El colombiano Manolo Castañeda protagonizó una actuación de peso en Tlahuelilpan, Hidalgo, donde cortó tres orejas y salió a hombros junto a Antonio Ferrera e Isaac Fonseca. La corrida de Fernando de la Mora, de buen juego y con varios ejemplares premiados con arrastre lento, permitió una tarde de fondo torero en la que el colombiano volvió a reivindicar su nombre en los ruedos mexicanos.
Redacción: Juan Pablo Garzón Vásquez – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada
Lenguazaque – Colombia. Tlahuelilpan vivió una tarde de esas que dejan algo más que una estadística en la hoja de resultados. La primera corrida de la Feria en honor a San Francisco, celebrada en la plaza Jorge Gutiérrez, reunió a Antonio Ferrera, Manolo Castañeda e Isaac Fonseca ante un encierro de Fernando de la Mora que, en líneas generales, respondió con nobleza, clase y posibilidades para el lucimiento. La corrida tuvo además el atractivo de reunir tres tauromaquias diferentes, pero con un denominador común: la disposición para aprovechar las condiciones de los astados.
Y en ese escenario, Manolo Castañeda dio un paso adelante. El torero colombiano no llegó a Tlahuelilpan simplemente para cumplir con el compromiso: salió a buscar el triunfo y terminó convirtiéndose en uno de los grandes protagonistas de la jornada. Su balance, oreja en su primer toro y dos orejas en el segundo, habla por sí solo de una actuación maciza, respaldada por una tauromaquia en la que tuvieron especial importancia el temple, la cadencia, el mando y la capacidad para leer las embestidas. El premio de tres apéndices le abrió la puerta grande y confirmó que su campaña mexicana sigue encontrando escenarios donde demostrar sus condiciones.
La segunda actuación de Castañeda fue, particularmente, la que terminó de inclinar la balanza hacia el triunfo. Frente a un toro que ofreció mayores posibilidades, el colombiano supo darle sitio a la embestida, conducirla con suavidad y construir la faena desde la confianza, sin precipitar los tiempos. Hubo entendimiento entre toro y torero, una circunstancia fundamental cuando el animal transmite y el diestro sabe administrar esa virtud. La faena creció desde la colocación y el temple hasta desembocar en una labor que encontró eco en los tendidos y que, tras una efectiva suerte suprema, fue recompensada con las dos orejas.
No fue menor el comportamiento general de la corrida. Los toros de Fernando de la Mora mostraron buena presencia y ofrecieron juego suficiente para que los espadas pudieran desarrollar sus respectivas tauromaquias. Tres ejemplares fueron distinguidos con arrastre lento, señal de que la materia prima ganadera tuvo un papel determinante en el resultado final. La combinación de bravura, nobleza, clase y transmisión permitió que la tarde adquiriera ritmo y que los toreros encontraran terrenos fértiles para expresar sus conceptos.
El cartel también dejó su propia lectura. Antonio Ferrera, con su habitual personalidad y repertorio, consiguió dos orejas; mientras que Isaac Fonseca terminó encabezando el balance numérico con tres orejas y un rabo. Pero entre esos dos nombres, de reconocida presencia en el panorama taurino internacional, Manolo Castañeda consiguió hacerse notar con autoridad. No fue una presencia testimonial ni una actuación secundaria: el colombiano salió a disputar la tarde y encontró en los toros de Fernando de la Mora el escenario propicio para mostrar una tauromaquia que, cuando alcanza su punto de madurez, posee argumentos suficientes para emocionar y convencer.
Hay, además, un componente especialmente valioso en este triunfo. Días antes del festejo, la presencia de Castañeda en Tlahuelilpan se presentaba como una oportunidad importante dentro de su recorrido por México, precisamente porque compartía cartel con Antonio Ferrera e Isaac Fonseca y porque la corrida de Fernando de la Mora representaba un compromiso de consideración. El resultado terminó superando esa expectativa inicial: el colombiano respondió en la arena con tres orejas y una salida a hombros, convirtiendo la oportunidad en una tarjeta de presentación de enorme valor.
La imagen final resumió perfectamente la jornada: Ferrera, Castañeda y Fonseca abandonaron la plaza en hombros, acompañados también por el ganadero Íñigo de la Mora, en medio del entusiasmo de la afición hidalguense. Para Castañeda, sin embargo, la fotografía tiene una lectura particular. En una tarde compartida con dos toreros de notable cartel, el colombiano consiguió que su nombre quedara escrito entre los protagonistas de la corrida. Tres orejas, puerta grande y la sensación de que todavía quedan páginas importantes por escribir en su aventura mexicana.
Tlahuelilpan no fue solamente una tarde de premios para Manolo Castañeda; fue una tarde de reivindicación. El colombiano demostró que tiene argumentos para competir en carteles exigentes, que sabe aprovechar el toro que embiste y que posee recursos para transformar una oportunidad en triunfo. Ahora queda lo más difícil y, a la vez, lo más apasionante: convertir esta puerta grande en nuevas oportunidades y hacer que las tres orejas de Tlahuelilpan sean el comienzo de una etapa de mayor continuidad y reconocimiento en los ruedos mexicanos.






















