¡Vade Retro!

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No soy madrileño, ni español, vivo contento en mi Cali natal. Pero quizá es en la plaza de Las Ventas donde más y con mayor devoción he presenciado corridas. Me ha marcado indeleblemente, por tanto, la siento mía también.

Parte soy de la feligresía mundial, que la reverencia como templo mayor del culto. Con perdón de las casi tricentenarias y aún intactas Maestranzas de Sevilla y Ronda, y las bimilenarias Nimes y Arles…

Hoy, a los 87 años, recién cumplidos, conserva toda su majestad mudéjar en torno al ruedo sacro, (61,2 metros de diámetro) y su callejón (2.2 metros de ancho). ¡La historia qué se ha escrito en ambos!

Por elemental respeto. Era lo menos. Desde 1994, tiempos presidenciales comunitarios del villaescusano, Don Joaquín Leguina Herrán, destacado miembro del PSOE, se le ha reconocido de manera oficial como “bien de interés cultural con categoría de monumento histórico-artístico”.

Hasta donde sé, tales monumentos son intocables. Como no sea para la preservación o restauración de su condición original, pues constituyen la memoria, la herencia, la identidad.

No me imagino gobernantes, por esnobistas que sean, y vaya si los hay, haciéndole cambios a las dimensiones, la geometría, el significado de bienes histórico-artístico-culturales, como las Pirámides egipcias, el Partenón, el Coliseo romano o el Templo de Kukulkán. Mucho menos, con pretexto de satisfacer ventoleras de uno pocos interesados.

Los principales medios informan qué las obras iniciadas en la plaza capital, “a petición de los toreros (figuras)” reducirán el diámetro del ruedo, el ara del sacrificio. No les gusta. Nunca les ha gustado. “En Madrí que atoree San Isidro”.

Bueno, ya por capricho de uno solo, don José Antonio Morante, que ni es madrileño, ni ha vuelto por allí, se aplanó la arena, perjudicando su drenaje gravitacional y logrando la cancelación de una corrida de feria ¡Cuando ya no llovía!

Ahora, sus colegas quieren encima recortarla y quién sabe qué más ¡Vade retro! Sacrílegos.

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