Morante, a hombros, salva in extremis el Motín de Aranjuez

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Morante, a hombros, salva in extremis el Motín de Aranjuez

El torero suma tres trofeos con una corrida de Cuvillo muy baja de transmisión en la plaza de toros de Aranjuez y una oreja pasea Aguado.

Con las tradicionales Fiestas del Motín de Aranjuez esta espectacular plaza que ha servido de escenario también para la ficción, y no es para menos, abría sus puertas para Morante, Ortega y Aguado, coso en el que Pablo cortó un rabo allá por mayo, cuando todavía estaba todo por hacer, como si hubiera pasado un siglo. Esta plaza tiene algo. Además del peso de la historia y el toreo en las entrañas. La belleza y la incomodidad a partes iguales, como si hubiera algo intrínseco en ambas. Y entonces, con el cansancio ya de este mes de septiembre de haber deambulado de plaza en plaza, de feria en feria y habernos vistos las caras aquí y allá, cuerpo maltrecho, Aranjuez fue el lugar destino una vez más con la esperanza de seguir llenando ese espacio sagrado del que se nutrirá el frío invierno (¿he dicho infierno?), a pesar de que mañana es la vuelta al cole y es otro golpe de realidad de esta vida simétrica y ordenada por todos.

Apretaba el calor cual castigo, aunque el verdadero fue ver cómo la torería se iba diluyendo entre la falta de transmisión se la corrida de Cuvillo, que iba y venía con nobleza pero con sosería. Y así ocurrían las cosas, pero no llegábamos a superar el muermo al que nos inducía el calor, como si toda la belleza fuera atrapada por un barniz, una barrera difícil de descifrar, de traspasar. Algo así…

Morante dibujó destellos de toreo bonito a la verónica con el primero despacito, como ocurriría después con la muleta a ese toro noblón y más a modo imposible que se dejó hacer sin poner en aprietos. El de La Puebla nos dejó después belleza en el trasteo. No fue compacto sí bueno. Si hablamos de Morante es fácil comprender. Un gusto.

Dos trofeos paseó del cuarto. Apareció el genio en esos adornos improvisados ante el noble toro después de haberse puesto muy cerca del animal y con embroque tan puro que es una maravilla. No hay pase en balde. Parecía sentirse muy cómodo ahí tan cerca y ahí tan cerca acabó de encandilarnos para tirarse a matar y cobrar una estocada entera.

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