Galván, sobre todas las cosas en la primera de Manizales
La corrida comenzó con retraso. Llovía. Manizales se aguantaba la lluvia como se aguantan las cosas que se aman. Y aquí se aman los toros. Más de tres cuartos de plaza, con paraguas, con ponchos, con ganas. Antes del paseíllo, los tres toreros y el Tendido Joven rindieron homenaje a Ricardo Santana, banderillero que hace un año, en este mismo ruedo, estuvo a punto de morir. Hubo emoción contenida, verdad compartida. Luego vino la corrida, que no fue fácil. Los toros de Mondoñedo, bien presentados, mostraron nobleza en el primero, algo de movilidad en el sexto, y poco más. Faltó raza, sobró complicación. Pero el toreo es cosa de entrega. Y a eso salieron los tres.
Manuel Libardo abrió con temple. Al primero lo saludó con verónicas cadenciosas y le supo hacer faena a su ritmo. El toro tuvo calidad pero fue a menos. Libardo lo entendió, lo cuidó, lo mimó. No quiso ni pudo forzar, y acabó con muletazos limpios y con gusto. Mató bien y paseó la primera oreja de la feria. Volvió con el quinto, un manso parado al que lo intentó todo sin recompensa. Su tarde quedó en el gesto, en el oficio, en la voluntad de no dejar nada por hacer.
Juan Sebastián Hernández quiso ganarse su sitio con el tercero, que no regaló una embestida. «Gitanito» se desentendía de todo, hasta que en un pase de pecho, hirió al torero con dureza y lo buscó en el suelo. El colombiano fue llevado a la enfermería con una cornada en el gemelo izquierdo. No volvió a la plaza. En su lugar, Libardo despachó al toro. La cornada fue menos grave, pero el percance dejó helado el ambiente.
Y entonces, como si lo hubiese estado esperando, Galván tomó la tarde. Al segundo, reservón y sin entrega, le extrajo muletazos como quien saca agua de un pozo seco: con fe. Primero por abajo, luego a media altura, siempre con dominio, con suavidad. El toro no quería, pero él insistió. Hubo torería, limpieza, hondura. El acero se lo llevó todo, pero ya había ganado. Con el cuarto, tras correrse turno, se jugó el tipo. El toro, complicado, probón, nunca se entregó. Galván tampoco. Valor sereno, colocación exacta, un espadazo. Dos orejas sin discusión. Y con el sexto, más móvil que profundo, volvió a mostrar cabeza: se dobló, lo llevó a su aire, no lo atacó, lo acompañó. Ligó muletazos con estética, con ritmo. No cortó, pero cerró una actuación que no necesita cifras.
Porque hay toreros que torean. Y hay toreros que mandan. Que se imponen al toro, al momento, al destino incluso. Galván pertenece a esa estirpe que no torea con la muleta, sino con el juicio, con el corazón y con una forma de estar en la plaza que no se aprende: se tiene. Cayó de pie en Manizaleshace tres años. Hoy no se baja. Hoy, más que nunca, fue Galván, sobre todas las cosas.
FICHA DEL FESTEJO
Lunes 5 de enero de 2025. Plaza de toros de Manizales, Colombia. Primera de feria. Tres cuartos de entrada en tarde de lluvia intermitente.
Toros de Mondoñedo, parejos en su buena presencia y de juego desigual. Noble el primero, los demás, complicados y alguno deslucido.

























