Apunte de Juangui: Emilio Buen Gusto

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Emilio había triunfado una vez más en Colombia, país donde, en el 2011, redimió sus tristezas cuando estaba a punto de abandonar la profesión por un traspié que había sufrido en la plaza más importante de su país. 

Redacción: Juan Guillermo Palacio

Manizales – Colombia. “Ya vi lo que tenía que ver”, dijo César Rincón en el micrófono y su voz dejaba entrever que además de hablar estaba llorando. Emilio de Justo acababa de indultar uno de sus toros, “Despistado”, número 68. En Manizales, plaza de la cual, en 2015, se había retirado antes de que su encierro se terminara de correr. En esa ocasión, varios de sus toros se fracturaron la pezuña y otros expresaron sensaciones de mareo que les dificultaba mantenerse en pie. Estuvo cinco años ausente.

Por eso aceptó la invitación que le hizo Emilio de Justo, salió al tercio y lo abrazó como si tuviera al frente a un redentor.

De Justo había ejecutado una gran faena, larga, de series duplicadas y muletazos profundos, repletos de mando y longitud. Había dejado ver al buen toro de Rincón, que ofreció embestidas rebosantes y alegres, que siempre fueron a más.

Emilio había triunfado una vez más en Colombia, país donde, en el 2011, redimió sus tristezas cuando estaba a punto de abandonar la profesión por un traspié que había sufrido en la plaza más importante de su país.

En esa Colombia que lo hizo reencontrarse, ha sido capaz, en esta temporada, de ejecutar una seguidilla de faenas sólidas, casi idénticas, que rayan con la perfección.

Parece un robot. Ensambla faenas importantes de manera industrial. Su tauromaquia, de coach ontológico, soluciona las complejidades existenciales de los toros con facilidad. Los convence rápidamente de que deben embestir y seguir el camino que él les recomienda si quieren alcanzar la vida eterna (el indulto), cubrir el harem y alcanzar la realización espiritual y profesional.

Los toros aceptan sus recomendaciones de pulpito, mejoran sus conductas, se apartan del camino del mal y llevan a otros el mensaje de lo importante que es llevar una vida humillada y promover los valores de la tauromaquia comercial

Con él salió en hombros con Ginés Marín, al que la presidencia, en ejercicio de laxitud, le otorgó una en oreja en cada toro. Aunque porfió y se la jugó ante los dos toros más inciertos, su tauromaquia no alcanzó una sólida y coherente expresión.

Quien sí logró momentos brillantes fue el colombiano Cristóbal Pardo, que toreó bellamente al natural. Ya no es un torero tremendista y bullidor. Su tauromaquia, hace rato, está en busca de expresiones y formas más estilizadas. Por momentos las hace realidad.

Por eso trata de no poner banderillas, porque siente que la agitación que experimenta no le permite llegar al tercio de muleta en estado de relajación.

La presidencia le negó una oreja, a pesar de que la merecía más que las dos que cortó Ginés Marín.

Síntesis del festejo

Manizales, jueves 6 de enero 2022. Cuarta. Más de tres cuartos de aforo. Lluvia. Se lidiaron toros de Las Ventas del Espíritu Santo, parejos y de juego variado. Fue indultado el 608, “Despistado”, lidiado en segundo lugar; bravo, codicioso y de larga duración. Dos más aplaudidos y tres pitados. Cristóbal Pardo: saludo y vuelta al ruedo tras fuerte petición. Emilio de Justo: dos orejas simbólicas y saludo. Ginés Marín: oreja y oreja.

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