PACO CAMINO 60 AÑOS DE LA ALTERNATIVA DE UN TORERO SABIO

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El próximo viernes 17 de abril se cumplen sesenta años de la alternativa en Valencia de Paco Camino, al que el crítico Cañabate llamó “El niño sabio de Camas”, antes de inventarse otros términos sin duda menos acordes con la fabulosa categoría del diestro sevillano en la historia de la Tauromaquia. Con motivo de este feliz aniversario, y en el año en que en diciembre cumplirá ochenta años de edad, la revista 6TOROS6 rinde homenaje a un maestro que, además de sabio, fue genial en todos los aspectos de su vida como torero: valiente, artista, inspirado, inteligente, poderoso, capaz, elegante… y, por si esto fuera poco, un estoqueador excepcional.

Redacción: JOSÉ LUIS RAMÓN / Fotos: LUIS VIDAL Y REVISTA “EL RUEDO”

El 17 de abril de 1960 tomó la alternativa en Valencia uno de los toreros más importantes de todos los tiempos. Primera figura indiscutible del toreo durante dos décadas, Paco Camino lideró junto a sus compañeros y amigos El Viti y Diego Puerta una generación de toreros de época, diestros que recogieron el testigo de espadas fundamentales en la Tauromaquia como Antonio Ordóñez, entre otros muchos, y que se lo entregaron a Toreros no menos extraordinarios, como Manzanares y Niño de la Capea, también entre otros.

Desde luego que no fue casual la elección de la plaza de Valencia para que Paco Camino tomara la alternativa. Como se explica con detalle un par de páginas más adelante –y, por tanto, no vamos a repetir ahora–, el torero de Camas tenía un ambiente excepcional en la ciudad del Turia tras haber toreado sólo tres novilladas, una en 1959 y dos en las feria de Fallas de 1960, en las que salió a hombros y en dos ocasiones (en 1960) cortó los máximos trofeos. Según se ha contado, la familia Chopera, sus apoderados, ya tenían decidido que Camino tomara la alternativa en Valencia después de Fallas, en la corrida de la Prensa del 17 de abril, de manera que sus grandes éxitos falleros lo que hicieron fue dar aún más fuerza a un torero que llegaba al doctorado situado en lo más alto de la novillería. Por aquellas fechas Camino dijo que la tomaba en Valencia “porque la ciudad me encanta y la afición se lo merece”. Ese año, como novillero, sólo hizo ocho paseíllos.

Ceremonia de la alternativa de Paco Camino. Jaime Ostos le hizo matador de toros en presencia de Mondeño.

El día de la alternativa sopló fuerte el viento, y aunque no se llenó por completo (lleno
en sol y más de media entrada en la sombra), la plaza registró una buena entrada. El Domingo de Resurrección no era entonces, ni lo ha sido después, una fecha taurina en Valencia. En el cartel figuraban Jaime Ostos, como padrino, y Juan García “Mondeño, como testigo, con toros de Urquijo. El del doctorado se llamó «Mandarín”, número 103, negro zaíno y dio un peso de 475 kilos. El sexto pesó 523. Camino, que vistió de blanco y oro, brindó su primera faena al público, y tras cortar dos orejas –una de cada toro–, salió en hombros junto a Ostos, que logró otras dos. Mondeño, por su parte, obtuvo un trofeo.

Camino se vistió de luces en el hotel Metropol, situado en frente de la plaza, y cruzó a
ésta andando, acompañado por su cuadrilla y mozo de espadas. Finalizada la corrida, realizó aquel mismo recorrido, pero ahora llevado en hombros por los aficionados valencianos.

El viaje de llegada a Valencia tiene la anécdota de que, tras salir desde Sevilla, el coche se averió durante el viaje, y Camino y sus banderilleros llegaron a Valencia el día previsto, sábado de Gloria, pero con cuatro horas de retraso. Aquella noche, la recepción del hotel era un hervidero de personas, y tras alguna entrevista, cenó con los miembros de una peña taurina que le estaban esperando desde hacía varias horas.

