Castella Pincha su Quinta Catedral

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Castella Pincha su Quinta Catedral

Bajo la lluvia perrunas de toda l tarde y con una plaza llena hasta el tejadillo se cumplió el último festejo de la Feria Taurina de Manizales 2025, la Feria que hizo las Ferias en América, en su edición 71. En el cartel tres toreros foráneos, dos de ellos por el camino de las sustituciones. Sebastián Castella, que pinchó su quinta catedral, Juan Ortega que mostró su torería y David de Miranda, desaprovechó el último de la Feria.

Bajo la lluvia perrunas de toda l tarde y con una plaza llena hasta el tejadillo se cumplió el último festejo de la Feria Taurina de Manizales 2025, la Feria que hizo las Ferias en América, en su edición 71. En el cartel tres toreros foráneos, dos de ellos por el camino de las sustituciones. Sebastián Castella, que pinchó su quinta catedral, Juan Ortega que mostró su torería y David de Miranda, desaprovechó el último de la Feria.Se lidió una corrida de muchos kilos, de la dehesa de Ernesto Gutiérrez, varios de ellos de muy buenas embestidas.

El ruedo en dos tonos, el gris de la arena tradicional y el color amaderado del acerrin que tuvieron que echar  para recoger en algo la humedad.

Sebastián Castella – Rosa. Oro y cabos blancos.

El France saludo a un negro astado de 488 kilos, muy en el tipo de la casa. Poca capa a uno que galopaba, pese a su apariencia,  la caja pequeña de l dehesa se veía apretadito de carnes.

Brindó a las directivas de Cormanizales y empezó su lidia en los bajos del tendido de sombra. Una primera tanda con muletazos a media altura, llevándose el toro a los medios.

Con mucha suavidad Castella tiraba del ejemplar, noble, codicioso y humillando. Inteligencia en Sebastián al alejarse para dar distancia y tiempo para que Luchador tomara aire y se se recuperara.

Las tandas fueron templadas y con toro que hacía el avión, persiguiendo el engaño.

La mano izquierda del francés vino de atrás para embarcar las embestidas que seguían con armonía. Entretanto, el pasodoble y más muletazos de calidad.

La espada en el centro del ruedo encontró hueso y luego un camino despejado. Una oreja entregó el palco, justa y con petición de una segunda. Palmas al toro.

El cuarto, fue Boyardo, un negro de 464 kilos, al que Castella saludó por suaves delantales. Las verónicas también adornaron el tercio en el centro del ruedo. Muy poca vara.

En todo el centro, para cuatro cambiados por la espalda, combinados con muletazos por alto y otros por bajo dejando desmayada su humanidad para ver pasar las embestidas del de 464 kilos.

En medio del diluvio, las palmas del público y la banda con Manolete, hacían juego para acompañar los buenos muletazos ejecutados por Sebastián, los oles alargaban el recorrido, cada vez que el toro veía el paño rojo. Todo en el centro del ruedo.

Castella bajaba la mano cada vez más y estalló el público, el pasodoble cambió a Feria de Manizales, oles y más oles, muletazo, tras muletazo. Sebastián fue por el acero y la música no cesó. El público aplaudía, gritaba y disfrutaba de una excepcional faena.

La tradicional máquina de embestir de Gutiérrez y la maestría del cuatro veces triunfador de la Feria.

No había pañuelos, pero los gritos de no, al buscar el acero. El torero francés se dejó contagiar de la euforia colectiva y demoró demasiado la suerte. Pinchó en tres ocasiones para luego sepultar el acero. Castella pinchó quizás la que hubiese sido la faena de la Feria y su quinta réplica de la Catedral.

Juan Ortega – Salmón, oro y detalles en blanco

El  acartelado saludo con laves suaves al negro Escribiente, de 510 kilos, las verónicas hasta el centro del albero. Quites por chicuelinas luego de la vara, en medio de un profundo silencio.

Sin brindar, en en medio de las líneas concéntricas Ortega inició por alto una faena en la que expresó mucho, tomó distancia y fue templando las embestidas de una en una, logrando llevar templado al toro.

Con obediencia Escribiente acudía a los cites y con cada muletazo un modelo para pintura, por la estética y la suavidad de los mismos. Petición y una oreja justa.

Saludo al quinto del festejo con una larga cambiada seguida de verónicas y un farol, todo de buena calidad.

Brindó al público que impávido permanecía en los tendidos pese a la pertinaz lluvia. Tomando con su mano izquierda las tablas inició por alto a lidiar a Alifanfaraón.

El toro un poco distraído acidia a la muleta planchada de Ortega sin mayor alegría, incluso echando la carita arriba al final de los muletazos.

La muleta pidió cambio por lo entrapada, mientras que Ortega seguía porfiando. La espada llegó y el español dejó todo el frío acero en las carnes. Dos avisos por culpa del puntillero.

David de Miranda – burdeos y azabache.

El matador que se ganó su inclusión en el cartel gracias a su primera actuación, donde cortó tres orejas y salió triunfador, saludó a Campanillo, un negro de 470 kilos.

Brindó al público y en el centro del ruedo cito para iniciar por estatuarios, tuvo que reducir las distancias y torear por bajo.

La faena duró muy poco, el astado un manso que no dio nada de posibilidad, mató de estocada rápidamente efectiva.

Para el cierre del festejo y la Feria saltó al ruedo Azulejo de 504 kilos, un negro que acudió al capote con presteza, repitiéndose con codicia.

Brindó al público y en el centro cito por alto, en cuatro ocasiones para luego bajarle la mano un embarcar en redondo.

En seguida retomó en tandas que se robaron los oles del mojado público. Tandas de cuatro o cinco muletazos y el remate. Todo en el centro del ruedo.

La faena encrecho en cantidad y calidad, De Miranda sacó buen partido del Gutiérrez. La banda acompañó la lidia y el público coreó cada muletazo. Mato de  estocada completa y una oreja

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