La eternidad a porta gayola

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Redacción: Ernesto Ochoa Moreno www.elcolombiano.com

Se proyecta por estos días en las salas de cine la película “Pepe Cáceres”, cuyo director y protagonista como actor principal es Sebastián Eslava, hijo del torero. En este ayuno de corridas de toros en el que hemos caído por obra y gracia (¿o será por obra y desgracia?) de los enemigos de la fiesta brava, ver esta cinta-homenaje que el actor y cineasta hace a su padre a la vuelta de 35 años, ayuda a vivir lo que hoy no nos quieren dejar vivir en las plazas de toros. Pero, sobre todo, nos ayuda a rendir también nosotros, como aficionados, el homenaje del recuerdo al gran y admirado diestro colombiano muerto en la arena.

Cuando el 20 de julio de 1987 fue corneado Pepe Cáceres por el toro Monín, de la ganadería de San Esteban de Ovejas en la Plaza de Sogamoso, quien esto escribe era cronista de toros en el periódico El Mundo, de Medellín. Me crucé muchas veces con el diestro de Honda. Lo entrevisté y cubrí sus actuaciones en La Macarena. Era amable, pero seco. Famoso sin estridencias. Aunque lo disimulaba, un indefinible aire trágico lo nimbaba. Más aún a la edad en que murió, cuando las incipientes canas se insinuaban debajo de la montera. Alguna vez me dijo en una entrevista que ningún torero podía descartar morir en el ruedo. Sentía miedo, sobre todo a la hora de entrar a matar, me lo confesó. Y, deduzco yo, a eso se debe que le hubieran entrado tantos toros vivos al matadero. Pepe Cáceres vivió (o murió) una larga agonía. Su desenlace fatal fue el 16 de agosto de ese año de 1987. Había ingresado corneado de muerte el 20 de julio. El día 9 de agosto escribí esta columnita que titulé La eternidad a puerta gayola, en la que entrelazaba a mis comentarios los versos de Federico García Lorca en la muerte de Ignacio Sánchez Mejía. Transcribo hoy el final de esa columna como homenaje a Pepe Cáceres y a su hijo Sebastián, a propósito de la película que ha motivado este comentario. “¡Que no quiero verla!/ Dile a la luna que venga,/ que no quiero ver la sangre,/ de Ignacio sobre la arena./ ¡Que no quiero verla!”

“La lucha entre la vida y la muerte que libra Pepe Cáceres desde el 20 de julio tiene con razón consternado al país. Es la faena más larga, más angustiosa, más dolorosa que hayamos visto a un torero. Ciertamente, nada más parecido al drama y al rito de una corrida de toros que la agonía de un ser humano. Uno está solo, sobre la arena, esperando que se abra la puerta de los sustos y salga el oscuro toro de la muerte. “Pepe está ahí, nimbado por esa solemne soledad de todas las agonías, parado frente a la puerta de toriles, citando la eternidad a porta gayola. “¡Oh, negro toro de pena!/¡Oh, sangre dura de Ignacio!/ ¡Oh, ruiseñor de sus venas!/ No. ¡Que no quiera verla!

P. D. A porta gayola es una expresión taurina de origen portugués, que significa, en la puerta del toril. Dice Wikipedia: En la terminología taurina se denomina a porta gayola al lance en el que el torero espera al toro de rodillas enfrente de la puerta de toriles antes de que el animal salga al ruedo, y cuando se produce la embestida, la burla mediante el pase de capa conocido como larga cambiada, en el cual el capote, únicamente con una mano, se sitúa por encima del diestro, dirigiendo la parte del envés hacia el toro, el cual sale del encuentro por el lado contrario a la mano con la que el torero sujeta la capa.

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