El ‘Gordo’ y el costeño se baten el domingo en la Santamaría

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Redacción: Felipe Motoa Franco – @felipemotoa – eltiempo.com

Bogotá – Colombia. El toro arrancó desde las tablas. Sebastián Castella (Francia) lo esperaba en la mitad del ruedo de la Santamaría y movía su capote para burlar la embestida. Pero un error de cálculo provocó que el animal se lo llevara por delante: el hombre forrado en luces parecía una lámpara que cae del techo, sus pies a la altura de la cabeza, y mordió la arena. Los subalternos acudieron, distrajeron al astado y el matador se puso en pie. Aturdido pero envalentonado, logró hacer la faena para un público que gritaba de emoción. Lo premiaron con dos vueltas al ruedo.

El festejo será mañana, con toros que llegan de la ganadería Ernesto Gutiérrez, desde los páramos de Manizales que colindan con el nevado del Ruiz. Son atletas que embisten como si les activaran un chip, ideales para el lucimiento de los matadores, aunque algunos aficionados les critican su cornamenta poco aguda.

Con las banderillas actuarán los subalternos que se baten por ganarse el favor de los tendidos. Hernando ‘Gordo’ Franco y Carlos Manuel Rodríguez ‘Garrido’ son dos de los más reconocidos. El primero es un veterano, uno de los que actuó en los tiempos de César Rincón; cuando pisa el ruedo la gente grita “¡gordo, gordo!”.

El otro es joven e intrépido, salta como un gimnasta y no son pocos quienes lo consideran el mejor del momento; siempre sale aplaudido.

En la fiesta brava se acostumbran corridas de mano a mano entre dos rivales consumados, en esta historia nos permitiremos un duelo entre dos banderilleros.

Garrido, talento que salió de la corraleja

Nombre: Carlos Manuel Rodríguez (26 años).

Origen: 
Montelíbano, Córdoba. Allí tomó afición por los toros, en las tradicionales corralejas de la costa norte. Su padre, Marcelino, toreaba en esos eventos y llevaba a su pequeño a verlo esquivar la muerte.

Apodo: Garrido. Se lo puso un mentor en la Escuela Taurina de Antioquia, en homenaje a un amigo fallecido.

Formación: 
desde chico en las corralejas, y desde el 2005 en Medellín; se formó junto con toreros como Sebastián Ritter, Luis Miguel Castrillón y Juan de Castilla.

Banderillero: fue novillero en provincia; tenía condiciones artísticas, pero no el recurso económico para viajar a España. Casi vuelve a Córdoba, pero un amigo lo llevó a vivir en Bogotá, donde se hizo banderillero. Su examen lo pasó en el 2013, en Manizales.

Sentimiento: “Uno piensa todo el día en el toro y es una ilusión que la gente se pare a aplaudirte. Aparte de las banderillas, me gusta torear con el capote”.

Cornadas: 8, en corralejas. En una el toro le atravesó el muslo derecho. También suma cicatrices en ambos glúteos y en la axila.

Domicilio: Bogotá, barrio Palermo (Teusaquillo).

Otro oficio: comerciante. Parte del dinero que recoge en las corridas se lo da a sus padres, por quienes responde. También compra ropa y la comercializa.

¿Miedo’: “Uno lleva temor frente a un toro; pero me da más temor no responderles a los toreros y al público que paga su boleta”.

Hernando, 100 kilos de peso en acción

Nombre: Hernando Franco Prieto (46 años).

Apodos: Gordo y Boterito. Así lo bautizó la afición.

Origen: Bogotá, criado en La Perseverancia.

Tradición: desde niño lo llevaron a la Santamaría; su abuelo y tíos eran mayorales (cuidaban el ganado en la plaza), y su madre aseaba después de las corridas mientras el bebé dormía en un coche, allí mismo.

Formación: a los 12 años se puso frente a una vaquilla y a los 15 debutó como novillero. A los 28 optó por ser banderillero y debutó en una corrida con el rejoneador Juan Rafael Restrepo, en el 2001 (Bogotá).

Cornadas: 10. La última bajo la axila (2017), el toro lo revolcó como a un muñeco de trapo. La más dura le ocurrió en Cali, cuando un astado le penetró el muslo y el pitón le rozó la arteria femoral; Franco se resbaló y quedó expuesto: “Se paga con puntos de sutura”.

Sentimiento: “Temo quedar mal ante la gente que grita ¡gordo, gordo! El triunfo es cuando a uno lo aplauden, es como cortar una oreja, porque soy un artista que vive del público. A la afición le gusta cómo lo hago, cómo salto, porque se preguntan cómo lo hace un hombre tan gordo. Tengo problemas de obesidad, pero la gente me comprende”.

Otro oficio: 
daba clases de tauromaquia; tras las prohibiciones de años anteriores, trabaja en fincas de ganado bravo. Responde por su esposa y dos hijos.

Toro: “Es como un mito. Cuando lo veo en sueños, me da miedo; cuando lo enfrento en la plaza, lo comprendo. Produce alegrías y tristezas, es un animal fuera de lo común que te puede quitar o dar vida”.

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