De Reparto en la 4ª de Feria de Manizales: La Paciencia que También Torea

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Más allá del lucimiento individual, la tarde quedó marcada por la paciencia, el oficio y la silenciosa entrega de las cuadrillas, que sostuvieron la lidia con trabajo serio, técnico y comprometido, haciendo del temple y la constancia un valor tan decisivo como el valor mismo frente al burel.

Redacción: Juan Pablo Garzón Vásquez – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada

Manizales – Colombia. En una tarde donde el protagonismo no siempre se mide en aplausos sino en eficacia, la lidia dejó una enseñanza clara: la tauromaquia también se construye desde la paciencia, la entrega y la labor meticulosa de las cuadrillas. Cada tercio fue una lección de oficio, donde picadores, banderilleros y hombres de plata asumieron su papel con rigor, entendiendo que el éxito del conjunto depende de la suma de esfuerzos discretos, pero absolutamente determinantes.

Con el primero, Hildebrando Nieto Fara dio muestra de esa paciencia que solo otorgan los años de experiencia: aguantó en corto, colocó la puya en su sitio y la midió con inteligencia, siendo justamente aplaudido. En la brega, Emerson Pineda se mostró templado, justo y oportuno, resolviendo con solvencia cada embestida. Alex Benavidez dejó un buen primer par; el segundo, trasero, no restó mérito a una ejecución correcta y sincera. Héctor Fabio Giraldo cerró el tercio con un buen par, reflejo de serenidad y conocimiento del oficio.

En el segundo, Edgar Arandia, por orden de quien guiaba al novillero, intervino en su jurisdicción sin la distancia adecuada, pero cumplió la suerte de varas de manera correcta sobre el burel. Fue una actuación breve, pero ejecutada con disciplina, paciencia y respeto al mandato del palco.

El segundo bis volvió a exigir temple y autocrítica. Nuevamente se presentó dificultad en la colocación del novillo y Edgar Arandia dejó el puyazo solicitado. El episodio recordó la importancia de cuidar los cánones de la suerte de varas, por el bien de la lidia y de la Tauromaquia misma. En la brega, José Calvo destacó con conocimiento, valor y criterio, haciendo exactamente lo que pedía el novillo. Carlos Rodríguez se jugó el tipo al dejar un par en lo alto, exponiendo con verdad; David Prieto también cumplió, aunque la pena fue que el par cayó desprendido.

Con el tercero, Juan García propinó una buena vara; el relance deslució ligeramente la ejecución, pero aun así recibió palmas del respetable. Muy destacada fue la brega de Jhon Jairo Suaza, oportuna, templada y siempre en los terrenos adecuados, evidenciando una lectura clara del comportamiento del novillo. Juan David Ortiz dejó buenos pares, aunque en el primero se partió un rehilete. Bray Valencia estuvo correcto en la ejecutoria, aunque solo logró dejar un palo.

El cuarto trajo uno de los momentos de mayor tensión de la tarde. Reinario Bulla colocó la vara, pero salió escupido del caballo; por fortuna, al caer la cabalgadura no hubo nada que lamentar. La sangre fría y la paciencia volvieron a ser protagonistas. Alex Benavidez, con tiempos y criterio, realizó una buena brega. Emerson Pineda dejó un gran primer par; en el segundo pasó algunos apuros y solo quedó un rehilete. Héctor Fabio Giraldo hizo lo propio, cerrando con un buen par en su intervención.

En el quinto, Luis Viloria aguantó el envión del novillo y dejó una buena vara en lo alto, demostrando firmeza y pulso. Carlos Rodríguez, en la brega, pasó un apuro, pero resolvió con limpieza y profesionalismo. José Calvo fue eficiente: un buen primer par y otro con buen embroque, aunque solo quedó un palo. David Prieto cumplió con solvencia, se asomó al balcón y dejó medio par, reflejo de entrega y disposición.

El sexto cerró la tarde con un nuevo ejercicio de constancia y compromiso. Efraín Ospina, con el burel andarín, metió la vara y luego rectificó correctamente; como último de los montados, saludó al Palco Alto. Jhon Jairo Suaza, pese a las complicaciones planteadas por el novillo, ejecutó una buena brega, siempre atento y resolutivo. Bray Valencia mostró muchísima voluntad, aunque la suerte se quedó en medio par en ambas intervenciones. Juan David Ortiz, por su parte, cumplió con una buena ejecución en su turno.

Así, la tarde quedó marcada por una verdad incuestionable: la tauromaquia no se sostiene solo con gestos heroicos, sino con la paciencia diaria, el trabajo silencioso y la dedicación absoluta de las cuadrillas. Ellos, desde la sombra del ruedo, fueron el andamiaje que permitió que la lidia mantuviera orden, ritmo y sentido, recordándonos que también se torea con constancia, disciplina y profundo respeto por el arte.

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