Chaparrito Premiado

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Los premios no solo califican al premiado, también al que los otorga. Es así. En el toreo, ciencia tan poco exacta que se la tiene por arte, más. La subjetividad impera. Premio este, porque me parece, porque me convence, porque me gusta, porque me conviene, o por todas las anteriores. Incluso, por no premiar otro. Los desafectos también juegan.

Entonces, a la larga, lo que las premiaciones dicen es que los elegidos lo fueron por satisfacer pareceres, gustos, intereses o querencias de los electores, más que por sus virtudes intrínsecas. Eso, claro, no descarta que de pronto unos y otras coincidan. Subjetividad con objetividad. Ilusión con realidad. Idea con verdad.

Hay parámetros lógicos. Pero al final prima el capricho de quien vota. En materia de toro, es el caso. La suma de trapío y bravura juzgados a lo largo de la lidia.

A poco de rodar, sin pena ni gloria, el victorino “Tomillero”, último de los 198 que se lidiaron completos. La empresa publicó la lista de “ganadores” del “Mundial”, según su jurado, (del cual hizo parte).

Mejor toro: “Chaparrito”, quinto de Adolfo Martín, en la corrida 32, el viernes 8 de junio. Cárdeno oscuro, de 549 kilos. Bien cinqueño, hermoso, intimidante, veleto, de amplia cuna, que cautivó con el esplendor de su santacolomeña soberbia, y cuando levantó la cabeza y miró a todos como si fueran menos, arrancó una ovación. Cargó contra la caballera y luego, derrochó son, largura y una humillación que araba el ruedo. Yendo y viniendo, profundo, al fondo del muletazo, hasta la muerte.

No fue perfecto. Pero me dije y lo escribí de inmediato –El toro de la feria—

Ayer leí la lista oficial, y no supe si alegrarme o afligirme por la anticipada coincidencia de mi subjetividad con la empresarial, y al mismo tiempo, por la discrepancia de las dos con la de don Jesús María Gómez Martín, presidente de la corrida, quien desestimó la petición casi unánime de concederle la vuelta al ruedo.

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