Las Ventas vivió entre el viernes 2 y el domingo 4 de octubre tres corridas de toros de marcado contraste, con Alcurrucén, Victoriano del Río y Victorino Martín como protagonistas ganaderos y con Diego Urdiales, Fortes, Christian Parejo, Emilio de Justo, Víctor Hernández, Marco Pérez, Uceda Leal, Paco Ureña y Borja Jiménez afrontando la exigente ecuación de Madrid. Tres tardes en las que el toro, la técnica, el valor y la personalidad volvieron a medir la verdad del toreo en el ruedo venteño.
Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada
Arbeláez – Colombia. La Feria de Otoño de Las Ventas entró en su tramo de máxima intensidad con tres corridas consecutivas que ofrecieron registros muy diferentes, pero un denominador común: la categoría de una plaza que no concede nada gratuitamente y que convierte cada muletazo en una prueba de autenticidad. Entre el viernes 2 y el domingo 4 de octubre, el ruedo madrileño recibió tres encierros de importantes divisas y reunió a toreros de conceptos, generaciones y trayectorias distintas, configurando un tríptico taurino donde el comportamiento del toro terminó marcando, como casi siempre en Madrid, el verdadero guion de cada tarde.
VIERNES 2 DE OCTUBRE: ALCURRUCÉN ABRE EL PULSO CON MADRID
La primera de estas tres jornadas tuvo como protagonista ganadero a Alcurrucén, con Diego Urdiales, Fortes y Christian Parejo en el cartel. La tarde estuvo condicionada incluso por la meteorología, pues un fuerte aguacero obligó a detener momentáneamente el festejo después de la lidia del primer toro. Sin embargo, ni la lluvia ni la dificultad de una corrida que exigió oficio impidieron que apareciera uno de los argumentos más sólidos de la jornada: el toreo clásico, pausado y de enorme pureza de Diego Urdiales.
Urdiales dejó especialmente patente que en una plaza como Madrid la profundidad no necesita artificios. Su actuación estuvo marcada por la calidad con el capote y, de manera especial, por una faena al natural en la que consiguió imponer ritmo, verticalidad y limpieza. La crónica oficial de Las Ventas destacó también sus quites y medias verónicas, momentos que encontraron una respuesta especialmente significativa en los tendidos madrileños. Fue una tarde en la que el torero riojano volvió a reivindicar el valor de la tauromaquia reposada, aquella que se construye desde la colocación, el temple y la capacidad de interpretar las condiciones del animal.
El comportamiento del conjunto de Alcurrucén terminó estableciendo diferencias y limitando las posibilidades de la terna. Fortes tuvo que enfrentarse a una corrida que no le permitió desarrollar plenamente su concepto, mientras Christian Parejo encontró momentos para mostrar disposición y entrega. El balance dejó claro que en Madrid no basta con querer: hay que saber leer al toro, administrar sus tiempos y convertir cada virtud, por pequeña que sea, en argumento de faena.
SÁBADO 3 DE OCTUBRE: VICTORIANO DEL RÍO PONE A PRUEBA LA CONFIRMACIÓN DE MARCO PÉREZ
La segunda jornada del tríptico fue, probablemente, una de las más esperadas. Victoriano del Río puso los toros y el cartel reunió a Emilio de Justo, Víctor Hernández y Marco Pérez, este último ante uno de los momentos capitales de su todavía joven trayectoria: la confirmación de su alternativa en Las Ventas. La expectación quedó reflejada en el ambiente de la plaza, que registró una asistencia de 22.964 aficionados, según la información recogida por la crónica de la jornada.
El encierro presentó diversidad de capas, hechuras y comportamiento. Entre los ejemplares sorteados figuraron “Despreciado”, “Gorrión”, “Bochornoso”, “Tallisto”, “Coplero” y “Ebanista”, con pesos comprendidos entre los 560 y los 625 kilos. El primero, “Despreciado”, fue precisamente el toro de la confirmación de Marco Pérez.
La tarde tuvo así un componente especialmente simbólico. Marco Pérez confirmó su alternativa en una plaza donde la etiqueta de promesa deja de tener valor y comienza la obligación de responder como matador de toros. El torero salmantino afrontó el compromiso con entrega y disposición, pero Madrid volvió a recordar que la confirmación no es únicamente una ceremonia: es una auténtica reválida profesional. El balance se saldó con división de opiniones y silencio para el torero, mientras Emilio de Justo y Víctor Hernández tampoco encontraron el escenario propicio para convertir sus respectivas actuaciones en triunfos.
