Manizales: El Rey de la Fiesta Ausente

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Cuando el toro bravo no pisa el albero, por mas que se quiera es imposible apreciar el arte, la interpretación y el sentir de un artista.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

Manizales – Colombia. En la actualidad, con tantos cambios conceptuales que se le viene dando a la tauromaquia, donde muchas veces se desvirtúa la casta, la bravura, el fondo de un astado y lo dejamos en la desagradable “toreabilidad” para brindar “comodidad” en la interpretación torera y se acuñan bondades demeritorias a la lidia, hace que esta fiesta del toro bravo se vuelva mecánica, repetitiva, insulsa y aburrida. Una prueba de esta humilde apreciación es que se venga restando importancia a la suerte de varas, que se deje todo en el refilón o más triste que no se cumplan los cánones básicos: caballo en contra querencia, distancia entre montado y toro, que el encuentro sea mero trámite porque no se deja empujar al burel contra el caballo y su lomo se vaya inmaculado.

Sin ir en lanza ristre contra Don Enrique Álvarez, que casi seguro hace la mejor de las labores, él como varios ganaderos de nuestro país, le han apuntado a llevar un encaste que se ha vuelto bobalicón, insípido, que los mentores de las figuras siempre escogen para que sus toreros se alivien en la comparecencia pero que a la hora de la verdad, ya no surten el efecto, se ha perdido tantas virtudes en el toro, que ni el más experimentado pasa fatigas.

Llegó la hora de que los ganaderos reflexionen si es válido apostarle al mono encaste, si vemos en las estadísticas cada dehesa que mantiene su independencia y que llevan juiciosamente sus líneas, han dado su respectivos hitos, triunfos a toreros que han marcado el camino al éxito y que históricamente son recordados año tras año.

Lo visto ayer en el ruedo manizalita debe darnos herramientas para encausar el verdadero sentido de la tauromaquia, que sin lugar a dudas, es el de devolver la importancia al toro, pero al toro bravo, no al que hoy por hoy se indulta, sino al que de verdad alienta al valeroso, instintivo e inteligente torero. El Rey de la Fiesta está ausente y se debe invitar para potencializar la verdadera defensa de la tauromaquia.

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