EL APUNTE DE JUANGUI: LUTO BAJO LA LLUVIA

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Redacción: Juan Guillermo Palacio

Santiago Fresneda cortó la única oreja de la novillada de la Feria del Café manizaleña en una tarde en la que el recuerdo de Andrés de los Ríos estuvo todo el momento presente.

Manizales – Colombia. La muerte se había metido sin ser invitada en el amanecer. Un torero de la tierra, un matador, se había propinado la suerte final. El cielo de Manizales estuvo de luto desde entonces. Las nubes espesas se acumularon y vaciaron sus entrañas sobre la plaza donde Andrés de los Ríos fue feliz.

Los trajes apagaron sus luces por una tarde y se llenaron de humedad para que la fiesta continuara, para que sus coleguitas menores, que lo veían como un referente, pudiesen lograr el mismo sueño que es torear.

Los toros de Achury, una corrida por peso, trapío y edad, la que esquivan los que tienen alternativa y pasta, esquiaban en el lodo y generaban olas de agua cuando remataban en los burladeros. Los tobillos de los toreros se hundían en la arena movediza.

La obsesión por la interpretación de los códigos y las leyes, algo tan colombiano, se puso por encima de la razón y la novillada siguió adelante, una decisión injustificada y riesgosa de la presidencia que cargó durante horas con la responsabilidad de la vida de los actuantes.

Nos hay muchas cosas que decir porque en semejantes condiciones los toros arrean, los toreros hacen lo que pueden, los matices se pierden y la corrida se homogeniza bajo un solo leit motiv: la supervivencia. Solo que la personalidad multifacética y espontánea de Santiago Fresneda, heredada de su padre, Gitanillo de América, logró revertir las condiciones antagónicas de la tarde y ofrecer chispazos de alegría. No con una tauromaquia estilizada, que la intentó, sino con los mismos recursos con los que nos sedujo su padre: variedad, ritmo y teatralidad, recursos que le dieron la única oreja de la tarde.

Sebastián Cáqueza y Andrés Bedoya apostaron más por hacer la parte seria. Lo lograron por momentos. Más placeado y encajado el primero, y pinturero el segundo, aunque con momentos de descoordinación y sobredosis de toreo por alto.

Cáqueza dibujó los mejores muletazos, aunque después de ejecutarlos se embarullaba. Pero ahí quedan. Bedoya acompañó las embestidas con apasionamiento, aunque aún se le nota la crudeza.

Los tres jóvenes se jugaron la vida. Nada más respetable que pararse delante de semejantes pitones con el riesgo permanente de resbalar. Habrá otros momentos más oportunos y calurosos para someter a evaluación sus tauromaquias.

Tranquilo debe estar el ganadero Felipe Rocha. La ética de la presentación es su forma de ser. A pesar de embestir en el barro, expresaron la clase que tiene su criador. Los tres primeros toros con juego: tercero, primero y segundo si se ordenan de manera descendente. Los otros tres se fueron a menos y uno, el sexto, precozmente se rajó.

Todavía llueve en Manizales. El páramo despide con lluvia a sus hijos más ilustres mientras quienes quieren serlo se jugaron la vida. Esta noche, todo es llanto… y humedad.

Síntesis del festejo:

Temporada 63 de la Feria de Manizales. Martes 9 de enero del 2018. Tercer festejo, novillada. Lluvia permanente. Casi media plaza. Se lidiaron novillos de Achury Viejo, serios, cuajados, varios cuatreños, con peso y edad. De juego disparejo, destacaron primero y tercero. Segundo y quinto aceptable. Cuarto y sexto buscaron tablas. Sebastián Caqueza: palmas y palmas. Andrés Bedoya: palmas y palmas tras aviso. Santiago Fresneda: 1 oreja y silencio tras 3 avisos.

La Feria de Manizales continúa el miércoles 10  de enero con los toros de Paispamba para Leandro de Andalucía, Juan de Castilla y el debut de Román.

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