Sin Toro La Fiesta es Insípida

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La frase que siempre se acuña en la tauromaquia “el rey de la fiesta es el toro” es más que cierta, sin este bello y místico animal, el arte, la liturgia y el ritual pierde toda esencia, es insulsa, no tiene ningún sabor.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

Manizales – Colombia. El toro de lidia se ha caracterizado por tener unos componentes básicos en su comportamiento, en muchas ocasiones y con el ánimo de ilustrar, se ha descrito en términos generales las cualidades de este bello animal, que por muchos siglos han sido la inspiración de los artistas, no solo en el campo taurino, sino en otras disciplinas que reflejan la magnitud del misticismo que lleva consigo. Para el caso que nos reúne el toro en este momento, debemos citar algunas características que son base para el arte de cuchares: la alegría del astado (encastado), el acudir con franqueza y rectitud al engaño (nobleza), el meter su cabeza en las telas muy por abajo (humillar), el estar siempre muy pendiente y atento los chismes o trastos (fijeza), estas citadas como fundamentales, pero también se debe valorar la dinámica en el mismo ritmo en los tres tercios (fondo) y algo importante traducido en ir de frente y empuje (franqueza).

Si acatamos, fuera de la parte fenotípica del toro conocida como trapío, lo elemental en la expresión taurina son las condiciones para el encuentro entre el instinto y la inteligencia, si esas condiciones fallan, toda obra se derrumba y el encanto, la mística, la esencia se diluye. El Artista, para el caso el Torero, enfrenta en esos momentos de ausencia de cualidades unos sin sabores que lo llevan a sentir por decirlo de algún modo, impotencia o una combinación entre rabia y tristeza que solo puede ir superando con el pundonor o sentido de partencia por su profesión. Pero el público, que paga y exige, en esos momentos no entiende los limitantes e increpan a quien está por delante. Es cierto, que algunos toreros, que llegan a los créditos de Figuras, llegan a niveles insospechados, que como se dice popularmente, hacen embestir una oveja, pero sin abrigar ese talento, lo que si es cierto es que los toros deben llevar su bravura, con los matices que sean para que la fiesta los honre en esos minutos de gloria.

La tauromaquia, sobre todo los criadores, en estos momentos donde los aires soplan en contra, deben tener mayor rigurosidad en la selección, no solo se juegan su prestigio, sino también la existencia de este maravilloso arte, pues sin toro la fiesta es insípida.

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