Comienzo y final de la corrida del doctorado de Paco Camino: paseíllo de los tres matadores y salida a hombros de Jaime Ostos y Camino.

Sobre el desarrollo de la corrida, J. Lloret escribió en El Ruedo: “La tradicional corrida de la Prensa valenciana constituyó un éxito en todas los aspectos. A pesar de ser el Domingo de Pascua un día antitaurino en Valencia, ya que la gente tiene la costumbre de marcharse al campo, la plaza registró una gran entrada, agotándose por completo las localidades de sol. El balance artístico también fue brillante, saliendo el público complacido del festejo y comentando entusiasmado la magnífica presentación de los toros de Antonio y Carlos Urquijo y la artística labor desarrollada con ellos por Jaime Ostos, Mondeño y Paco Camino, que cortaron orejas y recibieron grandes ovaciones.

El triunfo logrado por los toreros pudo aún ser mayor, pero su labor estuvo obstaculizada constantemente por un enemigo al que no cabía vencer con el valor y la inteligencia: un fuerte viento que estuvo presente durante toda la tarde. La corrida había despertado
extraordinaria expectación, ya que el cartel, con el aliciente de la alternativa de Paco Camino, era interesantísimo, aumentando después de admirar los seis toros de Urquijo.

El 28 de julio de 1960 se celebró una
corrida histórica en Valencia, con un grandioso triunfo de Antonio Ordóñez y Paco Camino.
En esta imagen, los toreros saludan
al rejoneador y ganadero Ángel Peralta, tras darse la vuelta al ruedo a uno de los dos toros que lidió.

Hacía mucho tiempo que no se había lidiado en Valencia una corrida tan bonita, con tanto trapío y fina estampa como la enviada para este acontecimiento. La magnífica presentación de los toros se vio completada esta vez por la bravura. Los mejores fueron cuarto, sexto y tercero, por este orden. El menos apropiado para el lucimiento, por ser mal picado, fue el segundo. El quinto, un verdadero torazo, llegó al último tercio quedándose corto. Paco Camino ha entrado en la categoría de matador de toros con todos los honores, consiguiendo un éxito completo, que le valió oreja en sus dos enemigos y que salió de la plaza a hombros. En esta su primera actuación como matador de toros estuvo muy torero, sin nervios y pisando en el ruedo fuerte, como si ya llevase toreadas un montón de corridas. A las seis cuarenta y cinco de la tarde exactamente, Ostos cedió los trastos de matar al neófito, ceremonia que fue rubricada por una gran ovación. Molestado por el fuerte aire, Camino realizó en este toro una brillante faena, a base de naturales soberbios, ligados con pases de pecho con la izquierda que entusiasmaron. Continuó muy torero y artista, con pases con la derecha y de espaldas, para terminar con el bicho de media estocada superior. Se le concedió la oreja y recorrió el ruedo entre ovaciones. En el último de la tarde volvió a triunfar, cuajando una gran faena con pases con la derecha, llevando muy bien toreado al enemigo; naturales, pases con precisión y belleza. Cuando el bicho rodó de una estocada y un descabello, la ovación que oyó Camino fue de gala. Se le concedió la oreja, siendo pedida la otra con insistencia, y a hombros se lo llevaron los entusiastas”.

Por su parte, Pajarel, en la Hoja del Lunes, tituló “A punto y en su punto”, y en el texto escribió: “Camino se doctoró ayer estando sobrado de todo: de valor, de arte, de sabiduría, de afición y hasta de suficiencia. Las dos faenas que ejecutó ayer con toros de diferente temperamento y condición le acreditan ya como una gran figura. Fueron dos faenas de torero macho, sin relumbrones ni efectismo, a base de quietud, de mando, de reposo, de valor, de arte”.

