Manotas Deja su Sello en Hidalgo

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La Corrida de Las Luces de Tecomatlán, Hidalgo, terminó con una salida a hombros de tres protagonistas, entre ellos el colombiano César Manotas, quien rubricó una actuación premiada con dos orejas en una noche de tradición, entrega y ambiente taurino.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Morawww.enelcallejon.co/ – Web Aliada

 

Arbeláez – Colombia. La noche taurina de este viernes en Tecomatlán, Hidalgo, tuvo todos los ingredientes propios de un festejo cargado de simbolismo. Con motivo de las celebraciones en honor a San Nicolás de Tolentino, la plaza registró un lleno y recibió un encierro de Huichapan, descrito por las fuentes taurinas como bien presentado y de comportamiento favorable en términos generales. En ese escenario de luces, capotes y expectación, César Manotas volvió a poner el nombre de Colombia en un lugar destacado del toreo mexicano.

El festejo tuvo además una particular riqueza en su composición, pues reunió el toreo a caballo, el toreo de a pie y la tradición de los grupos de forcados. El rejoneador Leonardo Zatarain abrió el marcador de los trofeos con dos orejas, mientras Luis Gallardo alcanzó idéntica recompensa. Pero entre los nombres que terminaron levantando los brazos al final de la corrida estuvo también César Manotas, quien consiguió dos orejas, resultado que le permitió compartir la salida a hombros con Zatarain y Gallardo.

Para Manotas, la importancia de la tarde va más allá del número de trofeos. El torero colombiano afrontó una plaza mexicana dentro de un festejo de marcado carácter tradicional y consiguió convertir su actuación en un capítulo de protagonismo internacional para la torería colombiana. En el lenguaje del ruedo, cortar dos orejas significa que su labor encontró eco en el tendido y que la faena alcanzó la dimensión necesaria para que la presidencia concediera el reconocimiento correspondiente.

La corrida tuvo, además, el componente de emoción que aporta la tauromaquia a caballo y la actuación de los Forcados de Juriquilla. El grupo protagonizó una pega al segundo intento, realizada por el cabo Víctor Velázquez, circunstancia que añadió otro momento de tensión y espectacularidad a una noche que combinó distintas expresiones de la fiesta brava.

El balance artístico dejó así una fotografía particularmente significativa: tres toreros a hombros y cuatro nombres con presencia en el resultado final. Junto a las dos orejas obtenidas por Zatarain, Gallardo y Manotas, Emmanuel Cuenca recibió una ovación, completando la nómina de actuantes de una corrida que encontró respuesta en los tendidos.

Pero si hubo una figura que merece una mirada especial desde Colombia es César Manotas. Su actuación en Hidalgo representa una de esas oportunidades en las que el torero tiene que demostrar que la distancia geográfica no disminuye la identidad de una escuela taurina. Colombia volvió a hacerse presente en México mediante la muleta de un diestro que supo aprovechar su oportunidad y convertirla en dos trofeos.

El resultado también adquiere significado al recordar la trayectoria del matador. Registros taurinos colombianos identifican a César Augusto Manotas Polo —nombre que aquí presentamos, como solicita el enfoque de esta nota, simplemente como César Manotas—, nacido el 29 de julio de 1987 y matador de toros desde su alternativa en Cali, en diciembre de 2009.

Aquella alternativa llegó en la Plaza de Toros de Cañaveralejo, de manos de Paco Perlaza, con Daniel Luque como otro de los protagonistas del cartel. La documentación taurina de la época registra aquel paso como un momento importante dentro de su carrera, cuando Manotas asumió formalmente la condición de matador de toros.

Ahora, muchos años después, el ruedo mexicano vuelve a ofrecerle un escenario para escribir otra página. Dos orejas en Tecomatlán y una salida a hombros constituyen un resultado que permite hablar de una actuación de recompensa y, sobre todo, de una noche en la que el torero colombiano consiguió hacerse visible entre los protagonistas del festejo.

La Corrida de Las Luces de Hidalgo queda, entonces, marcada por una triple salida a hombros, pero también por una noticia que interesa especialmente al aficionado colombiano: César Manotas respondió a la responsabilidad, encontró el camino del triunfo y llevó la bandera taurina de Colombia hasta el ruedo de Tecomatlán.

En una fiesta donde cada muletazo exige técnica, temple, colocación y capacidad de interpretación, las dos orejas conquistadas por Manotas son el testimonio tangible de una noche que terminó con la recompensa más buscada por cualquier torero: el reconocimiento del público y la salida a hombros.

Y así, bajo las luces de Hidalgo, Manotas volvió a demostrar que el toreo colombiano conserva argumentos para hacerse sentir más allá de sus fronteras. La tarde-noche mexicana dejó trofeos, tradición y emoción; pero para Colombia dejó además un nombre propio que merece quedar registrado: César Manotas.

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