Bolívar a lo Grande

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Jorge Arturo Díaz Reyes, Manizales, Colombia, I 4 23 
Bolívar indulta el quinto, tras cortar oreja del segundo y sale a a hombros con Ferrera que desorejó el primero. Arcila, un trofeo. Corridón de mansos… 

Bolívar tras el indulto de «Legionario». Foto: Camilo Díaz

La soleada tarde tuvo de todo, menos bravura. El casi lleno abrió con estruendosa ovación para el becerrista Marco Pérez, anunciado de luces, pero prohibido a última hora por el gobierno. El malestar por el autoritarismo, en lugar de bajar los ánimos los exaltó, y la tarde se vivió toda con alta intensidad.

Los seis de Juan Bernardo Caicedo, diversos de presencia, cuatro negros (salpicado el segundo), un colorado chorreado y un jabonero, se prodigaron poco en capotes y bravuconearon. Ilusionaron peleando con celo contra los montados; el primero y el cuarto los sacaron a los medios, el sexto romaneo y empujó largamente y segundo tercero y quinto bravearon sus monopuyazos. Luego fueron a por los banderilleros. Pero ante las muletas pelaron el cobre, manseando con descaro, rehuyendo, buscando tablas, volviendo ancas, obligando persecuciones, rajándose. Una virtud compensó, la nobleza. Cuando embestían lo hacían francos y por derecho. Con eso apenas la terna construyó una tarde de lidia (todo toro la tiene), y toreo, que fue su gran mérito, estar por encima de los toros. Cinco arrastres fuero pitados, solo el quinto, indultado, salió entre ovaciones por toriles.

Luis Bolívar, que había arrancado una oreja tras lidiar tesoneramente con el escapista segundo, al que liquidó de una estocada superior, le salió a “Legionario”, el quinto, con tres verónicas y media que no fueron más por deserción del toro. Rodríguez y Pineda se fajan tremendo tercio y Ospina pone arriba una vara ovacionada. Segundo brindis a Marco Pérez con la plaza coreando su nombre. Cite de tablas a medios y el negro se duele del cuarto trasero derecho. Síntoma que desapareció de inmediato en las cuatro ligadas y templadas tandas diestras, las primera a media altura, las cuales prendieron música. Cuando la de cinco naturales y el forzado hizo cuerpo con las idem por el otro pitón, la plaza estaba ya en modo rumba, y el pasodoble cambió por orden presidencial a “Feria de Manizales” reservado solo para faenas excepcionales aquí. La migración a las tablas y los deseos de huida no apagaron la cosa. Pues fueron controlados allí por el señuelo del cuerpo y el mando de la muleta. La igualada desato una tempestad pro vida y el pañuelo amarilló del perdón afloró sin dilación. Luis, que con gran torería había tapado los defectos, resuelto los problemas y embellecido las virtudes, condujo el salvado a toriles, recibió las orejas simbólicas y dio una vuelta al ruedo de órdago.

Antonio Ferrera, con su capote a dos tonos, azul feo y azul feísimo, abrió la corrida. “Cerillero” que no pareció tener un lance se agarró con Viloria en una vara que terminó en el platillo entre la escandalera. Devia y Giraldo lucen y se desmonteran a petición de los contribuyentes. Brindis tumultuoso a Marco Pérez (el primero). Y de pronto apareció el otro Ferrera, el de hace cinco años, el no tan excéntrico, el lidiador ensimismado, el de pongámonos serios. A las reticencias opuso la distancia y el terreno exactos para ir desgranando una faena que parecía imposible, fundamentalmente natural, y que a cada pase parecía clamar que esa era la única manera de interpretar ese negado toro. Circulares invertidos como larguísimos pases de pecho y un desplante de rodillas cantaron el dominio total. Molinete, trinchera, dos derechas y un desdén precedieron en corto y por derecho un volapié cimero que como un rayo rodó patasarriba al juanbernardo. Las dos orejas, una por la gran lidia y otra por el estocadón, fueron unánimes. Con el cuarto se aplicó rumbo de redondear el triunfo rotudo, y parecía lograrlo, pero al final el rajado se rajó. Volviendo Antonio a las andadas, igualo de muy largo (15 metros) dos veces, para un metisaca bajo y una estocada desprendida de tardo efecto y aviso, que cuando la petición de premio se insinuaba dejaron todo en saludo.

José Arcila, vertical, sereno, modoso, majo no se descompuso pese a la persecución permanente que hubo de mantener para verle la cara a su lote. Al tercero, menos renegado, aunque soso, le ligó series de mérito por el alto grado de dificultad. La estocada completa pasadita, bastó, y Usía la premió. De haber sido menos escandalosamente rajado el sexto quizá hubiese podido sumarse al cortejo triunfal, porque la estocada fue buena y eficaz. Pero no, así era imposible, pues lo que no se puede no se puede.

La mucha gente salió de uñas con el ganadero, pero enfiestada. ¿Quién podría decir entonces que, con dos toreros a hombros, seis orejas concedidas y un indulto, los toros se cargaron la tarde? Nadie. Claro que los toreros pusieron mucho, casi todo.

FICHA DEL FESTEJO

Miércoles 4 de enero 2023. Monumental de Manizales. 3ª de feria. Sol. Casi lleno. Seis toros de Juan Bernardo Caicedo, diversamente presentados nobles pero mansos. Indultado el 5° «Legionario» cuatreño, negro, N° 168 de 488 kilos.

Antonio Ferrera, dos orejas y saludo tras aviso.
Luis Bolívar, oreja y dos orejas simbólicas.
José Arcila, oreja y palmas

Incidencias: Saludaron: Jaime Devia y Héctor Fabio Giraldo tras parear al 1°; Joao Ferreira en el 4°; Carlos Rodríguez y Emerlson Pineda en el 5°; Ricardo Santana y Anthony Dixon autorizados en el 6° no lo hicieron. Al final salieron a hombros Luis Bolívar y Antonio Ferrera.

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