Cierre en Puente Piedra: Eterno Dilema, Es o no Es…

0
190

Me vienen a la memoria unas frases del veterano Novillero Hernando Gómez Díaz, “el mostro de mil cabezas” haciendo referencia a los públicos que con decisiones o acciones generan controversias y luego de sus apasionantes charlas concluye afirmando, “Chaval, cinco mil espectadores son cinco mil corridas” … Creo que hay verdad en esas frases.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

Madrid – Colombia. Siempre que una tarde de toros se otorga un indulto salen a luz innumerables conceptos que aprueban o desaprueban la decisión y en cada una de las posturas aparecen bastantes argumentos que ilustran los puntos de vista, lo curioso de ese ejercicio es que las diferencias en el ámbito taurino generan, contrario a lo que habitualmente sucede, lazos de amistad, de aprendizaje, de complemento, llegando casi siempre a esa mística ley conocida como “relatividad” donde queda una balanza meciéndose entre es o no es indulto.

Los cánones del toreo advierten que el perdonar la muerte a un toro, es decir conceder el honor del indulto, va de la mano de las condiciones de bravura, casta y clase expresadas por el burel en el momento de la lidia, esas condiciones enunciadas deben ser muy expresadas y mantenidas con el mismo ímpetu durante los tres tercios ya conocidos, además, como valor significativo, también es menester el reunir un sólido trapío (condición fenotípica), es decir belleza y armonía en su expresión. Con la primera parte, que habitualmente identificamos como condición, juego o comportamiento, se tienen ajustadas algunas características como la prontitud, la franqueza, la fijeza, la no renuncia, el perseguir de frente los “chismes” o trastos (capote, muleta), el empujar sin acusar la vara en el caballo, el llevar los belfos por los suelos (humillar) y como gran legado, siempre hacerlo con galope y alegría hasta el final, eso quiere decir, tener fondo, durar. Pues bien, en muchas ocasiones los toros, pese a reunir estas citadas características, no la sacan fuera, en la mayoría de veces, porque no se le hacen las cosas bien en la liturgia o simplemente porque se le bebe encontrar el punto de inflexión para exteriorizarlo y ahí es cuando redunda la virtud del torero.

Pues como lo acuña el veterano Novillero Hernando Gómez Díaz, “el mostro de mil cabezas” que según su lenguaje es el público aficionado de hueso colorado, que exige ver un espectáculo verdaderamente artístico, emotivo y respetuoso, vela mucho por la exaltación del toro, que a la hora de la verdad es el rey de la fiesta, y pues cuando conjugan los bureles las ya mencionadas condiciones, el público las disfruta y ve y empieza a deslumbrar un acuerdo en mayoría, pues la tauromaquia también es democrática, quien ejerza la autoridad de la corrida debe tener en cuenta la manifestación de los tendidos para poder dar un veredicto. En ese orden de ideas el Palco Presidencial viendo la masiva solicitud del Respetable, afloró el pañuelo naranja para enviar al llamado “Tentación” a la dehesa propiedad de Don Alberto Cediel… y concuerdo con Hernando “Chaval, cinco mil espectadores son cinco mil corridas” …

Dejar respuesta