San Isidro: El Golpe de Álvaro Serrano

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Álvaro Serrano abrió la Puerta Grande de Las Ventas tras una actuación de enorme peso frente al exigente encierro de Montealto. En una tarde marcada por el viento, la casta y la dificultad de los utreros, el novillero se impuso con valor, técnica y firmeza, dejando la actuación más rotunda de la novillada de San Isidro.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada

Arbeláez – Colombia.  La novillada de hoy en la Feria de San Isidro 2026 terminó convertida en la tarde de la confirmación de Álvaro Serrano, que salió a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas después de dos actuaciones cargadas de verdad ante un encierro serio y exigente de Montealto.

La plaza madrileña, con más de 20.000 espectadores, vivió una tarde de máxima tensión taurina, condicionada por el fuerte viento y por una novillada de comportamiento complejo, con casta, movilidad y varios utreros que obligaron a los actuantes a apostar desde el compromiso absoluto.

El nombre propio del festejo fue el de Álvaro Serrano, que desde el tercero de la tarde comenzó a conectar con Madrid gracias a una actuación de enorme mérito frente a “Cartero”, un utrero encastado, serio y de gran transmisión.

El novillero mostró desde el inicio una actitud decidida, destacando ya con el capote en lances a la verónica de gran expresión. Después, en la muleta, construyó una faena de mucho fondo técnico, gobernando una embestida exigente y complicada por momentos. Serrano toreó siempre asentado, intentando llevar muy cosido al novillo pese al viento y a los viajes inciertos del animal.

La firmeza del torero fue clave para imponerse a un utrero que perdió humillación durante la lidia y que buscó tablas cuando la faena avanzaba. Aun así, Serrano mantuvo el pulso de la obra con valor seco y gran capacidad para aguantar por dentro. La contundente estocada terminó de poner a Madrid de pie y le permitió cortar una oreja con fuerte petición de la segunda.

Pero la gran explosión de la tarde llegó con el sexto, “Molinero”, el novillo que terminó de lanzar a Serrano hacia la gloria venteña.

El utrero de Montealto, de importante transmisión, encontró enfrente a un novillero completamente entregado y convencido. Serrano inició la faena con ayudados por alto y desde ahí cimentó una obra basada en el temple, el aplomo y el mando sobre la embestida.

Las tandas, siempre con la mano baja y mucho gobierno, hicieron rugir a Las Ventas. Madrid entendió rápidamente que estaba viendo a un torero capaz de someter una embestida exigente sin perder nunca la compostura. La faena tuvo emoción, estructura y profundidad, creciendo hasta alcanzar un ambiente de auténtico acontecimiento.

La espada añadió dramatismo a la tarde. Aunque la estocada fue rotunda, el novillo tardó en caer y los avisos comenzaron a sonar mientras la plaza sufría viendo peligrar la Puerta Grande. Finalmente, tras el descabello definitivo, el público explotó en una ovación atronadora que confirmó la salida a hombros de Serrano.

La actuación del novillero dejó una sensación de madurez impropia de alguien todavía en formación. Más allá de los trofeos, impactó su capacidad para entender las embestidas, soportar la presión de Madrid y mantener siempre una idea clara de toreo basada en el sometimiento y la firmeza.

También tuvieron mérito los esfuerzos de Tomás Bastos y Martín Morilla, aunque ambos chocaron con las dificultades del encierro.

Tomás Bastos dejó pasajes estimables, especialmente al natural frente al primero, intentando encauzar la bravura áspera del utrero pese al viento y a la falta de clase del animal. Con el cuarto volvió a mostrarse dispuesto ante un novillo complicado, de codicia incómoda y constantes enganchones, aunque la faena nunca terminó de romper.

Por su parte, Martín Morilla se encontró con un lote desigual. El segundo, “Enrejado”, tuvo raza y humillación, aunque muy castigado en varas, mientras que el quinto, “Académico”, desarrolló una mansedumbre muy acusada que redujo notablemente las opciones de lucimiento. El sevillano apostó por el esfuerzo y la insistencia, aunque sin conseguir conectar plenamente con los tendidos.

En el apartado ganadero, la novillada de Montealto dejó contenido e interés. Hubo utreros con transmisión y casta, pero también muchas exigencias técnicas para los toreros. No fue un encierro sencillo ni uniforme, aunque sí uno de esos lotes que permiten medir la verdadera dimensión de los novilleros.

Y en ese examen, quien salió fortalecido fue claramente Álvaro Serrano.

Madrid encontró en él a un novillero con personalidad, valor y concepto. Y eso, en una plaza como Las Ventas, suele ser el principio de algo importante.

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