Pepe Cáceres, la película: La Carta de Un Hijo al Padre

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Redacción: Juan Guillermo Palacio

35 años después de su muerte, el torero colombiano Pepe Cáceres, a quien se le denominó “el maestro de América”, volvió a los escenarios. Su hijo menor, Sebastián Eslava, exitoso actor de televisión, revivió su legado en una película tan admirable como su padre.

A pesar de que no tuvo la oportunidad de convivir con él en estado de plena consciencia, su padre murió cuando apenas tenía dos años, Sebastián fue capaz de reconstruir su vida. Pepe Cáceres fue un personaje complejo, ambicioso, con un carácter fuerte, un ser dispuesto a todo.

La película, que se estrenó a mediados de la semana anterior en Colombia, teje magistralmente los hilos conductores de su vida: la relación con su padre (el abuelo de Sebastián), sus inicios como becerrista junto a su descubridor, el empresario taurino Melanio Murillo, hermano del gran picador Anderson Murillo; sus luchas para abrirse paso en Colombia y en España como novillero y como matador de toros, y algunas de sus experiencias amorosas, una de ellas sorpresiva, un secreto que no había salido a la luz pública en los medios que cubren la farándula nacional.

El amor del hijo por el padre, del padre por su profesión, por las mujeres y por el toro bravo, es el leit motiv de esta producción. Todas esas pasiones merecen un espacio en el filme, se enfrentan entre sí, de la misma manera que Pepe enfrentó, con decisión, al toro bravo y al complicado entorno taurino. Tanto que obligan a Pepe a tomar una gran decisión amorosa para poder llegar a ser figura del toreo. Esa decisión explica el compromiso de Cáceres por su profesión, entrega que lo llevó a morir como los grandes mitos de la tauromaquia -Paquiro, Pepe Hilo, El Espartero, Joselito, Manolete, Paquirri, El Yiyo, El Pana e Iván Fandiño-, por asta de toro, recibida en una plaza de segunda categoría.

La película reconstruye la vida del padre y deja ver las virtudes del hijo como actor y director. Tiene un guion inteligente y una puesta en escena impecable. Incluso las escenas del toreo, tan difíciles hasta para Almodóvar, logran integrar con perfección los movimientos del actor, los del torero que hace de extra (que no se logra identificar), los del toro bravo y los del toro de entrenamiento o carretón.

Eslava y su codirector, Camilo Molano, explotan todas las potencialidades estéticas y narrativas del trópico colombiano y la magnificencia del ambiente taurino español. Lo hacen con una dignidad y un oficio cinematográfico que se quisieran otras películas dedicadas a la vida de las grandes figuras del toreo, como Joselito, Belmonte, Manolete, Palomo Linares y El Cordobés.

“Pepe Cáceres” es la primera película de cine que reconstruye la vida de un torero nacional. Las imágenes en blanco y negro dejan ver a un torero fino, cadencioso, templado y profundo en sus inicios, distinto a las imágenes que conservo en la memoria, de un torero encastado, enrabietado, a veces descompuesto, en sus últimas temporadas.

Ese es el valor histórico de la película, que revive a un torero que fue capaz de dejar huella en su paso por España y de competir con las grandes figuras que visitaron nuestras ferias.

La película ha comenzado a seducir a los espectadores. En Manizales, la ciudad más taurina del país, sacaron del teatro a su director en hombros. Sin embargo, se juega esta semana la posibilidad de permanecer en cartelera, en un escenario del cine nacional que sedujo la presencia de 1.246 millones de espectadores de un total de 41 millones de asistentes a las salas en el 2022 (el 3% de la taquilla total).

La película reta también el ambiente hostil que existe en Colombia contra la fiesta de los toros. El antitaurinismo no solo ataca la más bella de las expresiones culturales sino también espanta a posibles espectadores de una película que es digna de ver en las pantallas gigantes de cualquier país del mundo.

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