6ª de Manizales: Juego y Ambición

0
38

Una tarde marcada por la variedad del encierro y por una terna que entendió, desde el primer lance, que el triunfo nace del deseo sincero de agradar. Trapío en diferentes formas, matices de bravura y actitud profesional construyeron una sexta de Feria intensa, discutida y, sobre todo, viva.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada

Manizales – Colombia. Hablar de una gran tarde de toros exige partir del origen: el toro ideal. Ese que desde que asoma por chiqueros impone respeto por trapío, por armonía de hechuras, por seriedad de pitones, por caja, por cuello y por mirada. Un toro que no solo cumple en lo fenotípico, sino que además desarrolla un comportamiento completo en los tres tercios: que empuja con los riñones en varas, que se desplaza con fijeza en banderillas y que en la muleta combina bravura, casta, clase y fondo, con ese punto de emoción que obliga al torero a estar siempre alerta. Ese toro que no regala nada, pero que cuando se le hacen bien las cosas responde con transmisión y verdad. Sobre ese ideal giró la sexta de Feria en la Monumental de Manizales, una tarde donde el juego del encierro y la actitud de la terna construyeron un espectáculo con varios de esos argumentos sólidos.

Luego del paseíllo, la plaza se sumió en un respetuoso recogimiento para rendir un minuto de silencio por la señora Elvia Cecilia Muñoz de Gómez, madre del doctor Juan Carlos Gómez Muñoz, gerente de Cormanizales, y por la señora Carmenza Duque Uribe, madre de la ganadera Francisca Gutiérrez, quienes partieron a la eternidad el año anterior. Un momento solemne que recordó que la tauromaquia también es memoria, familia y sentimiento.

En lo estrictamente taurino, lo ocurrido en la sexta de Feria dejó lecturas profundas. El encierro de Juan Bernardo Caicedo mostró una variedad notable en comportamiento, ese abanico de matices que tanto exige el aficionado cabal. El primero fue noble, con casta, algo huidizo, con la bravura al límite, pidiendo mando y pulso firme. El segundo, lidiado como bis, mantuvo la nobleza y la casta, con bravura y clase medidas, siendo aplaudido en el arrastre. El tercero, noble y bravo, con casta, aunque falto de clase, fue premiado con la vuelta al ruedo, reconocimiento a su entrega. El cuarto destacó por su fijeza, nobleza y bravura, con casta y una clase justa, pero sin fondo para ir a más. El sexto cerró el lote con nobleza, bravura justa, casta, algo de clase y pero de muy corto recorrido, exigiendo precisión absoluta.

Como sobrero apareció un toro de Las Ventas del Espíritu Santo, que salió en quinto lugar tras correr turno Daniel Luque, luego de que el titular se malograra. Un animal descafeinado, con algunas virtudes aisladas, pero sin alma ni transmisión para expresarlas, que terminó pitado en el arrastre.

En el plano artístico, Luís Bolívar (terno grana y oro) abrió plaza con una declaración de intenciones. Recibió al toro con saludo variado en capa, alternando largas de hinojos y verónicas templadas, cargadas de gusto. En la muleta construyó una faena de poder y cabeza, administrando tiempos, terrenos y parsimonia, logrando llegar al tendido con muletazos bien estructurados. Mató de estocada y escuchó palmas tras aviso. Con el cuarto, volvió a mostrarse inteligente desde el capote, lanceando a favor del burel. En la pañosa firmó una labor de decisión, paciencia y temple, con mando, sitio y torería, entendiendo las condiciones del toro y llevándolo siempre por el camino correcto. La estocada en lo alto fue el broche para cortar dos orejas, premio a una faena sólida y madura.

Daniel Luque (terno azul marino y oro) vivió una tarde de contrastes. Con el segundo de lidia ordinaria apenas pudo dar un lance antes de que el toro se malograra la pesuña delantera izquierda, siendo correctamente cambiado por el Palco Alto. Con el segundo bis, que a la postre correspondía al quinto lugar, lanceó abriendo los caminos de la embestida, entendiendo desde el capote la condición del animal. En la muleta desarrolló una faena de decisión y ortodoxia, cuidando las distancias, templando y toreando con gusto, siempre dentro de los cánones clásicos. La estocada en lo alto fue contundente y el público pidió sin duda las dos orejas. Con el quinto, ya sobrero y segundo de su lote, poco pudo hacer: hubo voluntad, pero era imposible sacar agua de pozo seco. Aun así, cumplió con una estocada en buen sitio y golpe de verduguillo, escuchando palmas.

Cerró la terna Marco Pérez (terno burdeos y oro), quien dejó detalles de torero con concepto. Al tercero lo recibió con verónicas de buen gusto, templadas y bien rematadas. En la muleta se mostró ortodoxo, imprimiendo suavidad en cada ejecución, hilvanando una faena de intensidad por ambas manos, con muletazos largos y bien trazados. La estocada en lo alto puso en sus manos dos orejas, reflejo de una labor compacta. Con el que cerró plaza volvió a lancear a favor del toro, y en la muleta tiró de honradez y entrega, buscando expresarse con torería en los pocos momentos que el animal se lo permitió. No tenía toro para su concepto. Mató de estocada en buen sitio y golpe de verduguillo, y el silencio acompañó su esfuerzo.

Al final, la tarde dejó un mensaje claro: cuando hay variedad en el juego del encierro y una terna dispuesta a agradar y a jugarse el todo por el todo, la tauromaquia respira verdad. Hubo toros con matices, hubo toreros con actitud y hubo argumentos suficientes para que la sexta de la Feria Taurina de Manizales quedara en la memoria como una función donde el triunfo se construyó desde la entrega y el conocimiento, con el toro siempre en el centro del espectáculo.

Ficha del Festejo

Sábado 10 de enero, 2026. Monumental de Manizales. 6o Festejo de Feria. Toros de Juan Bernardo Caicedo desiguales de presentación y variado juego y uno de Las Ventas del Espíritu Santo correctamente presentado, pero sin nada que aportar. Luís Bolívar: Palmas tras aviso y Dos orejas. Daniel Luque: Dos orejas y Palmas. Marco Pérez: Dos orejas y Silencio. Mas de tres cuartos de aforo.

Dejar respuesta