Triunfalista reencuentro, a pesar de un lote de astados no del todo apto para ello…

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SEGUNDA CORRIDA – FISS 2023:

Roca Rey y Colombo por la Puerta Grande, con materia prima de distinta condición, en un estado de triunfalismo apasionado no del todo justificado por parte de un palco presidencial sin rumbo ni criterio.

*** Garrido “toca pelo” ante una labor metódica y pulcra en especial por la mano izquierda.

Redacción: RUBÉN DARÍO VILLAFRAZ @rubenvillafraz
Fotos: Federico Montes

SAN CRISTÓBAL (Enviado Especial).- Era la tarde esperada por todos. El ambiente
estaba dado para esas corridas que se marcan con un asterisco en el recuerdo de los
aficionados. Pero una cosa propone el hombre y otra lo descompone el toro. Como en
realidad al final ocurrió. Se cortarían seis orejas, en un reparto abultado para lo que en
realidad se vio en la arena. Esa es la verdad.

El encierro de Los Aránguez ha sido un lote muy disparejo e irregular en cuanto a
comportamiento se refiere, siendo el más potable del envío el corrido en tercer lugar,
bravucón, de geniuda embestidas que no del todo fue entendida por su lidiador. Los
demás, sacaron escaso recorrido, nulo celo a las telas y en especial a menos en los
engaños, lo que condicionó que los espadas actuantes se limitaran a lucirle más de lo que
en verdad otras manos hubiesen sido visto.

Pocas opciones tuvo el extremeño José Garrido ante el que abrió plaza, donde los
momentos de mayor trascendencia vino en el alegre saludo por verónicas así como en
momentos puntuales en la muleta, en especial por la mano diestra, y poco más, dado el
escaso eco de emoción de la embestida del toro de cara al tendido. Los tres cuartos de
razón toricida, tendidos y desprendidos, y un golpe con el descabello, para ser silenciado.
Otro matiz fue su labor con el cuarto de la función, desde el saludo a pies juntos en las
verónicas de recibo, rematando con media en la boca de riego del irregular ruedo
sancristobalence. Luego vendría el recital de toreo parsimonioso y relajado de Garrido,
gustándose en el manejo de las telas, especialmente por naturales donde comenzó y
cimentó trasteo muleteril, preñado de variedad y repertorio para levantar las ovaciones
unánimes de los presentes. El pinchazo en lo alto, así como el espadazo tendido
requerido para mandar a las mulillas, dieron pie a la concesión justa de una oreja.

La expectación por ver a Roca Rey era total, demostrado en la ovación atronadora con la
que el público recibió al diestro peruano ipso facto se asomó en el paseíllo. Esa entrega
no tendría contrapunto con el segundo, animal de desangelada y famélica condición para
seguir los engaños de un Roca Rey que luciría por encima a las opciones que ofrecía el
pupilo caroreño. Abrevió de pinchazo, y tres cuartos en buen sitio, para ser silenciado.
Otra disposición se le vio ante el quinto, a tambor batiente se mostraría el limeño con el
animal desde el sabroso saludo por verónicas, de tablas a los medios, rematando con
media acaderada en su ejecución. Tras una minúscula sangría en el caballo, en la muleta

Roca Rey no escatimó en hacer lucir con temple y aguante las dudosas y pastueñas
embestidas del burel, en tandas de “cinco y el de pecho”, tanto por la derecha como por la
zocata, especialmente por esta última donde se recreó llevar largo y detrás de la cadera
los viajes del astado. Le aprovecharía hasta donde quiso y pudo el toro, para rematarle de
tres cuartos de ración de acero en buen sitio, para de esta manera la plaza unánimemente
solicitar las dos orejas, que se concederían no sin antes un poco de recelo a tenor de lo
que había sucedido en el criterio del palco hasta ese momento.

Lo de Jesús Enrique Colombo la tarde de ayer, para no entrar en conjeturas y malos
entendidos lo resumiría así: en su primero del lote, el más serio y precioso del envío,
recibiría de capa con variedad por delantales a pies juntos, clavaria banderillas más con
voluntad que lucimiento y eficacia; toreó de muleta con premura y nulo reposo, ante una
embestida que se le vino arriba ante el limitado castigo en varas, a tal punto de por
momentos lucir desbordado por el animal en distintos terrenos del ruedo, para despachar
de estocada trasera y desprendida, y ser premiado con las dos orejas… ¿?

En el que cerró plaza, una labor más desordenada e inconexa, ante un toro de menos
condiciones para el lucimiento por lo parado de su recorrido, voluntarioso en el capote, en
meritorio saludo por verónicas rodillas en tierra; ración de banderillas nuevamente poco
ortodoxas y una inexistente faena de muleta por ambos pitones, pues no hubo de donde
sacar provecho al lucimiento permitido por el morlaco, enviando al destazadero de
fulminante espadazo en lo alto, ligeramente desprendido, para ante la incredulidad de
gran parte de los presentes en la plaza ser premiado con una oreja, de la más vulgares
que se hayan concedido por palco presidencial alguno en esta arena en muchos años…
Razones veredes diría Sancho, a este raro viraje de este criterio presidencial, como el sol
a la luna, de una corrida a otra, vaya a saber bajo que intereses o bajo que presión.
Suponemos.

Culminaba así una corrida que no del todo fue lo que esperábamos. Penoso que se rebaje
categoría y seriedad a lo hecho en el ruedo, cuando de por medio esta la ilusión y pureza
de un espectáculo que merece más respeto por parte de autoridades y propios
protagonistas. Es caerse a mentiras señores, y esto no es así. He dicho, y con mi verdad
no ofendo ni falto el respeto a nadie…

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