«Si la corrida desapareciera, dejaría mutilada la cultura de nuestro tiempo»

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Vargas Llosa y Roca Rey, en el Club Siglo XXI: «Si la corrida desapareciera, dejaría mutilada la cultura de nuestro tiempo»

El Nobel y torero peruanos hablaron de los toros, su vigencia y su mutua admiración durante un fructífero coloquio moderado por Paloma Segrelles y Rubén Amón

Mario Vargas Llosa y Andrés Roca Rey colgaron el «no hay billetes» en El Club Siglo XXI en un encuentro moderado por Paloma Segrelles y Rubén Amón y que fue, finalmente, un coloquio coral con muchas voces.

La presentación de su compatriota corría a cargo de Llosa, que tanto lo admira: «Las corridas de toros son muy populares en el Perú. Los antropólogos se preguntan por qué los toros prendieron tanto en las comunidades indígenas. Son corridas pocos ortodoxas que terminan de una manera un poco desorbitada. Pero se percibe que hay una tradición muy enraizada en las comunidades indígenas», sonó como prólogo.

Y siguió para centrarse en el astro del Perú ya directamente: «Uno de los méritos de Roca Rey es haber acercado el mundo de las comunidades indígenas a las ciudades. Tenemos por primera vez en la historia del Perú a un gran torero. Basta ser un aficionado elemental para saber que Roca Rey es un verdadero maestro. Estoy muy orgulloso de presentarlo. Y lo admiro mucho», dijo tras recorrer episodios iniciáticos de la infancia del torero .

Rubén Amón, quien provocó las zonas del encuentro más transgresoras e interesantes, puntualizó que «los toros son mucho más que la fiesta nacional», término en el Nobel había usado varias veces .

Las primeras palabras de Roca Rey fueron de agradecimiento y admiración hacia Vargas Llosa por su apoyo a la tauromaquia, «que pasa momentos difíciles». En respuesta a Amón, que definía a RR como un torero que asusta incluso a los toros, manifestó: «El toro no pasa miedo conmigo, yo sí me sobrepongo a los miedos».

Sobre la aparición de toreros de arte en este periodo pandémico, incluso un poco antes -Pablo Aguado en 2019-, Andrés Roca Rey dijo: «No hay una sola forma de torear. En una sola tarde hay un torero de valor, uno de arte, otro clásico. Y todos salen a hombros. Mi entrega nunca dejó de estar ahí en temporadas pasadas a pesar de las críticas. Es importante pensar es ser mejor torero, conseguir lo que uno se plantee».

Segrelles se cruzó y puso sobre el tapete el asunto covid: «Estoy feliz. Ya todo se ha normalizado». Y ella abundó con preguntas del público: «¿Con qué triunfo te quedarías?». «No puedo quedarme con uno sólo».

En una reflexión existencialista, Vargas Llosa estableció un paralelismo entre la tauromaquia y la vida. O quizá fuera la muerte: «Los placeres de la vida los sentimos porque la muerte nos está esperando al final. Y la fiesta de los toros es la tradición que mejor expresa esto que no entienden los enemigos declarados. Sólo pedimos que nos dejen admirar este arte antiguo».

Los movimientos antitaurinos que acosan ya vienen de antes, no sé si de lejos. De cuando Roca Rey soñaba con ser torero en el colegio: «Hay una moda en contra de la tauromaquia. Ya cuando jugaba al toro en el recreo recibía críticas. La tauromaquia es muy difícil de entender. Se critica por desconocimiento. Este lunes estuve en la Universidad de Sevilla y he de decir que los jóvenes son el futuro».

Duró el encuentro una hora y media y se hizo corto. Muchos asuntos se abordaron, pero quizá fuera el último envite dialectico de Amón a Vargas Llosa el broche de más intensidad: Los toros ya no se observan como cultura sino como algo fuera de la cultura y, por tanto, contracultural y tal vez, vino a rematar Rubén, le convenga ser un espectáculo contracultural.

La despedida, o casi, corrió a cargo del autor de «La Fiesta del Chivo», «La ciudad y los perros», «San Panteléon y las visitadoras» o «Elogio de la madrastra»: «La fiesta de los toros está íntegramente condicionada por la vida cultural. Gran parte de la producción literaria desaparecería sin los toros. El toro de lidia existe porque en existen las corridas. Es el animal más cuidado de la creación. El único momento en que el toro se enfrenta a su realidad es la corrida. Es una realidad soterrada y violenta. Y allí, en la corrida, está expuesta la condición humana. Si desapareciera dejaría mutilada la cultura de nuestro tiempo».

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