¡Toros en el Vaticano!

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¿#SabíasQue en el Vaticano también hubo corridas de toros?

Redacción: Fundación del Toro de Lidia

Coincidiendo con la visita del Papa León XIV a España, os contamos la historia, aún desconocida para muchos.

Los primeros datos de los que se tienen constancia son de 1455 cuando el Papa Calixto III (Alfonso de Borja, nacido en el seno de la Casa de los Borgia en el Reino de Valencia) la organizó para celebrar la canonización de San Vicente Ferrer.

Pero no se quedó ahí. El 2 de enero de 1492 los Reyes Católicos acabaron la reconquista de España con la toma de Granada. Para celebrarlo, aún durante el pontificado de Inocencio VIII, se celebraron varias corridas de toros tanto en la Plaza de San Pedro como en Plaza Navona.

En la primera corrida a comienzos de febrero, celebrada después de la misa, se lidiaron cinco toros por hombres armados con lanzas, en lo que los italianos denominaban la “caza del toro”. Existen registros que indican que el propio César Borgia, ilegítimo hijo de Rodrigo de Borgia, participó activamente en esas corridas.

Poco después, en ese mismo 1492, Rodrigo de Borgia fue proclamado Papa adoptando el nombre de Alejandro VI. Gran aficionado a los toros, durante su papado continuó con estas celebraciones. No hay que olvidar que el escudo de la familia Borgia incluye un toro, símbolo de fuerza y tenacidad.

Esta tradición terminó finalmente con el Papa San Pío V, quien el 1 de noviembre de 1567 promulgó la famosa bula «De Salutis Gregis Dominici» que prohibía las fiestas en las que se corrieran toros o fieras, impidiendo además que participaran clérigos y dar cristiana sepultura a quienes murieran en ellas. Una bula que Felipe II ignoró en España, dada cuenta de la importancia de la tauromaquia para el pueblo.

Con Gregorio XIII, sucesor de Pío V, la Iglesia modificó su posición apostillando que no se dieran corridas los festivos religiosos y que se evitara, en lo posible, cualquier muerte de personas. Finalmente en 1596 Clemente VIII promulgó “Suscepti numeris” en la que suprimió y derogó la pena de excomunión y anatema en los “Reinos de las Españas y exceptuando los monjes, hermanos mendicantes y a los demás regulares cualquier Orden e Instituto”, reiterando que las corridas no se celebran en festivos y con las precauciones oportunas para evitar la muerte “de alguna persona”.

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