Toreo a la contra

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Varea Brinda el 6º a Finito y Cayetano

En tarde oscura, lluviosa, de toros mansos, Cayetano corta oreja y recibe ovación. Varea corta otra y ve denegada su pedida puerta grande. Mientras Finito machaca con acero romo una faena de altísimo contenido estético.

Entre el sí y el no, el paseíllo penó una hora. En el ruedo empantanado espejeaban las luces artificiales. Arriba, capas y paraguas chorreantes. Más arriba un cielo plomizo y llorón. El público, qué a tres cuartos ocupaba la plaza, no se rendía. Vueltas y revueltas, zapateos, pisones, patinadas, deliberaciones, largas caras, incertidumbre…

Hasta cuando saltó el primero de la cuatreña y parchada corrida. Era de Olga Jimenez, como el quinto; ambos, igual que todos, mansos y flojos. Este, castaño, con una movilidad morucha, el otro, negro y huido a morir. Tercero, cuarto y sexto de García Jiménez, negros y altos. Menos desrazado aquel, cuya nobleza, codiciosa repetición y fondo compensaron su blandura. Noblote y sinvergüenzón el otro y el último, marmolillo. Peña de Francia, tercio con un desganado manejable.

A Finito de Córdoba da gusto verlo, desde la entrada hasta la salida. Transluce siempre la convicción de que la tauromaquia es arte, que la liturgia es sagrada y que la elegancia es innata. Desfiló circunspecto y se fue ovacionado porque desde aquél barrizal proyectó imagen tras imagen dignas todas de una cartilla de etiqueta torera. Por las dos manos, la postura, el temple, la conjunción y la resolución airosa. Más en su última faena. La gente maravillada. Las dos orejas venían porque venían, pero una estocada calada, un aviso y tres descabellos enterraron el triunfo. Ahí quedó eso.

Cayetano, buqué de toreo ancestral. Con esa mezcla genética de bullición y clasicismo. Además pegó dos estocadones fulminantes. Larga de rodillas a toro levantado, cuatro verónicas y otra larga cambiada de pié. Reminiscencias, para quienes conocen la historia. Prodigó naturales largos y rítmicos, circulares algunos, a los cuales la escasa fiereza del segundo contribuía. Música y jaleo. Al rodar, la oreja pareció valer solo por el volapié, sin contar la faena. Con el sexto porfió digno contra lo imposible y cerró con lujo.

Varea, combinó momentos de mucho donaire, con algunos que acusaban su prolongada falta de toro. Pero entre ellos su actitud fue incuestionable. De capa emocionante, poniendo en suerte y quitando. Y tras fulminar como un rayo el tercero al que había toreado muy bien bajo el bullicio paisano, entreabrió la puerta grande. Solo faltó un pañuelo. El de don Antonio Aguilar quien impertérrito lo retuvo en el palco, resistiendo la tumultuosa petición y desafiando las dos broncas. Esta, y la del final de corrida y feria. Con el sexto no había mucho que hacer. No se movía. Le puso una contraria y le descabelló. Bien.

Se toreo bastante, se mató con ejemplaridad tres veces y tres no, por lo cual, pese a las falencias del encierro y a la inclemencia del clima el resultado pudo tener mayor estadística. Todos merecen reconocimiento por haber echado la tarde para delante, con valor.

FICHA DEL FESTEJO

Valencia. Domingo marzo 31 de 2019. Última de La Magdalena. Lluvia. Tres cuartos de plaza. Tres toros (3º, 4º y 6º) de García Jiménez, uno (2º) de Pena de Francia y dos (1º y 5º) de Olga Jiménez; dispares, mansos, flojos y noblotes.
Finito, silencio tras aviso y saludo tras aviso.

Cayetano, oreja con petición de otra y saludo tras leve petición.

Varea, oreja y ovación de salida.

Incidencias: Saludaron tras parear al 3º, Ángel Otero y Diego Valladares. La corrida comenzó con retraso por lluvia.

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