México conmemora en 2026 cinco siglos de historia taurina, una efeméride que hunde sus raíces en el siglo XVI y que ha evolucionado hasta convertirse en una expresión cultural vinculada al campo bravo, la ganadería, el arte, la literatura y la vida de numerosas comunidades. La celebración ha llevado el aniversario más allá del ruedo, con exposiciones, libros, encuentros académicos, homenajes, música y festejos taurinos a lo largo del país.
Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada
Arbeláez – Colombia. Medio milenio después de aquella primera referencia histórica a la presencia de toros en una celebración de la Nueva España, México abre una página excepcional de su historia taurina. La conmemoración de los 500 años de la tauromaquia en territorio mexicano ha convertido este 2026 en un año de memoria, cultura y reflexión alrededor de una tradición que, con el paso de las generaciones, desarrolló características propias y echó profundas raíces en distintas regiones del país.
La fecha que articula oficialmente buena parte de esta conmemoración es el 24 de junio de 1526, día de San Juan. La referencia procede de la Quinta Carta de Relación de Hernán Cortés, donde se menciona que, durante su regreso de la expedición a las Hibueras, se encontraba en medio de una jornada festiva en la que se corrieron toros y se realizaron juegos de cañas. Cinco siglos después, aquella noticia adquiere una dimensión simbólica extraordinaria y sirve como punto de partida para revisar la larga trayectoria de la Fiesta Brava en México.
La historia, sin embargo, tiene matices que enriquecen la efeméride. Investigaciones históricas han señalado que el primer festejo taurino documentado oficialmente por el Cabildo de la Ciudad de México se registra el 13 de agosto de 1529, cuando se dispuso la celebración de corridas con motivo de la fiesta de San Hipólito. Esta diferencia entre la primera noticia histórica y el primer registro institucional no debilita la conmemoración; por el contrario, demuestra la complejidad de reconstruir cinco siglos de una tradición que comenzó a adquirir formas propias desde los primeros años de la Nueva España.
Desde aquellos primeros festejos hasta la tauromaquia contemporánea, el toro bravo ha ocupado un lugar central en la construcción del universo taurino mexicano. La evolución de la Fiesta no se limitó al espectáculo: alrededor del toro se desarrollaron ganaderías especializadas, plazas, escuelas taurinas, oficios, expresiones artísticas, literatura, fotografía, música y una cultura rural estrechamente relacionada con la crianza del ganado de lidia. La tradición fue adquiriendo, con el transcurso de los siglos, una identidad mexicana que hoy forma parte de la conversación cultural sobre el país.
Cinco siglos de tauromaquia también son cinco siglos de transformación. El toreo que llegó durante el siglo XVI no es idéntico al que actualmente se desarrolla en los ruedos mexicanos. Cambiaron las formas de lidiar, evolucionaron las suertes, se perfeccionó la técnica, se transformaron las plazas y adquirieron protagonismo nuevas generaciones de toreros y ganaderos. El paso del tiempo convirtió aquella tradición inicial en una expresión taurina con personalidad propia, en la que confluyen historia, campo, arte y oficio.
La conmemoración de 2026 ha encontrado además en Tlaxcala y Huamantla algunos de sus escenarios más representativos. Allí, la celebración ha trascendido la corrida para incorporar exposiciones pictóricas y fotográficas, homenajes a ganaderías, presentaciones editoriales, encuentros culturales y propuestas musicales relacionadas con la Fiesta. En Huamantla, por ejemplo, se organizó un concurso nacional para crear un pasodoble taurino dedicado a los 500 años, mientras que el Museo Taurino ha acogido una exposición dedicada a recorrer visualmente cinco siglos de tauromaquia.