Regresó Camino a Valencia el 24 de julio, en la primera corrida de la feria de San Jaime, junto a Luis Miguel Dominguín y Pedrés, que cortaron una oreja cada uno. Toreó también la fantástica corrida del 28 de julio, mano a mano con Antonio Ordóñez, en la lidia de cuatro toros de Barcial y dos de Peralta. El balance del festejo fue auténticamente tremendo: el diestro de Ronda cortó cinco orejas y rabo, y el sevillano cuatro y rabo. Y se le dio la vuelta al ruedo al quinto toro, de Peralta, lidiado por Ordóñez. Y aún toreó otra corrida en aquella Feria de Julio, el día 29, alternando con Gregorio Sánchez (oreja), Jaime Ostos dos y rabo) y Mondeño. Curiosamente, era el cartel de la alternativa, completado en esta ocasión con Gregorio Sánchez. No deja de ser interesante conocer un dato: de las siete corridas de toros del abono de San Jaime de 1960, Camino toreó tres.

Siguió la temporada triunfal Paco Camino, hasta sumar 81 corridas en Europa y América. A finales de mayo estuvo escayolado de una mano un tiempo breve, y el 13 de agosto sufrió una cornada en Palma de Mallorca, la primera de matador de toros. Reapareció en Almería el 26 de agosto… Pero esa ya es otra historia. Absolutamente gloriosa. ●

Página publitaria de Camino en “El Ruedo”, a mitad de la temporada de 1960, en la que se hace balance de su campaña hasta ese momento.

Corría una tarde de principios del mes de octubre de 1959, cuando mi padre, al salir del trabajo, se acercó al antiguo café de la plaza de toros, adosado a la misma y que desapareció cuando la reforma de 1968, para pasar un rato con Eduardo Rodríguez Cruz, antiguo novillero, y con el que mantenía una buena amistad desde los tiempos en que Eduardo buscaba la

gloria en los ruedos.

Eduardo Rodríguez Cruz, fue

novillero en la mitad de los años 30 y que la Guerra Civil frustró, como a tantos otros, su prometedora carrera taurina. Eduardo tuvo muy buen ambiente en Valencia en aquellos años 30, cuando su afición vibraba con novilleros como Rafael Ponce “Rafaelillo”, Ventura Núñez “Venturita”, Jaime Pericás y un mexicano llamado Arturo Álvarez que tuvo un espectacular debut. De todos ellos fue con este último con quien Eduardo Rodríguez Cruz tuvo una cierta rivalidad, que fue a menos porque las actuaciones de ambos diestros tampoco mantuvieron el nivel del principio. Decía que eran los primeros días del mes de octubre de 1959, cuando mi padre y Eduardo se vieron en aquel escenario tan mítico en los ambientes taurinos valencianos. Hablaban de toros, claro. No en corrillo numeroso, sino ellos dos solos entre otras cosas porque mi padre no conocía a nadie más que a su amigo Eduardo, al que, por cierto, ayudó socialmente en los peores momentos de los tiempos de la Guerra Civil. La conversación entre mi padre y Eduardo derivó muy pronto hacia la novillada anunciada para el inminente 12 de octubre en Valencia. “Debuta un muchacho sevillano que se llama Paco Camino, que viene de triunfar repetidamente en Zaragoza. Me han hablado mucho y bien de él”, le comentó Eduardo a mi padre. Y, lógicamente, aquel 12 de octubre fui con mi padre a los toros.

“Vamos a ver qué tal este novillero del que tan bien me ha hablado Eduardo”, me decía mi padre. Y como solía ocurrir algunas veces, aquella novillada la vimos mi padre y yo junto a Eduardo. Con el debutante hicieron el paseíllo Paco Pastor y Miguel Lloret “Miguelillo”, que lidiaron una novillada del Duque de Pinohermoso. Pastor, novillero nacido en la valenciana Oliva y sobrino de José Pastor, antiguo matador valenciano, fue un torero valiente, honrado, que tomó la alternativa e incluso llegó a confirmar en Madrid.

En 1960 Paco Camino toreó dos novilladas en Valencia, el 17 y el 20 de marzo, y cortó un total de cinco orejas y dos rabos

Por su parte, Miguelillo, con su ambiente entre la afición local, no pasó al escalafón superior. Y Paco Camino…

No sé por qué, tendrá su explicación, pero hay recuerdos de la infancia, de la adolescencia o de la juventud que se mantienen en la memoria por encima de sucesos más recientes. Y entre esos recuerdos que se mantienen vigentes en la memoria está aquel debut de Camino en Valencia. Lo recuerdo vestido de azul, en tono marino, y oro. Y recuerdo la voltereta que sufrió al hacer un quite por chicuelinas en el quinto de la tarde.

