JUANGUI: PISANDO LOS LÍMITES

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Redacción: Juan Guillermo Palacio

El colombiano Guillermo Valencia tomó la alternativa y abrió la puerta grande

Cali – Colombia. La feria (y nuestra tauromaquia) transita en los límites. Un encierro de Las Ventas del Espíritu Santo sin trapío, prematuro de edad, con un juego de dos tercios, o, a lo sumo, de dos embestidas en cada una de las series, aunque desaboridas, echó abajo la esperanza del primer cartel fuerte de la temporada.

El discreto juego de los toros contagió a los diestros. Para ser honestos, solo se salvó el primero, que tuvo recorrido y alegría, sin ser sobrenatural. El colombiano Guillermo Valencia, quien tomó la alternativa, aprovechó el motor “injection” del primer ejemplar y pudo completar una faena vibrante y burbujeante, fruto de una tauromaquia en formación, de buenas intenciones, pero sin fondo aún. Los invitados a la fiesta le premiaron la primera comunión (la alternativa) y presionaron a la presidencia, que, con facilismo, le otorgó dos orejas, una de ellas era el regalo. Tendrá Guillermito que buscar las herramientas para lograr embrujar, pues de eso se trata esta profesión.

José Mari Manzanares logró destilar secuencias de su afamada tauromaquia. Se vieron varios pasajes de esos muletazos en los que dirige viaje del toro a esa velocidad armónicamente simple; una ejecución particular que es difícil de explicar, pero que cuando se observa eleva de inmediato el espíritu. Lastimosamente las últimas embestidas nunca fueron menos potables.

Josemari sufrió un achuchón triple: durante un tiempo considerable estuvo a merced del cuarto toro, rebotando en los pitones. Ni Carl Sagan o Stephen Hawkin podrían explicar por qué salió ileso.

Esa cogida le dio más emoción a la faena y todo se fue conjugando -la música, la efervescencia y hasta la espada (luego de un pinchazo)- para un final que llevó a los tenidos buen sabor. Si a Guillermito le habían dado las dos orejas, es inexplicable que casi nadie pidiera una oreja para Manzanares, o que el presidente no la otorgara de forma autoritaria.

Cayetano, que había pasado en blanco en su primero, un toro sin trapío ni juego, logró con el quinto hilvanar una faena de unipases bien intencionados pero sin fondo. Es un torero que debe ir acompañado de un toro que transmita mucho, que complemente sus evidentes descoordinaciones y vacíos de formación. Le dieron una oreja. El presidente de la corrida sacó tan rápido el pañuelo, sin tomarse el tiempo necesario para evaluar, en lo que pareció más un espaldarazo al espectáculo.

Guillermito Valencia le dio al sexto una sobredosis de pases de escaso valor (el mismo del toro). Manzanares y Cayetano tampoco lograron expresarse con sus otros ejemplares. La verdad es que el maestro envió un encierro que rasó en el límite de la presentación, la edad y el juego. Salvo el primero y parte del cuarto, el resto fue una exposición de simpleza, desaborío y falta de carácter que podría ser colgada en cualquier museo.

La feria toca límites. Toros sin cédula. Abunda el 440 en el peso que anuncian las tablillas. Se echan de menos las figuras musculosas y las actitudes belicosas. Lamentablemente, el costoso reparto de toreros que ha contratado con esfuerzo la Plaza de Cali se va yendo anónimo, desaprovechado, sin justificar los elevados honorarios.

Ganaderías cada vez más cortas por la contracción de la demanda, cambios en los hábitos de alimentación, una selección laxa y débiles mecanismos de auditoría y control de la junta técnica, más todo el juego de presiones propias del capital y del poder, tendrán consecuencias que serán  contraproducentes e irreversibles. Bajar el baremo para hacer sostenible la fiesta es, a corto plazo, apuntillarla.

Síntesis del festejo:

Temporada 60 de la Feria de Cali, jueves 28 de diciembre del 2017. Tercera corrida. Día nublado. Un poco más de media plaza de asistencia. Se lidiaron toros de Las Ventas del Espíritu Santo, justos de todo, salvo el primero que tuvo más movilidad. Se cambió el segundo por manso. Guillermo Valencia (alternativado): 2 orejas y leve petición. José Maria Manzanares: saludo y saludo. Cayetano Rivera: silencio y 1 oreja.

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