El toreo a gritos / El Domingo en la Santamaría

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A la afición bogotana le gustan más los toreros que los toros. Y dentro de los toreros, las “figuras”, que cuando han llegado a serlo lo que les gusta de los toros es la “toreabilidad”.

Redacción: Antonio Caballero  Foto: Manuel Alzate eltiempo.com

A la afición bogotana le gustan más los toreros que los toros. Y dentro de los toreros, las “figuras”, que cuando han llegado a serlo lo que les gusta de los toros es la “toreabilidad”: es decir, que sean bondadosos y nobles y se dejen torear. Por eso a los toros de Mondoñedo, que suelen salir bravos y fieros, no se les suelen medir las figuras, sino los toreros modestos; en este caso, el joven colombiano Juan de Castilla y los dos veteranos españoles Fernando Robleño y Octavio Chacón. Y, por eso, este domingo no se llenó la plaza como el anterior, sino que hubo solo media plaza para ver los toros.

Toros serios, con cara y con edad, bien hechos. Muy bello el segundo, que luego salió manso de solemnidad, dando lugar a un larguísimo sainete de puyazos fallidos y banderillas puestas a la carrera. Robleño solo pudo ponerle valor a su trasteo.

Los dos mejores le tocaron a Juan de Castilla, que toreó muy bien al tercero con la capa y la muleta, y le cortó una oreja al sexto, el más terciado del encierro, de un fulminante espadazo. Pero en su conjunto, a la corrida le faltó esa emoción que ponen los mondoñedos encastados de las buenas tardes. Sin embargo, ninguno se rajó, y hasta el manso se creció en la muleta. Pero faltó emoción. Opinaba el ganadero: “Les faltó alegría”. Otros podrían decir que les sobró sosería. Pues así se juzga casi siempre el juego de los toros: hay división de opiniones.

También le cortó una oreja Robleño a su segundo toro, demasiado picado tal vez. Un toro al que supo arrancarle embestidas dando grandes voces. Las mismas grandes voces con que toreó Octavio Chacón a los dos suyos, con ganas pero sin mucho lucimiento.

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