Y recuerdo que su toreo me entró por los ojos y me llegó hasta el corazón. Y recuerdo
que al acabar la novillada le dije a mi padre, “a partir de ahora soy de Paco Camino”.

Con tan solo nueve años de edad, ya tenía mi torero favorito. De Camino fui. Y a partir de entonces pocas veces me perdí una actuación suya en mi tierra. Aquella presentación de Camino en Valencia fue uno de los grandes sucesos de una temporada en la que pasaron muchas cosas de signo distinto: desde la alternativa en Fallas de Curro Romero, el mano a mano Luis Miguel y Ordóñez que celebró en julio el centenario de la plaza –con el grave percance sufrido por Dominguín–, los muy graves percances de novilleros como Josele y Cobijano, que estuvieron al borde de la muerte, y el debut de aquel joven novillero de Camas que, a partir de entonces, se convirtió en ídolo de la afición valenciana.

Por supuesto que para las Fallas del 60 ya tenía en mente no perderme la actuación de Camino. En Fallas, precisamente un tiempo en el que de pequeño yo no salía de casa por mi pánico a las tracas. Por eso hasta que no fui adolescente las corridas de Fallas estaban de más para mí. Pero aquellas Fallas del 60 fueron especiales y me atreví a salir de casa solo para ver a Camino en la primera de las dos novilladas que toreó en aquella feria. Por suerte para mí, solo esa primera novillada caía en plenas Fallas, el 17, porque la segunda fue el día 20, una vez quemados los monumentos falleros y la normalidad volvía a la ciudad. De aquellas dos novilladas, por cierto en tardes que recuerdo de climatología muy nubosa, volvió a secuestrarme el toreo de Camino. En ambas Paco triunfó clamorosamente, cortando dos orejas y rabo la primera tarde y tres y otro rabo en la segunda. Por cierto, lo sentí como un regalo especial hacia mí que Camino lidiara la segunda tarde hasta dos novilladas. Sólo habían pasado siete meses del percance que lo tuvo a las puertas de la muerte, cuando llegó el que definitivamente marcaría el fin de la carrera de un novillero que era el otro preferido por la afición valenciana. Finalizada la segunda novillada fallera, ya comencé a contar los días en que volviera a ser anunciado Camino en las siguientes novilladas que por aquel entonces se daban en Valencia todos los domingos.

Camino salió a hombros en las tres novilladas que toreó en Valencia. Esta imagen y la estocada corresponden a las Fallas de 1960.

Pero no hubo más. Camino no toreó más novilladas en Valencia. Con solo tres había
conquistado a la afición. No hubo más novilladas con el nombre de Paco Camino, porque la empresa Alegre y Puchades, con el inolvidable Pepe Barceló como gerente, aprovecharon el ambiente creado por el de Camas para, casi sin esperarlo, anunciar su
alternativa, un mes después de aquellas Fallas.

El Domingo de Resurrección no ha sido nunca una fecha marcada en el calendario taurino de la temporada en Valencia. Pero en aquel 1960 lo fue. Y de qué manera. Se programó la Corrida de la Prensa con el acontecimiento de la alternativa de Paco Camino. Obvio decir que cuando me enteré, di saltos de alegría porque no me iba a perder por nada
del mundo el paso a matador de toros de mi ídolo. Y eso que era una fecha para los que vivíamos en la zona Marítima de Valencia, muy señalada: era el Domingo de Gloria, cuando la Semana Santa Marinera de Valencia, a la que tan vinculado estaba y sigo estando, cerraba sus procesiones con el tradicional Desfile de Resurrección. Y apenas finalizada aquel último acto de la Semana Santa, el tiempo justo para comer y marchar con mi padre a la plaza de toros. Muchas veces, sobre todo de pequeño y adolescente, sentí especial ilusión por ir a los toros. Pero aquella tarde era más especial si cabe. Y la ilusión por ver aquella corrida superaba todo lo sentido antes.

