De Arrimones y Estocadas

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Un encierro carente de bravura, fuerza y fondo forzó los toreros a embestir. Castella recibió una oreja protestada y Roca Rey aplaudido en uno, saludó en el otro. Padilla se despidió silenciado.    

Jandilla trajo un encierro de impecable presentación. Mitad cinqueño, tercero, cuarto y quinto. Astifino todo, parejo de romana en sus 563 kilos promedio. Cuatro negros y dos castaños nobles, cortos de raza y desforzados. Fueron la mayoría con alegre tranco a los caballos, dos partieron garrochas, uno tumbó, pero allí acabaron. Primero y quinto, que prometieron, se pararon muy pronto. El sexto se rajó descaradamente. Los otros, en ese rango de comportamiento, imprimieron su sello en la tarde. Pitados cuatro en el arrastre.

Juan José Padilla, vino a decir adiós. Le ovacionaron tras el paseíllo y en los dos vibrantes tercios de banderillas, con sesgos, de tablas a medios y de violín. Fueron las únicas veces El primero tardo y soso exigía el unipase y la reposición. Le puso media espada caída cuando la hoja se quebró y luego una completa. El de la partida, manso y bronco, picado a caballo levantado por José Jaén que mordió el polvo, planteó una brega defensiva de parte y parte en la que hubo hasta desarme y correteo. La cosa terminó con media estocada baja escupida, media desprendida, dos descabellos y silencio respetuoso.

Sebastián Castella, le sacudió casi con desgano siete veces el capote al segundo, antes de dos medias no más entonadas. El castaño, sin pelear blandeó en varas y en el resto de la lidia durante la que cayó tres veces. Cuatro ayudados por alto no tan estatuarios pues hubo de recolocarse tras cada uno y una letanía de pases y blandeos exasperantes, rematados con un bajonazo de pena y en los medios (aplaudido por buena parte de la platea).

El quinto acometió a cuatro verónicas y tres medias, entró tres veces al peto, rompió una vara y se puso a escarbar. El francés brindó a la clientela, que según cuentas ya le había dado (hasta ese instante) veintiún orejas. Su consabido comienzo por pecho y espalda, dos tandas derechas limpias ligadas con mano baja y el animal sin conocer la izquierda, dijo no más y nos más. Entonces, el arrimón, las puntas contra la seda, las vueltas arrancadas, unos pitando y otros aplaudiendo (los mismos del bajonazo). Igualada en los medios y una estocada honda en buen sitio que tiró el toro sin puntilla. Polarización de opiniones, pitos contra pañuelos. Ganaron los últimos y cayó la veintidós. Pero la confrontación siguió… sigue.

Andrés Roca Rey, es torero de todo toro. Pero encuentra, toros, como los de hoy, que no son de todo público y menos del de Madrid. Uno flojo descastado y otro manso rajado, por supuesto no. Sin afligirse pechó con ellos y les repartió un par de estocadas que cualquiera de ellas bien podría ser la de la feria. Lanceó gustoso al tercero y apostó en las arrancadas espaciadas, bajo exigencias agudas que lo graduaban de figura. Tras larga porfía sin esperanza, mató como debería ser siempre y le aplaudieron, pero no quiso salir al tercio. Como estaban las cosas, quizá por no alterar el orden público.

El sexto manso, cobardón, huyo a tablas tras los ayudados por alto y las primeras cuatro derechas. El peruano fue a por él buscándole la cara, metiéndose entre las puntas sin darle otra salida que tirar para delante tras la muleta. De arrimón, contra la barrera, el hombre puso todo. La corrida cerró con otra lección de como se matan los toros. De cómo se deben matar. Le ovacionaron y saludó, ya sin pitos.

Un lleno total  y el ambiente hosco tan de Madrid, fueron el fondo de una tarde con la suerte contraria, pues las emociones no entraron por toriles, sino por la puerta de cuadrillas y los vomitorios.

FICHA DE LA CORRIDA

Madrid. Viernes 18 de mayo 2018. Plaza de Las Ventas. 11ª de San Isidro. Nubes. Lleno. Seis toros deJandilla, bien presentados, bien armados, nobles, desrazados, flojos y sin fondo.

Juan José Padilla, silencio y silencio.

Sebastián Castella, silencio y oreja protestada.

Roca Rey, palmas y saludo.

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