Última de Manizales: Lo Bueno, Lo Malo, Lo Feo y Lo Que No se Vio

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Tarde pasada por agua en Manizales, con un encierro serio en presencia y un festejo marcado por el esfuerzo de la cuadrilla, la inspiración intermitente de los toreros y decisiones discutidas desde el palco. Hubo temple, detalles de feria y también errores que pesaron en los trofeos, todo bajo una lluvia que nunca dio tregua.

Redacción: Federico Baquero Toro

Manizales – Colombia. Entre el agua persistente y el barro que nunca dio tregua, la plaza fue escenario de una tarde donde el oficio, la voluntad y la verdad del toreo se impusieron a las inclemencias del tiempo. El festejo dejó al descubierto la jerarquía de quienes saben estar, los detalles que marcan diferencia en una feria y las decisiones que, desde el palco, encendieron la polémica. Bajo un diluvio constante, el ruedo habló con crudeza y sin concesiones.

LO BUENO

  • El trabajo incansable de los monosabios para mantener el ruedo en condiciones pese a la lluvia persistente durante toda la tarde.
  • El primero del festejo galopó desde el inicio, mostrando prontitud.
  • La faena templada de Castella a Luchador.
  • La vara medida y bien colocada de Matías Bernal al segundo del festejo.
  • Los silencios del público en los momentos clave, respetando la lidia.
  • Las chicuelinas de Juan Ortega tras la pica.
  • Los pincelazos de Ortega a Escribiente, una verdadera obra sobre el lienzo manizalita.
  • Garrido llevó prendido al tercero en su capote, del centro al burladero, con acierto y mando.
  • El tercio de banderillas de Alex Benavides y Héctor Fabio Giraldo al cuarto.
  • Los dos pares de Anthony Dixon al quinto, reunidos y expuestos.

LO MALO

  • La lluvia constante durante toda la tarde.
  • Castella falló con el acero en el primer encuentro con Luchador.
  • El fallo de Anthony Dixon en el segundo del festejo, primer hierro de la buena feria que lleva.
  • El populismo del palco, encabezado por Luis Bernardo Gómez Upegui, al conceder una oreja excesiva a Juan Ortega.
  • El tercero resultó un mansurrón: girando en contrario, buscando tablas y saliendo suelto en cada uno de los pocos muletazos que se le pudieron ligar.
  • Exceso de capote al cuarto.
  • Un grito destemplado desde el tendido distrajo al toro y Castella vio esfumarse la puerta grande.
  • La espada algo caída de Ortega no finiquitó con prontitud el trago amargo del toro deslucido.
    Garrido falló con la puntilla en el quinto, un toro que amargó la tarde por su condición áspera.

LO FEO

  • La caída del caballo por la cabeza de Reinario Bulla, piquero del primero de la tarde.
  • La demora en la vuelta al ruedo de Castella en medio del diluvio.
  • La tardanza de los monosabios en dar salida a las mulillas, en plena petición de una segunda oreja para Castella en el que abrió plaza.
  • La pelea brusca y sin clase del sexto.
  • La caída al callejón de Carlos Rodríguez Garrido tras clavar un par en el sexto.

LO QUE NO SE VIO

  • El encierro tuvo un peso promedio considerable.
  • El primero galopó y provocó el tumbo del picador.
  • Los banderilleros Chacón y Giraldo pasaron verdaderas afugias para dejar los palos.
  • Castella brindó su faena a la junta de Cormanizales.
  • La entendida faena de Castella a un toro noble, cercano a la media tonelada, que acudió con obediencia y calidad a cada cite.
  • Con manoletinas cerró el francés lo construido y, ya con el acero en la mano, buscó la igualada en el centro del ruedo: pinchazo en primera instancia y estocada entera, en contrario. Oreja con petición; palmas al toro.
  • Juan Ortega, con un toro obediente y noble, aunque falto de alegría, pintó un lienzo de suaves trazos en cada muletazo. Mató de estocada ligeramente caída pero efectiva.
  • El tercero, un manso sin pasado ni presente, dejó sin opciones a David de Miranda, que lo despachó con prontitud.
  • El cuarto fue entendido a la perfección por Castella en una faena de Feria que no se rubricó en el primer encuentro por una distracción provocada desde el tendido en pleno embroque. Los pinchazos se llevaron el trofeo grande.
  • Juan Ortega no tuvo fortuna con su segundo, un mansurrón sin opciones; rozó los dos avisos por culpa del puntillero.
  • De Miranda no terminó de aprovechar un buen toro, con el que pudo haber bordado una faena mayor.

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