La tarde de aquel 17 de abril fue soleada. Con el sol de una primavera valenciana luminosa, mediterránea y prometedora. Recuerdo que nos sentamos en tendido de sol, entre la puerta de cuadrillas y toriles. Mi padre y yo. En esta ocasión sin la compañía de Eduardo Rodríguez Cruz. La plaza registró muy buena entrada, aunque sin llegar al lleno. Jaime Ostos y Mondeño acompañaron a Camino en tan especial tarde, mientras los toros fueron de Urquijo. Posiblemente el momento más emotivo para mí fue el de la ceremonia
de alternativa, cuando Ostos, en presencia de Mondeño, entregó muleta y espada al nuevo matador. ¿Era posible que yo estuviera viviendo en directo aquel acontecimiento? Sí.

Era posible; fue posible. Uno de los momentos que guardo en la memoria de cuando tan
solo tenía 10 años. Por cierto, de blanco y oro Camino. No recuerdo en mi memoria los trofeos otorgados, pero consultadas las fuentes el nuevo matador cortó una oreja de cada toro, Ostos dos del cuarto y una Mondeño del tercero. No me moví de la localidad hasta que los toreros desaparecieron del ruedo. Había sido testigo de uno de los acontecimientos de la temporada. Un recuerdo que permanece en mi memoria como si hubiera ocurrido hace un par de días.

Hubo más esa temporada en Valencia, en la Feria de Julio. Más Camino, digo. Pero sobre
todo un mano a mano con Ordóñez, en corrida que quedó así por no poder actuar Diego
Puerta al ser herido días antes en Tudela. Corrida triunfal a la que hasta hace unos años los aficionados más antiguos recordaban como una de las más celebradas en la historia de la plaza de Valencia. En mi memoria, para los restos también, quedó aquella tarde. Recuerdos algo borrosos, pero con ciertos detalles muy claros de lo que viví en ese julio del 60.

Camino, hace sesenta años. Un ídolo para siempre. El recuerdo del debut como novillero; aquellas primeras Fallas que fui a los toros; la alternativa. Al cabo de muchos años, ejerciendo ya el periodismo taurino, tuve la ocasión de entrevistar en directo y por primera vez a Paco Camino. Fue a mediodía del 14 de marzo de 1982, el día de la alternativa de El Soro. Me impresionó el cumplir un sueño de conocer personalmente a mi ídolo. Aquella tarde fue la postrera actuación de Paco Camino en Valencia, su tierra de adopción. Y fue, también, la primera vez que lo entrevisté. Me temblaban las piernas.

Paco Camino y Las Ventas estuvieron unidos de manera soberbia a lo largo de la carrera del diestro de Camas. Desde que confirmó, y se presentó, en la Monumental madrileña en San Isidro de 1961, hasta su última corrida en el abono isidril de 1977, la trayectoria de Camino en la plaza más importante del mundo fue extraordinaria, pues además de lograr doce puertas grandes, y sumar dieciséis ferias de San Isidro, cortó cuarenta y nueve orejas en ese ruedo. Todo un logro que da muestra de lo que Madrid significó para Camino… y lo que el sevillano significó para Las Ventas.

El 12 de mayo de 1961 Camino confirmó su
alternativa en Las Ventas.

Nunca antes había pisado Paco Camino la arena de Las Ventas hasta que el 12 de mayo de 1961 hizo el paseíllo para confirmar su alternativa, con Julio Aparicio y José María
Clavel. La feria se había iniciado el día anterior, también con otra confirmación, la de Antonio de Jesús, con Antonio Bienvenida de padrino y Luis Segura de testigo, con toros de Benítez Cubero. Pero al nuevo torero que esperaba la afición era a Camino, puessabido es la exigencia de esta plaza con todos los matadores, pero mucho más con aquellos que de novilleros no pasan el fielato de la presentación madrileña. Por esa razón, a Camino le midieron mucho ese día, en el que mató dos toros de Antonio Pérez. Vestido de blanco y plata, el astado de la confirmación llevó por nombre “Espejito”, número 113, de 525 kilos. Ni con ese toro, ni con el sexto, fue capaz Camino de convencer a la afición madrileña. Tampoco lo hizo en su segunda tarde, el 17 de mayo, esta vez junto a Antonio Ordóñez y Manolo Vázquez, con toros de Samuel Flores, con los que el nuevo matador fue pitado. Y en la tercera corrida contratada, el día 19, ni tan siquiera pudo matar un toro, pues el primero le mandó a la enfermería. Lo mismo había ocurrido con Diego Puerta en el anterior, de ahí que Gregorio Sánchez tuviera que despachar los seis ejemplares de Atanasio Fernández.

