“Una corrida de las nuestras”

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Emilio de Justo corta una oreja y se cierra la Puerta grande con la espada en la dura corrida de Escolar que dejó herido a Javier Castaño y cogió a Gonzalo Caballero sin consecuencias 

Los dispares victorinos de José Escolar, con cien kilos de distancia entre los extremos. Cuatro cárdenos, dos negros; cuatro cuatreños, dos cinqueños. Pero todos de ofensivas y agudas arboladuras impusieron tanto por su presencia como por su hirsuta personalidad. En el primer lance de la tarde, “Chulón”, con una cuna que parecían dos, le partió de arriba abajo la taleguilla a Castaño, le arrancó el capote y le hizo tomar el olivo. Fue una declaración de que la corrida venía a vida por vida. Y así fue la tarde, de tragar grueso y admirar y compadecer a los toreros. Pero fueron más peligroso que bravos. Atacaron en corto a los caballos y se resignaron pronto. Midieron a los banderilleros, y por el derecho mostrarón franqueza y humillación el primero y el segundo. Los demás, sin concesiones. El sexto de 610 kilos no se dejó lidiar. Al final con la enfermería muy concurrida y el público agotado de sustos, el ganadero  confesó, “Una corrida de las nuestras”.

Emilio de Justo, se puso desde el principio por encima de su lote. Convicción, paciencia, sitio y aguante. Con eso se adueño de la displicente mansurronería del segundo y domó la ruda incertidumbre del quinto que le puso los pitones en el pecho a su banderillero Ángel Gómez y sin dejarse arredrar por la horrorosa cogida de Castaño por el cuarto, al cual estoqueó con absoluta dignidad. Un valor agregado más.

La significación torera de sus lidias (lidias, digo, no coreografías), le merecía la Puerta grande al extremeño. Pero el mismo se la cerró al abandonar su estoicismo en el momento definitivo. Los cinco viajes al morrillo, en cada uno de los cuales soltó el pomo antes de empujarlo. Sonó el aviso y sin estoquear, descabelló el toro con que se había jugado tanto y con el qué de haberse mojado los dedos a la primera, se habría proyectado, yo no sé a dónde. Pudo a sus toros, más por el derecho con uno y más por el izquierdo con el otro. No de capricho, no por comodidad, sino porque allí estaban las faenas. Torero serio, veraz e idóneo. “El Fundi” a quien brindó el quinto dijo, “Me encanta ver toreros así”.

Javier Castaño, después del siniestro saludo del primero tomó medidas. Al hilo del pitón estudió las acometidas y pronto descubrió que por el pitón diestro el animal humillaba y seguía el trapo con celo. Cinco tandas por ese lado sin muchas apreturas ni vehemencia. Innecesarias por demás, ya que la emoción la imponía el toro. De ellas, la tercera fue la más lograda. El tranco acompasado y humillado adornaba la seriedad. De pronto “Chulón” se lesionó la mano izquierda y la igualada laboriosa terminó en tres pinchazos, espada en guardia, un aviso, descabello y nada.

El cuarto, “Dinámico III” fue manso y con sentido. La brega de supervivencia y sin lucimiento fue exitosa, en eso, en salvar el pellejo, hasta el último momento. Pero al clavar el estoque tendido fue cazado y acribillado por cuatro feroces cornadas en el aire y el suelo, desgarrando la ropa ya reconstruida y haciendo carne en el vientre. Se lo llevaron y De Justo mató al agresor.

Gonzalo Caballero, pasó por el ruedo sin romperlo ni mancharlo. Sus dos toros fueron arrastrados prácticamente sin lidia. No los descifró y me parece que tampoco lo intentó. El tercero fue manso (no es disculpa) y el sexto que lo lanzó por los aires creo que le infundió un respeto desmedido. Al uno le mató de pinchazo y estocada en silencio. Si es que se puede llamar silencio lo de Pamplona, y al otro con espada delantera desarmada ineficaz y descabello

La tarde fue dura, verídica, sangrante pero torera. Brilló también Joao Ferreira en la cuadrilla de Castaño desmonterándose dos veces por cuatro pares de valía, y eso que alternó en los tercios con Fernando Sánchez. Nada menos.

FICHA DE LA CORRIDA

Pamplona. Domingo 8 de julio 2018. Sol. 4ª de San Fermín. Lleno. Seis toros de José Escolar, 555 kilos promedio, serios, astifinos, dispares de volumen, sacaron genio y sentido, nobles 1º y 2º.

Javier Castaño, silencio y cornada al entrar a matar.

Emilio de Justo, oreja y silencio tras aviso.

Gonzalo Caballero, silencio y silencio.

Incidencias: Javier Castaño fue intervenido en la enfermería de la plaza de cornada en el vientre no penetrante, y Gonzalo Caballero reevisado después de la corrida por trauma perineal. Saludó Joao Ferreira tras parear al 1º y al 4º.

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