Pepe Luis Vázquez, cien años del ‘Sócrates de San Bernardo’

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Pepe Luis Vázquez antes de un paseíllo en la plaza de toros de Las Ventas EFE

Este martes, 21 de diciembre, se cumple el centenario del nacimiento de Pepe Luis Vázquez Garcés, el ‘Sócrates de San Bernardo.

Redacción: Álvaro Rodríguez del Moral – Agencia EFE

Este martes, 21 de diciembre, se cumple el centenario del nacimiento de Pepe Luis Vázquez Garcés, el ‘Sócrates de San Bernardo’, uno de los toreros más importantes del frondoso árbol genealógico de la torería sevillana que falleció el 19 de mayo de 2013 a los 91 años.

Torero de dinastía, era nieto de un modesto banderillero ligado al matadero del barrio sevillano de San Bernardo apodado Vázquez Chico. Su padre, José Vázquez Roldán, también intentó la aventura del toreo pero, sobre todo, fue el cabeza de una familia de toreros en la que descollaron dos figuras clave: Manolo y Pepe Luis Vázquez Garcés, considerado uno de los artistas más importantes de la historia del toreo en el siglo XX.

Pepe Luis se alimentó de ese ambiente familiar y social y se probó como torero en el verano de 1937 en la plaza de la Maestranza, estoqueando un becerro de Miura y otro de Guadalest a puerta cerrada. Aquellos pinitos iniciáticos le crearon el primer ambientillo cuando aún sólo era un aspirante adolescente que empezaba a empaparse el oficio en los corrales del viejo matadero, ya mudado al Cerro del Águila.

El 19 de julio de ese mismo año debutó en Algeciras vestido de luces en unión de Antonio Bienvenida. Volvió al ruedo de la Maestranza para actuar en un festejo nocturno y tuvo que esperar hasta 1938 para presentarse con picadores en la plaza de su vida en unión de un novillero alto y ascético llamado Manolete que venía lanzado de Córdoba para revolucionar el toreo y llenar una época de España.

Pero Pepe Luis también andaba en el disparadero. El 15 de agosto de 1940, festividad de la Virgen de los Reyes, tomó la alternativa en la plaza de Sevilla vestido de celeste y oro. El padrino fue Pepe Bienvenida, que le cedió un toro de Curro Chica en presencia de Gitanillo de Triana. Sólo un año antes, en el mismo albero del Baratillo, se había doctorado el propio Manolete, aquel torero para olvidar una guerra.

Rivales en el ruedo y amigos en la intimidad, el ‘Monstruo’ de Córdoba y Pepe Luis llenaron esos años apasionantes convirtiéndose en un contrapunto imprescindible que sólo se quebró con la trágica muerte del p

rimero en Linares, una pérdida que afectó tremendamente al diestro sevillano que nunca tuvo empacho en declararse rendido admirador de su compañero de fatigas.

TRASCENDENCIA TAURINA

Pepe Luis amarró un nudo fundamental dentro del tronco torero sevillano y sigue constituyendo uno de los modelos de ese hilo que ha dejado profunda huella en la estética de artistas posteriores. Pero la maestría de Pepe Luis fue mucho más que ese esteticismo y conforma un eslabón fundamental para entender la evolución del arte de torear en el siglo XX.

La regularidad de su carrera se quebraría a raíz de la horrible cornada recibida en Santander el 25 de julio de 1943. El pitón del toro desfiguró su cara y le dejó algunas secuelas que arrastró desde entonces, hasta el punto de incidir en esa pérdida de visión que acabaría acelerando el final de su fecunda trayectoria artística: una vida plagada de hitos que le convirtieron en la cabeza y el patriarca de la cátedra del toreo sevillano.

Cumbres de su vida torera la constituyen la faena del 30 de mayo de 1949, llamada del Concierto de Aranjuez. Dos años más tarde cuajaría de manera admirable al toro ‘Misionero’ de Castillo de Higares en el ruedo de Madrid, y ese mismo año interpreta la que él mismo ha calificado como la mejor faena de su vida al torear de manera prodigiosa e inolvidable a un toro de Villagodio en la plaza de Valladolid.

Se mantuvo en activo hasta el año 1953, en el que anunció su primera retirada aunque aún reaparecería fugazmente en 1959, una temporada en la que llegó a confirmar la alternativa a Curro Romero, que había tomado la alternativa en las Fallas de aquel año.

Ha sido el torero que más ‘miuras’ ha despachado en el albero maestrante, para lo que lucía unos vestidos ligerísimanente bordados en azabaches en una estampa hecha clásica los domingos de la feria sevillana. Íntimo amigo de la familia Miura, siguió toreando después de su retirada en la plaza cuadrada de la finca de Zahariche, rodeado de unos pocos privilegiados.

Padre del último Pepe Luis que ha vestido de luces, el maestro de San Bernardo siempre quiso estar alejado de los focos de la actualidad y era raro verlo fuera de su casa, especialmente a raíz del agravamiento de los achaques que le obligaron a recluirse.

Pero esa modestia asumida nunca le impidió ser reconocido como uno de los maestros fundamentales de la segunda mitad del siglo XX y uno de los iconos más inconfundibles de la ciudad que lo vio nacer.

La pluma del célebre crítico César Jalón ‘Clarito’ definió a la perfección al llamado Sócrates de San Bernardo: “Siempre representará Pepe Luis un alegre contraste; una graciosa flexibilidad y cadencia sevillana; variante del cordobés hierático: una inspirada rima lírica frente a una epopeya; y principalmente, un diseñador de la senda del arte sevillano por donde irán los preclaros sevillanos venideros…”

El académico José María de Cossío recordaría que “el secreto de Pepe Luis fue infundir profundidad a la gracia, hacer densa la espuma”.

 

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