De Reparto en la 6ª de Manizales: Cuando el Oficio Pudo Más que los Pitos

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En una tarde marcada por la exigencia del público y la dureza de algunos bureles, las cuadrillas sostuvieron el andamiaje del festejo con profesionalismo, entrega y conocimiento, aun cuando muchas de sus labores fueron inexplicablemente pitadas pese a su evidente corrección y mérito.

Redacción: Juan Pablo Garzón Vásquez – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada

Manizales – Colombia. En una tarde de toros donde la exigencia del tendido fue tan severa como a ratos desproporcionada, el verdadero pulso del festejo se sostuvo en el trabajo silencioso, arriesgado y profesional de las cuadrillas. Lejos del foco principal, estos hombres de plata y de castoreño enfrentaron toros con condiciones diversas, algunos deslucidos y otros abiertamente complicados, resolviendo con oficio, valor y conocimiento cada tercio de la lidia. Pese a ello, muchas de sus actuaciones fueron incomprensiblemente pitadas, sin atender a la dificultad real de los bureles ni al rigor técnico con que se ejecutaron las suertes. Esta crónica busca poner en su justo lugar esas labores que, aunque no siempre ovacionadas, fueron determinantes para el desarrollo y el equilibrio de la corrida.

GRATITUD QUE NACE DEL RUEDO

Antes de desgranar toro a toro, vale un reconocimiento sentido y profundo para esos toreros de plata y de castoreño que, desde el anonimato aparente del segundo plano, construyen el triunfo de los nombres anunciados en el cartel. Ellos, las cuadrillas, son el sostén técnico, el pulso invisible que ordena la lidia, la inteligencia práctica que resuelve cuando el lucimiento no es evidente. A todos ellos, que pusieron el pecho, las piernas y el oficio, incluso cuando el tendido respondió con silbidos sin argumento, vaya este agradecimiento sincero y necesario.

TORO A TORO: LA VERDAD DEL OFICIO

En el primero de la tarde, Edgar Arandia cumplió con una buena vara, bien administrada, con solvencia y colocación, señalando y aguantando, acción que fue justamente aplaudida por el público conocedor. En la brega, Carlos Rodríguez se mostró justo, prudente y templado, midiendo las distancias y siguiendo con disciplina las indicaciones del matador, ordenando la embestida y ganando terreno con inteligencia. En banderillas, Héctor Fabio Giraldo ejecutó el primer par con buena reunión, aunque dejó un solo palo; en el segundo turno volvió a dejar los palos, pasando apuros por la condición del burel, quedando nuevamente un solo palo. Cerró el tercio Andrés Herrera, que firmó un gran par, de exposición y verdad.

El segundo de lidia ordinaria fue devuelto a los corrales tras malograrse la pezuña delantera izquierda en el primer lance instrumentado por el matador, circunstancia ajena por completo a la labor de las cuadrillas.

En el segundo bis, Reinario Bulla recibió al toro con firmeza, aguantó bien el envión y dejó un buen puyazo, rectificando con oficio. La brega fue responsabilidad de Alex Benavidez, quien realizó una labor pulcra, adecuada y de conocimiento, llevando al toro por donde debía ir.
En banderillas, Juan Contreras dejó un buen par, reunido y asomándose al balcón; repitió la disposición en el segundo, saludando montera en mano. José Calvo, pese a cumplir la suerte, pasó apuros por la condición del animal y dejó un solo palo, en una ejecución que fue más meritoria de lo que el tendido reconoció.

En el tercero, Hildebrando Nieto ejecutó una vara bien medida, en lo alto, de colocación académica, lo que motivó aplausos del público. Emerson Pineda, en la brega, se mostró templado, justo y pulcro, sin aspavientos, resolviendo con técnica. En banderillas, Jhon Jairo Suaza dejó un buen primer par y otro de similar trazo, asomándose al balcón. Antony Dicson hizo lo propio, y ambos fueron obligados a saludar montera en mano tras una actuación de mérito incuestionable.

El cuarto presentó mayores complicaciones. Efraín Ospina colocó un puyazo trasero, aguantó el envión y sufrió un tumbo, evidencia clara del riesgo asumido. La brega, inicialmente a cargo de Héctor Fabio Giraldo, fue finalmente realizada por el propio matador Luís Bolívar, reorganizando la lidia ante las dificultades del toro. En banderillas, Carlos Rodríguez logró dos pares vistosos, ejecutados dentro de los cánones de la suerte, exponiendo y clavando con verdad; saludó montera en mano en medio de una gran ovación. Andrés Herrera rubricó una actuación de gran factura, confirmando su solvencia.

En el quinto, Luís Viloria ejecutó una muy buena vara: aguantó, señaló y colocó el puyazo con criterio y firmeza. En la brega, Juan Contreras dejó una labor capotera digna, eficaz y sin alardes innecesarios. Alex Benavidez colocó un buen primer par; en el segundo turno sufrió un paso en falso, lo que precipitó el cambio de tercio. José Calvo, pese a hacer bien la suerte y exponerse, dejó solo un palo, situación que fue juzgada con excesiva dureza desde los tendidos.

En el sexto y último, William Torres se mostró valiente y decidido, enfrentando al burel con determinación y colocando una buena vara. En la brega, Jhon Jairo Suaza estuvo atento, diligente y templado, sosteniendo la lidia en un toro de comportamiento exigente.
En banderillas, Emerson Pineda no tuvo fortuna en el primer par, pero se repuso con un gran segundo, de reunión y exposición. Antony Dicson dejó solo un palo, condicionado por la dificultad del burel, en una labor que exigía más comprensión que reproche.

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