Cali: La Categoría de la Plaza

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En los últimos tiempos se ha visto en los cosos taurinos del mundo unas transformaciones, que sin ser pegados a la letra, desdibujan la importancia de un escenario y su público, causando enormes disgustos

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora

Cali – Colombia. Es cierto que el mundo es cambiante pero no es cierto que los valores y los principios se trasformen, el ejemplo más claro es cuando alguien acuña “fue una mentira piadosa”, como signo de aceptación y picardía, pero a la hora de la verdad, mentir es mentir indiferente a la magnitud de lo dicho. Esa “reorganización” que el mundo actual ha venido vendiendo a través de los medios tecnológicos, redes sociales y un sin número de más de elementos como radio, prensa, televisión y otros, no tiene sino un solo sentido, la homogenización de la conducta humana para la dinámica absurda del consumo,  y vaya, sí que está causando daño y deterioro en el planeta, los medios naturales, los sentidos sociales y en la conducta humana.

Pues nuestra fiesta está siendo presa de esas apuestas macro y se le está restando importancia a unos protocolos establecidos, que por minúsculos que sean, son partes fundamentales de la tauromaquia y que a través de los tiempos, han engrandecido y proyectado la fiesta del toro bravo. Uno de los mas importantes detalles que se ha venido un poco a pique, por exigencia de algunos toreros, es el mono encaste, muchas líneas ya desaparecieron y otras están en peligro de extinción,  la verdad sea dicha, con el más profundo respeto a todos los toreros, “todo toro tiene su lidia” y no se debería estar en ese plan tan desastroso de que solo toreo estas o estas ganaderías, pienso que eso fatiga a las empresas y a los públicos.

En ese orden de ideas, ver en una plaza de primera categoría como lo es La Cañaveralejo de Cali, acciones en todo su componente, que ni en provincia se ve, es más triste, en primera instancia desestimaron la historia del coso caleño, con la remodelación se archivó el legado histórico, sus monumentos olvidados en un rincón, el ruedo sin firmeza provocando muchas incomodidades a los actuantes, refundiendo las condiciones de los astados y de paso abolieron donde ubicaba la empresa en turno a los comunicadores, que si bien no todo gozan de altos prestigios o seguidores, promueven y difunden la fiesta para que los públicos colmen los tendidos y no se vea el gris que ha marcado la Champañera esta temporada.

Lo más preocupante aún, es que en los momentos de evaluar, que si no fallo, es lo que da importancia a un recinto de liturgia taurina, se otorguen reconocimientos o trofeos sin cumplir los cánones mínimos de lo que es una plaza de primer nivel. Es cierto que el público se manifiesta y se debe tener en cuenta, pero existe la mesura y sobre todo el criterio de quien obra de presidente para no entrar en el deterioro de un ciclo taurino y de la importancia del recinto donde se hace el espectáculo. La estadística no hace el arte, jamás, lo que ha hecho y hará la prolongación de la tauromaquia será el respeto a cada legado establecido para la espectacularidad que existe místicamente entre ese bello encuentro del instinto de un animal y la inteligencia artística de un humano. Ojalá vuelva a priorizarse la importancia de la categoría de una plaza en nuestra pequeña geografía taurina.

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