Lo Que NO se Vio en el Cierre de Cali

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  • En medio de una tarde muy calurosa hicieron el paseíllo el colombiano Luis Bolivar que lucia un traje catafalco, oro y cabos blancos, junto a Emilio de Justo, que vestía tabaco, oro y remates en hilos blancos.
  • El primero del festejo, un lindo negro listón se fue adeudando un estado coherencia con su poca fuerza. De caída en caída y Bolivar solventando con una muleta templada tratando de mantener en pie al astado, faena musicalizada para acompañar una serie de pases de uno en uno por la imposibilidad de regara en ligar por las débiles condiciones del toro.
  • En resumen un Bolívar correcto y ayudando al ganadero para proteger su prestigio soportado en las débiles fuerzas del primero. La espada fue de buena ejecución, colocación y efectividad. El público correcto ovacionó al diestro nacional.
  • En segundo turno, un juvenil astado de pinta negra y con una línea de pelillos en sus lomos convirtiéndole en listón y manchas de chirriando en verdugo. Emilio de Justo correcto con la capa observó cada uno de los movimientos del astado que hizo sonar el estribo en la poca pelea que dio al caballo de Clovis Velásquez.
  • Emilio de Justo como si también hubiese estudiado enfermería, consintió al toro que también adolecía de una falta de fuerza notoria. El toro perseguía el engaño y Emilio acomodaba el paño a una altura que no ofendiera las fuerzas del venteño.
  • Para colmo de males el viento inició su accionar dificultando tener el trapo rojo en una posición de temple. Lo que hubo fue voluntad en el torero que dio tiempos muertos al cornúpeta para que este se pudiese recomponer a los “largos” trayectos de paseo frente a la pañosa. Con la mano derecha sacó más partido, aunque en ocasiones el de las Ventas frenaba en la mitad del viaje. Con la espada un borrón a lo estético que había realizado. En una segunda comparecencia un acero casi completo y un golpe al dejar el acero, dejando en el pitón derecho parte diminuta de su traje. El macho. Pitos al toro y ovación al diestro español.
  • Bolívar saludó a su segundo con una larga cambiada a uno negro, con cara de varón, pero poco m nos de pitones y con la carita arriba. De inicio muy paseador por el albero. Con la vara de Arandia. Banderillas de trámite.
  • Con la muleta tomando las tablas con su mano izquierda y mostrando la muleta con la derecha prendió al astado con suavidad y mando. Tiempos y espacios fue la fórmula del colombiano para llevar conducida las embestidas de Chibcha, un toro de menos clase que sus hermanos. Un poco más de fuerza. La faena fue importante en la técnica demostrada, dando tiempos, espacios y muleta, dosificados en sitios adecuados. Buena estocada y una oreja justa.
  • El cuarto de poca finesa con revoluciones discordantes. En momentos rápido y en momentos velos. En el caballo peleó para luego salir por si solo. Fue tres veces pero no de forma uniforme.
  • Las embestidas carentes de nobleza al perseguir los percales. Todo el mérito atribuible a Emilio de Justo. Un derroche de técnica, paciencia y tesón. El toro no era fácil pero Emilio lo entendió a la perfección. Saco de uno en uno tela para confeccionar una faena inexistente en el imaginario normal. Había que tener técnica y la tuvo.
  • Bolívar en el que cerraba sus lote salió con muchas ganas, la capa con conocimiento. Con la muleta el caleño inició con un cambiado por la espalda para seguir en redondo con la muleta muy plana. Lo que el toro no entregaba lo ponía el torero. El viento tampoco quería pero Luis persistía hasta lograr conducir con alegría las embestidas. Técnica y madurez en cada trazo fue un común denominador en toda la tarde del nacional. Lastimosamente la espada no quiso que Luis cortara un trofeo más. Fuerte ovación.
  • La Feria cerró con un chorreado en verdugo de góndolas apenas descolgando demostrando que la juventud se muestra y no en la cara. Emilio de Justo a la Verónica llevó prendido un caminador de poca transmisión.
  • Con la muleta de largo embarcó embestidas de buen son. Emilio entendió los tiempos y carencias del Venteño sirvieron para encontrar el camino a la banda de músicos.
  • Cadencia en los engaños y suavidad en el tiro del recorrido. Musicalizada la última faena cero con una estocada en todo lo alto para dar paso a la puerta grande de Emilio.

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