La corrida de los antiguos pablorromeros en Plaza de Las Ventas dejó un encierro serio pero manso y complicado. En medio de las dificultades, sobresalió Antonio Ferrera, quien cuajó una lidia de gran mérito y verdad frente al cuarto toro, mientras Calita y Jesús Enrique Colombo no encontraron mayor lucimiento.
Redacción: Jorge Arturo Díaz Reyes – https://todotoroblog.blogspot.com – Web Aliada
Madrid – España. La tarde más benévola de lo que va de feria. Soleada, luminosa y tibia. Los antiguos pablorromeros se encargaron de ensombrecerla. Y no por falta de trapío y apostura. Por falta de bravura, condimentada con complejidades insolubles para la terna, salvo en el caso de Ferrera, con el cuarto. “Capotero”, uno de los dos cinqueños del encierro.
Cárdeno, de 521 kilos, muy astifino, como todos, Salió con avilanteces que obligaron a un lanceo de doma y arreo hasta los medios. Ilusionó atacando de largo al caballo de Borja Lorente que antes del tardeo, se dio una exhibición de toreo ecuestre para traerlo a jurisdicción ponerle el hierro trasero como todos y pegarle a discreción. Volvió de largo a la segunda, y cantó la gallina repuchándose descaradamente y repitiendo su mansa proclama en la tercera entrada. Luego, Esperó tratando de emboscar dos banderilleros de cartel. El reputado Ángel Otero, debió pasar dos veces en blanco para salvar la vida antes de tirarle medio par y Fernando Sánchez otra pasada en blanco, antes de enmendar airosamente.
Pero Antonio Ferrera, dejando sus excentricidades a un lado, se empeñó en otra mayor, como al fin la plaza demostró, la de lidiar un manso en estos tiempos modernísimos que corren. Al unipase, por una y otra guadaña, perdiendo pasos para evitar la cogida, le fue enseñando la muleta como una férula correctora, largamente, arriesgadamente, siempre por la cara. Con sinceridad y desoyendo las protestas de los adictos a la coreografía de carretón. Que a juzgar por el ruido no eran pocos en la primera plaza del mundo. Sálvanos Señor.
Dando las ventajas, tragando y sobando y sobando logró por fin en larga batalla embarcar al remiso en un par de tandas naturales que demostraron la utilidad y la victoria del toreo. El aviso dijo cuanto tiempo había requerido lograrlo. La estocada al volapié cumplido quedó toda en sitio, tardó, pero rodó. El arrastre fue silenciado y cuando los justos pidieron el saludo para el lidiador, lo otros, no pocos, protestaron. En la primera plaza del mundo. Sálvanos Señor. De. Todas maneras Ferrera consciente de lo que había hecho, Salió al tercio. No faltaba más.
Calita, desbordado por las dificultades del segundo, se superó valiente, mucho, con el quinto sin la debida comprensión. Mató bien y fue silenciado injustamente. Colombo, optó por la demagogia con el manso tercero, y sus pares a cabeza pasada no fueron de buen recibo. Con el sexto cogió los palos de nuevo, los brindó, y tras pasar tres veces en blanco, se rindió, confesó su incapacidad, llamó a sus banderilleros y les entregó el toro. Sin antecedentes. Para los anales. Entre una bronca de padre y señor mío, dio dos muletazos y entró a matar con medida espada desprendida.
El bello y linajudo encierro, fue ofensivo, manso y muy problemático, pero había que lidiarlo. Como demostró Ferrera. Lástima, eso ya no se estila. Sálvanos Señor.






















