!Chaparrito!

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Quizás el toro de la feria. Se le negó la vuelta pedida por mayoría y Pepe Moral tras pincharlo le cortó una oreja válida. El Cid herido grave. El toricantano Sanchez, ovacionado. Encastado encierro. 

La tarde, no venía bien. Comenzó ventosa y techada de nubarrones lo cual seguramente impidió completar el lleno. Había llovido mucho. Pero aun así los fieles ocuparon más de tres cuartos del aforo, provistos de impermeables y paraguas. El Cid resultó corneado por el segundo al primer muletazo, dejando la corrida en mano a mano. El toricantano había escapado apenitas de ser prendido por el de la ceremonia. La casta dura de los adolfos no había encontrado sometimiento. El ambiente pesado, ya con olor a cloroformo, hacía juego con el clima

Cuando saltó el quintó y estalló la ovación. Salió el sol, y todo cambió. “Chaparrito”, cinqueño, cautivó con el esplendor de su adulta y santacolomeña soberbia. 549 kilos, veleto, de amplia cuna, cárdeno oscuro, levantó la cabeza y miró a todos como si fueran menos. Lo eran. Impuso sus condiciones en el saludo capotero y luego, como dijo su criador Adolfo Martín, “fue a matarse” con el caballo de José Antonio Carbonell que le atizó dos varas en serio. Salió de allí, volviendo a someter la capa en el quite.

Luego tuvo entre los pitones a Juan Sierra, le agujereó la taleguilla, por poco la piel y le hizo saludar dado lo meritorio del par que le había puesto. Sin dilaciones atacó la muleta, son, largura y una humillación que araba el ruedo de Las Ventas (araba, no metafóricamente, literalmente, vean el video), yendo profundo, hasta lo hondo del muletazo y sin el menor asomo de imbecilidad. Volviendo con una franqueza y codicia emocionantes. Una de las mejores versiones de la bravura. Entregado en cada suerte, por uno y otro pitón, y torero y público entregados a él. Su pelea en el último tercio ha sido quizá el momento cumbre de la feria. Le pidieron como pocas veces la vuelta al ruedo y don Jesús María Gómez Martín en su sabiduría, la negó. Pero la ovación al arrastre fue cumbre. Para el recuerdo. El primero, enrazado y exigente, decayó al final. El segundo que hirió, genio y orientación. Tercero mansurrón, el cuarto incierto y el sexto duramente puyado fue a menos.

El Cid, ya lo dijimos, no pudo hacer más que la ceremonia de alternativa, siendo intervenido en la enfermería de la plaza. “Es un muslo muy castigado, él un cliente” Informó el doctor García Padrós después de la cirugía.

Pepe Moral, se limitó a estoquear al victimario de su compañero. El tercero, mansurrón, carisuleto, tardo hasta para morir, que volvía de revés le dio motivos para abreviar la lidia, más que la muerte por lo tendida de la espada. “Chaparrito” le cambió la vida. Pero el de Los Palacios puso lo suyo, claro. Media docena de muletazos a rodilla doblada tuvieron la conjunción del temple y el mando con la codicia, la fijeza y la longitud de las embestidas. Cuatro derechas, un cambio de mano y un natural maravilloso. Cinco más en dos tiempos, impusieron que había que rendir honores a puro trapo, sin ayudas, con la suerte reina. El adolfo no merecía menos.  Cuatro naturales y el obligado, estupendos, lentos, bajos, el morro surcando, largos, ligados. Otra tanda de similar acople y la faena fluyó como agua clara, sin mácula. Tal vez una lejana sensación de que se hubiese podido escalar a la sublimidad si se hubiese apostado más. No sé. Tres ayudados por bajo, buenos y el injusto pinchazo entrando a ley. Igual que la estocada de frente y hasta los gavilanes. La oreja y el toro ignorado por Usía no lo fue por los demás.

Ángel Sánchez, llegó por méritos a doctorarse con padrinos tan doctos, con semejante ganadería (¿Cuantas figuras la frecuentan?), en escenario tan exigente y en feria de San Isidro. Ya un gesto épico por sí mismo. Luego la tarde tan compleja le quedó un poco grande a su corto bagaje. Pero no se descompuso en ningún momento.  Con el del grado pasó en blanco espada en mano al primer viaje, la dejó honda sin efecto en el segundo y descabelló tres veces. La ovación fue más de protocolo. El complicado cuarto hubiese puesto contra la pared al mas pintado. A él también, claro. Pinchazo saliéndose de la suerte y cinco descabellos sin estoquear. Modalidad socorrida en los tiempos que corren, y con los cuales “debemos ponernos a tono”. Al sexto tampoco lo estoqueó. Le pinchó de nuevo cuarteando y animal se echó. ¿No les digo?

 

La corrida fue tensa. Hubo sangre, también mansedumbre y genio. Los del hierro, cuyo temple legendario va siempre acompañado por las púas y la intención de clavarlas a la primera oportunidad, ofrecen con frecuencia la rosa para quien sea capaz de alcanzarla. Hoy fue Pepe Moral.

FICHA DE LA CORRIDA

Madrid. Viernes 8 de junio 2018. Plaza de Las Ventas. Desafío ganadero, 32ª de San Isidro. Nubes, viento, lluvia y sol. Mas de tres cuartos de aforo. Seis toros de Adolfo Martín, 526 kilos promedio, serios, entipados, parejos, armados, encastados y de juego muy diverso. Al bravo 5º “Chaparrito” Nº 1se le pidió vuelta la ruedo, negada.

El Cid, corneado.

Pepe Moral, silencio en el que mató por El Cid, silencio y oreja.

Ángel Sánchez (alternativa), saludo tras aviso, silencio y palmas.

Incidencias: El Cid corneado por el 2º fue intervenido en la enfermería de la plaza por una cornada de veinte centímetros en el muslo izquierdo. Juan Sierra saludó tras parear al 5º.

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