Las orejas de Madrid…

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Una oreja no unánime para Espada, una ovación para Flores y un silencioso adiós para Aguilar quien se despedía de Madrid. El temperamental y desigual encierro de Ibán echó tres toros aplaudidos al arrastre.

Satisfecho a medias” dijo al final Domingo González, mayoral de Baltasar Ibán. Coincidió con el público que aprobó con sus palmas la casta de media corrida; segundo, tercero y cuarto. Y con el joven matador Espada quien primero recibió una generosa oreja y luego a punto estuvo del tercer aviso. A medias contentos todos. Y qué vamos a decir nosotros desde tan lejos.

Pues que no. Que el recuerdo de Fortes flotó acusador por la plaza cuando Don Justo Polo sacó su volátil pañuelo proclamando que las orejas en la catedral del toreo tienen diferente precio y de un día para otro. Ya van tres. ¿Que lo importante no son las orejas? De acuerdo, pero sí lo que simbolizan. El criterio y el sentido de la equidad que impera en el alto palco de Las Ventas, el cual sienta jurisprudencia para el mundo taurino.

Francisco José Espada, tuvo el mejor y más pesado toro de la tarde, castaño, bien armado, de 570 kilo. Pese a que atacó franco, no lo pudo parar con la capa y después de una buena vara de David Prado, fue acosado en las dos primeras series derecha por las prontas y codiciosas embestidas. La velocidad y el desasosiego lo impuso “Mexicano” que iba rumbo de tomar el poder. Pero a la tercera, la decisión del fuenlabreño llamó al orden y las cuatro derechas, el cambio de mano y el de pecho fluyeron consonantes. Fue su mejor momento. En el que estuvo al mando.  Un arrimón fue protestado y la manoletinas angustiosas y engalladas replicaron. La estocada honda cimera rodó al toro sin puntilla y eso tapó a la concurrencia y a Usía los altibajos de la faena.  Con el sexto tampoco mostró la capa. Repitió brindis al público ahora por obligada gratitud, y luego pasó las de San Quintín ante las inciertas, rebrincadas y cabeceantes acometidas a las nubes. No se rindió, alargó sin resultado hasta que le soplaron dos avisos, el primero quizás prematuro. Pinchó cinco veces y no estoqueó.     

Sergio Flores, hizo el mejor toreo de la tarde. Plantado, rimado, girando sin enmienda sobre la pata de cargar la suerte, y dando en cada tanda las suertes precisas, ajustándose por naturales y aguantando. Cuando el animal se lo pensaba lo cambió intempestivamente por la espalda templándolo en círculo contrario con la muleta invertida, no por adorno, por necesidad de la lidia y puso el tendido a  bramar. La estocada, tris contraria, pero efectiva provocó una leve petición y un saludo con opositores. Al quinto distraído, bronco y descastado le tramitó con oficio y le dio de baja con media estocada saliéndose de la suerte y un descabello.

Alberto Aguilar dijo sonriendo tras matar al complicado primero “No tenía ganas de que este me cogiera”. Sí estuvo defensivo él toda la faena, hurtando el bulto a los derrotes y en una ocasión desarmado. Lo pinchó y le colocó la espada tendida. Con el cuarto, uno de los que gustó. Encadenó tres aseadas tandas, una por la izquierda en medio de otras no tanto. Cuarteó sin reato en el volapié pinchando cuatro veces, descabellando tres, oyendo un aviso y viendo ir el arrastre ovacionado. Todos los adioses son tristes. Algunos más que otros.

FICHA DE LA CORRIDA

Madrid. Domingo 13 de mayo 2018. Plaza de Las Ventas. 6ª de San Isidro. Sol y frío. Dos tercios de aforo. Seis toros de Baltasar Ibán, 533 kilos promedio, dispares de romana y juego.

Alberto Aguilar, silencio y silencio tras aviso.

Sergio Flores, saludo y silencio.

Francisco José Espada, oreja y silencio tras dos avisos.

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