Roca Rey Abruma

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El toreo limeño con dos faenas de arrebato y dominio corta tres orejas que pudieron ser cuatro y sale a hombros. Antonio Ferrera, maestro y sustancioso pudo acompañarle de haber matado mejor. Rudo encierro. 

Los de Núñez del Cuvillo, tres negros, dos jaboneros y un castaño, con sus moderados 536 kilos promedio; todos cuatreños, menos el tercero, astifinos y buenosmozos, tuvieron por consigna el no humillar. No fue altivez, fue falta de bravura. No se les picó a ley. Sin embargo atacaron y de largo, repitieron y de haberlos matado como se debe a todos, la corrida que de por sí fue pasional hubiese dado más pelo.

Andrés Roca Rey, echó arriba la feria, refrendando su caché de figura taquillera del momento y líder de contratos. Torero de todo toro. Torero del absurdo, que burla una y otra vez, impunemente, la lógica. Con su impertérrito valor desgreña los tendidos, puede, se arrima, se juega y lleva las cosas más allá de lo creíble. Tras su primera faena “Espartaco” dijo en el callejón “lo que hace este torero yo no soy capaz de hacerlo ni toreando de salón”.

Las cuatro verónicas ligadas con tres chicuelinas y la florida revolera en los medios fueron hasta ese momento, séptima corrida de la feria, lo más granado de capa. Fue su aquí estoy. Fue su llegué yo. ¿Qué Ginés retó en el quite por gaoneras? ¿Y qué? Réplica por saltilleras, descarrilando al toro en el último instante, ya en el mismo embroque, y casi saliendo cogido. Tres y larga, que acallaron de una vez por todas el multitudinario coro de la “Chica yeyé”. De rodillas con la muleta al hilo de las tablas, cinco derechas entre las cuales intercaló sorpresivamente dos por la espalda. Y la plaza que se caía.

¿Qué “Juncoso” fue dejado crudo por Prieto y se venía carialto? ¿Y qué? De largo, cinco por la derecha de prístino temple a la altura requerida. Y de allí en adelante más y más y más. Con la plaza silente ¡En Pamplona! Embraguetado, jugado en jurisdicción de cacho, con las plantas clavadas. Y por naturales. En un cambio de mano por detrás la muleta se le escapó. No fue un desarme. Cuando las embestidas perdieron empuje acortó distancia, y metido en el área de candela obligo y obligó hasta las cuatro manoletinas previas al estocadón de padre y señor mío. La petición de la segunda oreja fue monumental y su señoría don Gabriel Viedma Moreno, (concejal de UPN) la desatendió olímpicamente, con una sonrisa petrificada que parecía despectiva. De contera, las mulas como si protestaran también contra la desinteligencia, se rebelaron y pararon la corrida por diez minutos. Tiempo para reflexionar y comparar con el chorro de orejas cuestionadas que se han repartido en este serial. No puede ser.

La faena del quinto, que también pasó sin castigo en varas, no fue de menor calado. Quizá sí, de mayor exquisitez y clasicismo en el dibujo. Matizada por los repentismos e improvisaciones propias que ya son marca de su tauromaquia. Pero en todo veraz, de frente, sembrado y dando las ventajas al contrario. Nada de trampas ni cartón. “Tramposo” fue el nombre del ofensivo cuvillo. Otro estocadón en corto y por derecho y ahora sí, las dos orejas.

Antonio Ferrera, engrandeció la tarde con lidias maestras de añejo aroma. Qué gusto verlo. Suave, pausado, lento, mandón y respetuoso. Con capa y muleta. Sus quites al costado del caballo, recordando porque se llaman así. Era el encuentro de dos épocas en una tarde soleada, de lleno total y toros no pastueños. Por encima de su dos, dictó cátedra. Pero se tiró con todo, dio en hueso su frente pegó contra la empuñadura que le abrió una brecha sangrante. Volvió a pinchar, le avisaron y descabelló, saludando una gran ovación. Al cuarto le clavó la estocada arriba pero ida en contrario, cayó se levantó, sonó el aviso y descabelló para nueva aclamación.

Ginés Marín, quiso y no pudo. Su toreo afuereño, el uso innecesario del pico y su énfasis en una estética liviana contrastaron además por la falta de mando con las dos arrobadoras tauromaquias de sus alternantes. Tampoco mató con presteza y fue silenciado por partida doble

FICHA DE LA CORRIDA

Pamplona. Miércoles 11 de julio 2018. Sol y vineto. 7ª de San Fermín. Lleno. Seis toros de Núñez del Cuvillo, 536 kilos promedio, parejos, bien presentados, astifinos, ásperos y de poca raza.

Antonio Ferrera, saludo tras aviso y saludo tras aviso.

Andrés Roca Rey, oreja con petición de otra y dos orejas.

Ginés Marín, silencio y silencio.

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