El 29 de mayo de 1971 Paco Camino cuajó una gran faena al toro “Serranito”, de Pablo Romero, al que cortó las dos orejas.

De esta desafortunada manera comenzó la relación de Camino y Madrid, aunque pronto
comenzaron a cambiar las cosas. Hubieron de pasar doces meses para que el camero volviese a Madrid, y aunque en su primera tarde de San Isidro de 1962 se repitió la historia del año anterior, el 24 de mayo Paco Camino cortó su primera oreja en Las Ventas. La paseó de un toro de Antonio Pérez, el día que actuó como testigo de alternativa de Limeño, con Puerta de primer espada. Sin embargo, su primera gran faena, la que de verdad le hizo entrar en el corazón de los madrileños la realizó el 26 de mayo a un toro de Ricardo Arellano, con César Girón, que cortó tres orejas, y Curro Romero, como compañeros de cartel. Camino sólo paseó un trofeo, pero su mano izquierda volvió del revés a la Monumental. Ese día fue clave para lo que desde entonces, y hasta su despedida de la capital de España en 1977, pudo disfrutar Madrid con el sevillano. De ahí que el nombre de Camino se convirtiese en base de todas las ferias de San Isidro de los sesenta. En 1963, por ejemplo, cortó su tercera oreja en Madrid a un toro de serias dificultades de María Teresa Oliveira el 17 de mayo, en la única vez, curiosamente,
que en Las Ventas se anunció el célebre cartel de Puerta, Camino y El Viti. Pero fue al día
siguiente cuando Paco logró la primera de las doce puertas grandes de su carrera en Madrid.

Derechazo del diestro de Camas al sobrero de Jaral de la Mira, con el que bordó el toreo el 22 de mayo de 1975. A este toro también lo desorejó por partida doble.

En esa histórica jornada, con los toros de Francisco Galache, Camino mató tres astados por cogida de Jaime Ostos, desorejando por partida doble a dos de ellos. Memorable
triunfo en presencia de El Viti, que además de completar ese cartel, se había convertido junto a Camino en las dos jóvenes figuras más esperadas en esa plaza.

Pero a Paco Camino nunca nadie le regaló nada en Las Ventas, de ahí que tras esa primera puerta grande tuvieron que pasar tres años hasta que logró la segunda. En ese intervalo la presencia del camero fue una constante en Las Ventas, toreando, hasta que consiguió ver de nuevo la calle Alcalá en hombros, catorce corridas de toros. Toreó una tercera tarde en San Isidro de 1963, además de la Corrida de Beneficencia de ese mismo año, con El Viti y Andrés Vázquez; y se anunció en tres corridas en los sanisidros de 1964, 1965 y 1966, además de la Beneficencia de ese mismo año. Y sin puerta grande, lo cierto es que en el recuerdo de la afición quedaron en esos años varias faenas importantes, entre otras, las que cuajó a sendos toros de Francisco Galache en los abonos del 64 y el 66, así como otra a un toro de Alipio Pérez-Tabernero en esa última
feria.

Natural a un toro de Galache el 18 de mayo de 1963, en la que fue primera puerta grande de Camino en Las Ventas.

