Monumental Plaza de Manizales – 5ª de Feria: Festival a Beneficio del Hospital Rafael Henao Toro – Novillos Toros de las Ganadería Ernesto Gutiérrez y Juan Bernardo Caicedo desiguales en presentación y juego, reinó la mansedumbre. César Rincón: Palmas tras 3 avisos y Palmas. Sebastián Castella: Silencio tras aviso y Palma. Juan Ortega: Silencio y Silencio. Llenos los tendidos de la Monumental.

Dejar respuesta