En Tlaxcala, la efeméride también llegó al ruedo. Una jornada celebrada en junio reunió a ganaderos, matadores, novilleros, empresarios, aficionados y representantes de distintos sectores taurinos, con reconocimientos a casas ganaderas históricas y una tienta en la que participaron profesionales y alumnos de escuelas taurinas. El encuentro puso de manifiesto que la celebración no se limita a recordar una fecha, sino que busca mostrar la cadena humana, artística y ganadera que mantiene viva la cultura del toro.
La agenda conmemorativa ha alcanzado igualmente otras plazas. En Monterrey, por ejemplo, se programó para septiembre la “Corrida de las Tradiciones”, anunciada expresamente dentro del marco de los 500 años de tauromaquia en México, con la participación de toreros mexicanos y una ganadería nacional. De esta manera, el aniversario continúa recorriendo distintos territorios y llevando la efeméride a los tendidos, donde finalmente cobra vida uno de los lenguajes esenciales de la Fiesta: el toro, el torero y el público frente a frente.
Pero la conmemoración no se ha quedado exclusivamente en los carteles. La historia taurina también ha entrado en las aulas, los libros, los museos y los espacios de debate. La presentación de México es Taurino reunió a especialistas y protagonistas de la Fiesta para abordar la presencia de la tauromaquia en distintas regiones del país y su relación con la cultura mexicana. El volumen documenta festejos celebrados en cientos de municipios y plantea una mirada que pretende llevar la discusión desde la confrontación hacia el terreno histórico y cultural.
También el ámbito jurídico se ha incorporado a la conmemoración. Para septiembre de 2026 está prevista una jornada internacional dedicada a analizar la evolución del toro mexicano, las plazas de toros, la identidad mexicana de la Fiesta y la relación entre historia, Derecho y futuro de la tauromaquia. El programa reúne especialistas del ámbito taurino y jurídico, evidenciando que el aniversario de cinco siglos ha abierto espacios de discusión que van mucho más allá de una tarde de toros.
Y es precisamente ahí donde adquiere verdadero sentido esta efeméride. Los 500 años no representan únicamente una cuenta cronológica: representan la permanencia de una tradición que ha cambiado con México y que México también ha transformado. En sus cinco siglos de recorrido aparecen conquistadores y virreyes, cabildos y plazas, toreros y ganaderos, escritores y artistas, aficionados y nuevas generaciones. Cada época dejó su huella en la manera de entender al toro y de construir alrededor de él una cultura taurina particular.
En el campo bravo, esa historia adquiere una dimensión todavía más profunda. La crianza del toro de lidia exige territorio, selección ganadera, conocimiento y tiempo; detrás de cada ejemplar que salta al ruedo existe un largo proceso de manejo y selección. Por ello, hablar de tauromaquia mexicana implica también hablar de ganadería, de espacios rurales y de una actividad que durante generaciones ha formado parte del paisaje de diversas regiones del país.
Así, mientras los pasodobles ponen música a la efeméride, los museos recuperan imágenes, los investigadores revisan documentos y los carteles anuncian nuevos festejos, México vuelve la mirada hacia cinco siglos de tauromaquia. La efeméride permite contemplar la Fiesta desde múltiples ángulos: como espectáculo, como manifestación artística, como tradición rural, como objeto de estudio histórico y como fenómeno cultural que continúa generando debate en la sociedad contemporánea.
Quinientos años después, el eco de aquellos primeros toros sigue resonando. Ya no se trata solamente de reconstruir cómo comenzó una tradición, sino de comprender cómo logró transformarse y adquirir una personalidad propia a lo largo del tiempo. En 2026, México conmemora ese recorrido con la mirada puesta en su historia y en las preguntas que plantea el futuro.
Porque si cinco siglos caben en una efeméride, la tauromaquia mexicana demuestra que también caben en un ruedo: memoria, campo, arte, técnica, tradición y pasión. Y mientras el paseíllo continúa abriendo cada tarde la puerta de cuadrillas, la historia sigue escribiéndose entre el capote, la muleta y la presencia imponente del toro bravo.






