También le cortó una oreja a otro ejemplar de Antonio Pérez el 16 de mayo de 1967, en la primera de las cuatro corridas isidriles contratadas en lo que fue una feria memorable para Camino. En esa su primera intervención cerró un cartel con los ya veteranos Julio Aparicio y Litri. Repitió al día siguiente, esta vez sin suerte con los “atanasios” que estoqueó con Victoriano Valencia y El Cordobés, para, ahora ya sí, cuajar una actuación memorable el día 18, compartiendo cartel con José Fuentes y Paquirri, que esa tarde confirmó su alternativa. Camino cortó tres orejas, abriendo por segunda vez en su carrera la puerta grande de Las Ventas. En la biografía que Carlos Abella escribió del maestro Camino dejó escrito de aquella tarde: “De nuevo Camino fue el triunfador, porque cortó tres orejas de los toros de Juan Pedro Domecq, que tuvieron nobleza y bravura, después de una doble demostración del grado de madurez y de convicción que había alcanzado su toreo”. Por si quedaba poco por demostrar, Camino volvió a torear en Madrid el 26 de mayo de ese año 67, para tomar parte, otra vez, de una corrida que pasó a los anales de la Fiesta.

Con este toro de Manuel Arranz a Camino le pidieron el rabo el 23 de mayo de 1972, tarde en la que cortó tres orejas.

Acartelado con Diego Puerta y Curro Romero, con toros de Benítez Cubero, los tres sevillanos salieron en hombros por la puerta grande. Camino le cortó las dos orejas al tercero, mientras que sus compañeros pasearon una oreja de cada uno de los toros que compusieron su lote, teniendo especial interés la presencia de Curro, que el día de antes se había dejado un toro vivo en esa plaza, por lo que durmió en los calabozos de la Dirección General de Seguridad, de donde salió para torear esa memorable corrida. Los dos últimos años de la década fueron para Camino igual de triunfales en Madrid,pues consiguió de manera consecutiva su cuarta y quinta puerta grande. Una consiguió el 13 de mayo de 1968, tras pasear tres orejas
de una corrida de Antonio Pérez, compartiendo cartel con Julio Aparicio y José Fuentes, y la otra el 16 de mayo de 1969, esta vez al cortar dos orejas a un astado de Baltasar Ibán, con El Viti y Macareno, que también salieron en hombros junto al sevillano.

En 1970, la afición de Madrid, igual que la de Sevilla, se había quedado sin ver a Paco
Camino en su feria. Ni la empresa Pagés ni Jardón habían alcanzado un acuerdo con Manolo Chopera, apoderado del sevillano. La petición para que se respetase su categoría
no había casado bien con los intereses de ambas empresas, que decidieron dejarlo fuera.
Ante tal situación, Paco Camino comenzó a rondar la idea de hacer un gesto. Y qué mejor
que matar seis toros en la corrida de Beneficencia. Además, quería hacerlo gratis, para
dejar claro que, al reivindicarse como figura del toreo, el dinero estaba en un segundo plano. Lo que de verdad quería el maestro de Camas en aquel momento era demostrar que su trayectoria merecía un respeto que no había recibido por parte de las empresas de la Maestranza y Las Ventas.

Natural de Paco Camino a un toro de Baltasar Ibán el 24 de mayo de 1976, en la que fue la última tarde en la que el sevillano salió en hombros de Las Ventas.

Madurada la idea junto a Chopera, Camino lazó el mensaje de manera directa a la Diputación de Madrid, encargada de organizar la Beneficencia. Como no podía ser menos,
los políticos madrileños no dejaron pasar la oportunidad de celebrar todo un acontecimiento, por lo que cerraron la fecha para el 4 de junio de 1970, apenas cuatro días después de que terminase San Isidro. Una vez se puso en marcha la organización de la corrida, Manolo Chopera comenzó a buscar toros en las ganaderías de mayor prestigio. Pero como Camino quería darle a la tarde un aire especial, quiso añadir a la lista dos ejemplares de vacadas consideradas duras: Miura y Pablo Romero. El encierro se completó con toros de Juan Pedro Domecq –el primer sobrero llevó ese mismo hierro–, Carlos Urquijo, Joaquín Buendía y Manuel Arranz. Como segundo sobrero se reseñó un toro de Felipe Bartolomé.

