Chota (Perú) 2026: Feria Que Reafirmó la Grandeza del Toreo

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La Feria Taurina de San Juan Bautista de Chota 2026 dejó mucho más que estadísticas y trofeos. Durante cuatro corridas, la plaza «El Vizcaíno» fue escenario de una intensa confrontación entre figuras consagradas, jóvenes valores y encastes de distinta condición, consolidándose como uno de los ciclos taurinos más importantes del continente. La feria confirmó el extraordinario momento del español Fernando Adrián, evidenció el compromiso de Roca Rey, premió la profundidad artística y ratificó que Chota continúa siendo un referente de la tauromaquia americana.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada

Lenguazaque – Colombia. La reciente edición de la Feria Taurina en honor a San Juan Bautista, celebrada entre el 25 y el 29 de junio en la emblemática plaza «El Vizcaíno» de Chota, dejó una conclusión contundente: la grandeza de una feria no se mide únicamente por el número de orejas concedidas, sino por la capacidad de reunir emoción, verdad, diversidad ganadera y autenticidad en el ruedo.

Durante cuatro festejos mayores, la afición cajamarquina volvió a demostrar por qué Chota ocupa un lugar privilegiado dentro del calendario taurino internacional. La respuesta del público, el nivel de las figuras anunciadas, la presencia de prestigiosas ganaderías españolas y el comportamiento general del ganado permitieron construir una feria donde el triunfo fue consecuencia del riesgo, de la técnica y de la inspiración artística, elementos esenciales del toreo verdadero.

La apertura del ciclo marcó inmediatamente el tono que tendría toda la feria. El Fandi protagonizó uno de los momentos de mayor intensidad al conseguir el indulto de un ejemplar de Castillejo de Huebra, un hecho reservado únicamente para aquellos toros que reúnen condiciones excepcionales de bravura, transmisión y nobleza. Más allá del efecto estadístico, el indulto representó el reconocimiento a un toro que elevó el nivel del espectáculo y recordó la enorme importancia que posee la selección ganadera dentro del futuro de la cabaña brava.

Aquella tarde dejó además un mensaje claro: cuando convergen un toro extraordinario y un torero plenamente acoplado, la tauromaquia alcanza una dimensión que trasciende los trofeos. La salida a hombros del diestro granadino fue simplemente la consecuencia lógica de una obra cimentada sobre la comprensión de las embestidas y el aprovechamiento integral de las virtudes del astado.

La segunda corrida confirmó que la feria atravesaba un momento de alta competitividad. Fernando Adrián, David de Miranda y Jesús Enrique Colombo protagonizaron una de las tardes más completas del ciclo, compartiendo la salida por la Puerta Grande tras cortar un importante número de trofeos frente a una corrida de El Pilar, bien presentada y con un comportamiento que permitió el lucimiento de la terna.

Especialmente significativo resultó el desempeño de Fernando Adrián, cuya capacidad para interpretar diferentes tipos de embestidas volvió a situarlo como uno de los toreros de mayor regularidad de la temporada. Su concepto de lidia, basado en la firmeza, el temple y la ligazón, terminó convirtiéndose en el eje competitivo de toda la feria, circunstancia que posteriormente sería refrendada por el jurado.

Sin embargo, aquella jornada también dejó una escena que trascendió el ámbito artístico para instalarse en los valores humanos de la profesión. La rápida intervención de Roca Rey, al acudir en auxilio del banderillero Ronald Sánchez tras una aparatosa cogida, evidenció el profundo sentido de compañerismo que caracteriza al mundo taurino. La solidaridad dentro del ruedo volvió a imponerse sobre cualquier rivalidad profesional, recordando que frente al toro todos forman parte de un mismo compromiso.

La tercera corrida representó otro de los puntos de mayor interés técnico del serial. Con una plaza completamente abarrotada, Víctor Hernández firmó la actuación de mayor contenido artístico de su participación, abriendo la Puerta Grande gracias a una faena donde el temple y la naturalidad encontraron respuesta en un toro noble de Gerardo Ortega.

La tarde, sin embargo, también dejó una valiosa enseñanza sobre la seriedad que caracteriza a Chota. La devolución del quinto toro por falta de trapío confirmó que la exigencia del público y de la autoridad continúa siendo uno de los principales activos de la plaza. La integridad del espectáculo prevaleció sobre cualquier circunstancia, fortaleciendo la credibilidad de una feria que mantiene elevados estándares en materia de presentación del ganado.

Por su parte, Roca Rey volvió a mostrar la enorme dimensión de su entrega. Aunque el resultado estadístico fue discreto, su disposición permanente, la búsqueda constante del triunfo y la calidad de algunos pasajes de su toreo terminaron siendo reconocidos posteriormente con el premio a la Mejor Faena, demostrando que en ocasiones la profundidad artística supera el simple balance numérico de los trofeos.

La última corrida consolidó definitivamente el alto nivel competitivo del ciclo. Morenito de Aranda y Tomás Rufo encontraron el premio máximo con sendas puertas grandes gracias a actuaciones construidas sobre el oficio, la inteligencia y la eficacia con la espada. Mientras tanto, Roca Rey volvió a evidenciar que la espada puede modificar radicalmente el resultado de una tarde, al perder importantes premios después de haber elaborado faenas de considerable mérito.

Precisamente esa circunstancia resume buena parte de la esencia taurina vivida en Chota: la diferencia entre el éxito rotundo y la simple ovación continúa dependiendo de la suerte suprema, recordando que la tauromaquia sigue siendo un espectáculo donde cada tercio posee idéntica importancia.

Al término de la feria, los reconocimientos oficiales reflejaron con fidelidad lo acontecido durante el serial. Fernando Adrián fue proclamado Triunfador Absoluto de la Feria, obteniendo por segundo año consecutivo el prestigioso Escapulario de Oro de San Juan Bautista, un logro que confirma la extraordinaria evolución del torero español y su creciente identificación con la afición chotana.

Igualmente, significativo resultó el reconocimiento a Roca Rey por la Mejor Faena, distinción que pone de manifiesto que la calidad artística puede permanecer por encima de los resultados finales. Del mismo modo, los premios otorgados a Alonso Mamani como mejor banderillero, David de la Barra como mejor picador y la elección de Núñez del Cuvillo como mejor ganadería reflejan el carácter integral con el que Chota entiende la excelencia taurina, valorando cada una de las piezas que hacen posible el espectáculo.

La Feria Taurina de Chota 2026 no solo repartió trofeos; consolidó un modelo de feria donde el rigor ganadero, la exigencia del público, la competencia entre figuras y el respeto por la liturgia taurina convergen para fortalecer el prestigio de la plaza «El Vizcaíno». Su desarrollo dejó claro que el futuro de las grandes ferias pasa por mantener el equilibrio entre emoción, autenticidad y verdad, principios que en Chota continúan siendo la auténtica divisa de identidad.

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