Dos Orejas y Salida a Hombros para César Manotas

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En una tarde inolvidable marcada por la valentía y el virtuosismo técnico, el matador colombiano César Manotas rotuló un deslumbrante triunfo en la emblemática Feria de San Mateo en Pedro María Anaya, Hidalgo, alzándose con dos orejas tras cuajar una faena portentosa que revalida el altísimo nivel de la tauromaquia suramericana en suelo azteca.

Redacción: Juan Pablo Garzón Vásquez – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada

Lenguazaque – Colombia. La Feria de San Mateo de Pedro María Anaya, en el histórico estado de Hidalgo, vibró con una jornada de profunda emoción e intensidad taurina el pasado lunes 21 de septiembre, en la que la afición azteca fue testigo de la consagración de la torería suramericana. El diestro colombiano César Manotas dictó una auténtica cátedra de valor, temple y torería, erigiéndose como el gran triunfador de un festejo que quedará grabado en la memoria de los aficionados de esta tradicional plaza hidalguense.

Desde el lance inicial con la capa, César Manotas dejó claras sus intenciones de no dejarse nada en el tintero, saludando a su oponente con verónicas de mano baja cargadas de compás y plasticidad. La firmeza de sus plantas y la soltura de sus brazos permitieron ahormar embestidas complejas, sometiendo las condiciones del astado y fijando su andar en el platillo de la plaza con una personalidad arrolladora que de inmediato conectó con los tendidos.

El núcleo fundamental del triunfo se labró durante el tercer tercio, donde el espada cartagenero estructuró una muleta fundamentada en la distancia, la firmeza y el temple absoluto. Entendiendo la humillación y el ritmo del burel, César Manotas trazó derechazos largos y profundos, hilvanando tandas muy ligadas que hicieron crujir el redondel. No menos importante fue su desempeño al natural, citando con la muleta adelantada y ofreciendo el medio pecho para encauzar embestidas con una lentitud cadenciosa que estremeció a la concurrencia.

Para rubricar una obra de arte taurino se requiere rotundidad con el acero, y el torero suramericano no falló al momento supremo. Se perfiló en corto y por derecho para ejecutar una estocada entera en todo lo alto, marcando el encuentro con una pureza absoluta que causó un efecto fulminante. La petición de los trofeos por parte del respetable fue unánime e incontestable, obligando a la autoridad a conceder las dos orejas, lo que le permitió la merecida salida a hombros entre vítores y confirmándolo como un embajador de peso de la tauromaquia de Colombia.

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