Para que el acontecimiento tuviese la mayor repercusión posible, TVE, presente siempre en esta clásica corrida, también ofreció la señal para México, país donde Camino era uno de los grandes “consentidos”. A las seis en punto de la tarde, Paco Camino se hizo presente en la arena de Las Ventas vestido de grana y oro. La gran ovación que sonó al aparecer ya no cesó un solo instante en las apenas dos horas que duró el festejo. El maestro de Camas cortó ocho orejas. La primera a un enrazado toro de Juan Pedro que abrió la tarde y las dos al de Urquijo que siguió después. El de Miura que saltó en tercer puesto le dio pocas facilidades, por lo que abrevió para enfrentarse seguidamente al ejemplar de Pablo Romero, el más serio y astifino de la corrida. Sin embargo, el animal renqueó ostensiblemente de los cuartos traseros y fue devuelto tras el segundo puyazo.

Impresionante estocada el 13 de mayo de 1968 a un toro de Antonio Pérez, en otra tarde de tres orejas.

Le sustituyó el sobrero de Juan Pedro Domecq con el que Camino elevó la apoteosis hasta cortarle las dos orejas después de dos pinchazos y una estocada. El de Buendía no fue fácil, pero lo compensó el sexto, de Arranz, que pese a no tener mucha fuerza, sí tuvo clase para cortarle las dos orejas. Pero Camino no se conformó y pidió que saliera el segundo sobrero de Felipe Bartolomé, al que el camero cortó la octava oreja de tan apoteósica tarde. De esa manera comenzó Camino la década de los setenta en Madrid, con una corrida en la que parecía había conseguido marcar su techo como figura del toreo. Pero nada más lejos de la realidad, pues aún le quedaban a Madrid algunas faenas históricas que disfrutar de este extraordinario torero. Sin ir más lejos, Camino consiguió después de aquella Beneficencia otras seis puertas grandes. La primera tras la antológica faena al toro “Serranito”, de Pablo Romero, el 29 de mayo de 1971, lo que dio paso a otra no menos memorable feria de San Isidro de 1972, primero, al cortar una oreja a
un toro de Osborne Domecq, y tres a la corrida de Manuel Arranz que mató el 23 de mayo con Antonio Bienvenida y Marismeño, justo un día después de que Palomo Linares  cortase el rabo a un toro de Atanasio Fernández. Tal fue el clamor que Camino despertó con un “arranz”, que a él también le llegaron a pedir los máximos trofeos. No se quedó atrás en 1973, y el 21 de mayo cosechó otro triunfo de tres orejas, esta vez ante un encierro de Juan Pedro Domecq, alternando con El Viti y José María Manzanares. Cuatro días más tarde se marchó de San Isidro cortando un trofeo de un astado de Atanasio Fernández, compartiendo cartel con Luis Miguel y Palomo.

Sin tocar pelo en las dos tardes de feria de 1974, Camino lo compensó en la Beneficencia, cuando el 6 de junio hizo que un toro de Buendía se marchara al desolladero sin las dos orejas. Faena que precedió a la memorable, y siempre recordada, que Camino cuajó al sobrero de Jaral de la Mira el 22 de mayo de 1975, tarde en la que compartió puerta grande con Ángel Teruel. Un éxito que repitieron el sevillano y el madrileño el 24 de mayo de 1976, fecha, ahora ya sí, en la que Paco Camino consiguió su décimo segunda y última puerta grande en Las Ventas.

Al año siguiente, en 1977, el de Camas toreó el que, a la postre, fue su último San Isidro. El 20 de mayo mató una corrida de Baltasar Ibán, con Ángel Teruel y Manzanares,
que les mojó la oreja a los más veteranos, saliendo el alicantino a hombros. El broche a su carrera en Madrid lo puso Camino el 23 de mayo, después de matar sin mucha suerte una corrida de Victorino Martín, la única que estoqueó el sevillano en el ruedo madrileño. El Viti y Miguel Márquez fueron los dos últimos compañeros de cartel que el gran torero
de Camas tuvo en la que para siempre, y por siempre, fue su plaza.

 

 

 

 

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