Manizales: Materia y Energía

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La tauromaquia es una expresión sensible, por eso es arte, lleva inmersa la realidad que muchos quieren ignorar, la espiritualidad, además de la belleza que plasma una acción venida de la naturaleza y hormada por el ser humano con su interpretación.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora – En el Callejón – Web Aliada

Manizales – Colombia. Es bello apreciar la ceremonialidad respetuosa que reviste la antesala del Festival Taurino de la ciudad de Manizales, evoca de manera fehaciente el sentir que ni siquiera niega la ciencia, la espiritualidad (energía). En el plano teológico, parte también de la ciencia, se llama a la “energía”, alma o espíritu, y hoy la humanidad la está ignorando por completo, ejemplo claro es el comportamiento de millares de humanos con referencia a los recursos tecnológicos, a la sexualidad, al consumo de sustancias psicoactivas, al querer “tener” al mínimo esfuerzo y a la fuerza, al irrespeto de sus semejantes y a la humanización desmedida de los animales, por citar algunos flagelos de la actual sociedad mundial. Pero centrándonos en el Festival Taurino de Manizales, que muchos hijos de estas tierras, sin ser taurinos, esperan cada año, hace ver que no es un “espectáculo” más de la feria, sino que es la síntesis de una liturgia de vida humana que envuelve innumerables valores, que grito en voz en cuello, clama la humanidad del siglo XXI, por describir algunos: solidaridad (apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles), respeto (consideración de que algo es digno y debe ser tolerado), tolerancia (actitud de la persona que respeta las opiniones, ideas o actitudes de las demás personas aunque no coincidan con las propias), espiritualidad (conjunto de los principios o actitudes que configuran la vida intangible de una persona o de un colectivo), fe (virtud teologal del cristianismo que consiste en creer en la palabra de Dios y en la doctrina de la Iglesia), honradez (cualidad de la persona es recta y justa en el sentido moral), entre muchos otros.

La tauromaquia es una expresión sensible, por eso es arte, la belleza que plasma una acción venida de la naturaleza y hormada por el ser humano con su interpretación, es lo que se admira en una tarde o noche de toros, esa liturgia venida del diario vivir, de ese místico y perpetuo encuentro entre el instinto animal y la inteligencia humana, que finaliza con el ritual de la muerte, la única verdad absoluta de la vida, pero para ello hay un componente más, la energía, la espiritualidad, que viene con la gracia, la forma de expresión, el desarrollo de cualidades, que muchas veces, por no decir casi siempre, no tienen explicación. Para argumentar, la vicisitud entre Toro y Toro, entre cada actuación de los Toreros, anoche vimos como no se dieron las cosas al Maestro de Chivas, al “El Juli” o “El Cid” que nos tienen acostumbrados a comparecencias inolvidables (“no tiene explicación”), algunos dirán, los astados, probabilidad cierta, pero si somos justos, el resultado no fue de alegría colectiva porque el fallo estuvo en el uso del acero, en fin… materia todos, energía pocos.

Lo importante en este Festival, es que esa alegría de cada uno de los asistentes, de los actuantes, del ganadero, de Cormanizales, se vio en cada luz que acompaño el bulto bendecido de la Virgen Esperanza Macarena que como cada año lo hace, recorre el albero de la Monumental para que evoquemos a la madre, a la mujer, a la vida, a la humildad, a la caridad, al silencio, al respeto, al amor a Dios, y al prójimo (próximo o cercano) y que con cada aporte se le brinde esperanza de vida y sanación a los niños, niñas y adolescentes que por quebrantos de salud y recursos mínimos están o llegarán al Hospital Rafael Henao Toro “El Hospitalito” de Manizales. Sanar el cuerpo, sanar el alma… Materia y Energía.

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