POOONCEEEE!!! JULI! JULI. MONUMENTAL MANIZALES

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Redacción: Tomás Mondragón Ortiz

Manizales – Colombia. Lo que se vivió en la Monumental Plaza de Toros de Manizales, quedará para la historia, una tarde en la que dos tauromaquias se enfrentaron y pusieron de acuerdo a los quince mil aficionados que abarrotaron los tendidos. Las faenas de orejas, las mismas que la espada no permitió cortar en su totalidad y una por allí que el presidente no juzgó.

Los toros de Don Miguel y don Marcelo Gutiérrez, padre e hijo, fueron todos negros, parejita de presentación, con cuajo y justa de pitones. No fue brava, pero tuvo movilidad y repetición, la nobleza y la calidad esperada, buscada, afianzada y garantizada en alto grado, la corrida en tipo despertaba el comentario de: “hoy se van a dar un banquete Ponce y El Juli”, banquete que nos fue servido a todos, sensaciones y momentos de esos que quedan grabados, más allá de la retina.

Su majestad Enrique Ponce, consiguió, lo que jamás había ocurrido, Jamás!!, que en cada una de sus actuaciones de una tarde, en este caso ante tres ejemplaras, pudiera bordar de manera magistral su más alta expresión artística.

Templado y mandón desde la primera suave verónica, y la repetición de una y otra para llevar a un ejemplar que apenas humillaba, en el quite el toro estuvo distraído y sin mucha codicia, midiendo en banderillas. El de Chiva, lo brindó, le instrumentó un pase por alto y luego cuatro derechazos por bajo, mandando, consintiendo y llevándolo a los medios, en donde firmó su primera parte con un cambio de mano exquisito.

Una tanda rematada de largos derechazos, punceando en el medio del pase, sostenía y conducía al toro mientras alargaba los oles. Atacó la música desde lo alto, jugó con las alturas en una nueva tanda; luego los naturales!!, que largos fueron, lo enganchaba adelante, y a medio camino levantaba la muleta. Circulares lentos, pausados, toreros, a dos tiempos y a dos toques.

El toro fijo y pronto, totalmente entregado, mostraba codicia. Soportó una tanda más honda de naturales, y se ordenó el pasodoble Feria de Manizales. Se puso en pie la plaza, tras sublimes derechazos. Indultó y dos orejas.

Su segundo fue un toro que quería irse, muy sueltito y buscando tablas, se dobló con él en el tercio y luego le instrumentó verónicas al ralentí, luego las tafalleras, cerca de las tablas y allí el toro rajado.

Se dobló consentidor, torero, le dejó la muleta en la cara, le tapó la salida, unas tres veces y después no tuvo más que hacer el de Gutiérrez que dedicarse a embestir, una y otra vez, circular en cuatro tandas, la Poncina con el capote, la suavidad, la torería le grito de torero!, torero!. La espada fue caída, el palco largamente concedió las orejas.

Su tercero, tras cuatro orejas cortadas, fue un toro más parado, sin codicia, se hizo a él con mucho temple, estructuró una faena de más improvisación y pero sin menos detalles, sobrio, mandón, alargó naturales y derechazos. Ponce sabe mucho y a tanto… nuevamente una faena de altura, de monumental de Feria de Manizales. El público en pie y el grito de Torero! Torero! Y de Pooonceeee!! Pooonceee!!. Una tarde mágica, donde Ponce no soñó el toreo, lo plasmó en cada trazo de capote y muleta, de naturales, de derechazos, de forzados, en pie y de rodillas. Fue sin lugar a dudas, para él y para los asistentes, una de sus mejores tardes.

El segundo de la tarde tuvo poca fuerza y ganas de irse, El Juli, dictó también su catedra de tauromaquia, se embraguetó, le contempló por ambos pitones, le sometió por bajo y nunca más lo dejó ir, al final le dio el tercio, solo para que tuviera la movilidad suficiente para repetir embestidas por ambos pitones, sereno, templado, muy torero el español, nadie entendió por qué no sonó el Feria de Manizales y la espada no le permitió tocar pelo.

En el cuarto, una tensa expectativa se hizo presente, su rival de mano a mano llevaba cuatro orejas, y él no había podido matar, le recibió con larga cambiada, le dio muhca tela y recorrido en las verónicas, instrumentó cacerinas al paso para llevarle a la cabalgadura donde recargó el astado. Buena lidia y saludos en banderillas de Mejía y Santana.

Lo pasó por alto a pies juntos, largos derechazos a un toro encastado, por bajo fueron los naturales templadísimos, soltó la espada para instrumentarlos por ambos pitones. Fue un Juli extraño, todo perfecto, pero sin disfrutarlo a plenitud, la presión desapareció con el estoconazo y las dos orejas.

Sabiendo que saldría a hombros, que era lo menos que ya podía pasar, su rival con cuatro orejas y el con dos, salió a buscar el empate, un ejemplar apagadito, pero una carretita, mandón, alegre, hizo sonar la música, naturales largos, y el grito de torero! Torero!, un sinfín de derechazos hicieron sonar el Feria de Manizales, mucho más relajado, toreo, improviso, deleito, se gustó e hizo que el grito de Juli!! Juli!! Se hiciera presente. La espada nuevamente no entró como debía.

Manizales ha vivido una tarde de emociones y sensaciones de dos tauromaquias de las caras, un mano a mano bien apostado por Cormanizales, que al final dejó todo el sabor de fiesta brava en la capital más taurina de Colombia.

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