El comportamiento del ganado fue determinante. Hubo un primero colaborador y noble, un segundo más manso y huidizo, un tercero de fondo limitado, un cuarto con movilidad, aunque venido a menos, un quinto distraído y un sexto bronco y defensivo. La corrida exigió inteligencia, capacidad de adaptación y mucha técnica, porque las condiciones cambiantes de los animales redujeron considerablemente el margen para el lucimiento.
Pero quizá ese sea precisamente uno de los valores de una tarde como esta: Madrid no fabrica triunfos artificiales. El torero tiene que conquistarlos. Y si el toro no permite la faena soñada, la plaza también sabe valorar la capacidad de luchar contra la adversidad, de mantenerse firme y de no abandonar la responsabilidad adquirida al cruzar la raya de chiqueros.
DOMINGO 4 DE OCTUBRE: VICTORINO MARTÍN Y LA LEY DEL TORO ENCASTADO
El domingo llegó el turno de una divisa que, por sí sola, modifica la temperatura de cualquier cartel: Victorino Martín. Frente a sus toros hicieron el paseíllo Uceda Leal, Paco Ureña y Borja Jiménez, en la cuarta corrida de la Feria de Otoño. Las Ventas registró lleno de “No hay billetes”, prueba del enorme interés que despertó una combinación en la que el toro encastado volvía a ocupar el centro absoluto de la escena.
La corrida ofreció, como corresponde a una tarde de esta naturaleza, diversidad de comportamientos y un elevado nivel de exigencia. El primero fue encastado y buscón; el segundo mostró bravura con la fuerza medida; el tercero ofreció colaboración; el cuarto mantuvo la casta buscando al torero; el quinto desarrolló un comportamiento bronco y el sexto resultó especialmente peligroso. Es decir, una corrida que obligó a los toreros a mantenerse permanentemente alerta y que redujo al mínimo cualquier posibilidad de improvisación.
En ese escenario emergió Borja Jiménez, que encontró la llave del encierro en su primer toro. Su faena tuvo como eje el toreo al natural, alargando las embestidas y demostrando capacidad para mandar sobre un animal que exigía firmeza. El sevillano no se dejó dominar por la condición del toro y convirtió la exigencia en argumento, culminando su actuación con una estocada de efecto fulminante que le permitió cortar una oreja.
También Paco Ureña dejó momentos de gran importancia con la mano izquierda ante su primero, especialmente por la pureza y el ajuste de sus naturales. Su segundo enemigo, sin embargo, elevó considerablemente el riesgo y llegó a alcanzar al banderillero Álvaro López “Azuquita”, circunstancia que reflejó hasta qué punto la corrida de Victorino Martín obligó a vivir la lidia desde la máxima concentración. Uceda Leal, por su parte, encontró en su segundo toro momentos de calidad al natural después de una primera faena ante un ejemplar que apenas permitió asentarse.
El resultado artístico fue, por tanto, desigual, pero la tarde tuvo un mérito incuestionable: el toro volvió a ocupar el lugar central que le corresponde en la tauromaquia de máxima exigencia. Victorino no regaló caminos fáciles y los toreros tuvieron que construir sus actuaciones desde el conocimiento, el valor y el dominio de los terrenos. Borja Jiménez fue quien mejor tradujo esa dificultad en triunfo, mientras Ureña y Uceda dejaron sobre el ruedo la dimensión de dos toreros capaces de afrontar el compromiso sin esconderse.
TRES GANADERÍAS, TRES CONCEPTOS Y UNA MISMA SENTENCIA: MADRID
El recorrido de estas tres tardes permite establecer una lectura interesante de la Feria de Otoño. Alcurrucén planteó una primera batalla de oficio y adaptación; Victoriano del Río puso sobre la mesa la variedad de comportamiento y la enorme responsabilidad de una confirmación; y Victorino Martín llevó la exigencia hasta terrenos donde el valor y la técnica resultan inseparables.
También los toreros ofrecieron respuestas diferentes. Urdiales reivindicó la profundidad y el clasicismo; Marco Pérez afrontó el aprendizaje más severo que puede ofrecer una plaza de primera; y Borja Jiménez convirtió la exigencia de Victorino en una actuación de triunfo. En medio, nombres como Fortes, Christian Parejo, Emilio de Justo, Víctor Hernández, Uceda Leal y Paco Ureña tuvieron que enfrentarse a una realidad que define la tauromaquia madrileña: cada toro obliga a empezar de nuevo y cada faena debe ganarse desde cero.
Y esa es, en definitiva, la grandeza de Las Ventas. No se trata solamente de una plaza monumental ni de un escenario de grandes carteles. Es un tribunal taurino donde el toro conserva una autoridad extraordinaria y donde el público distingue entre la intención y la obra terminada. Durante estas tres jornadas de otoño, Madrid volvió a demostrar que el espectáculo taurino adquiere toda su dimensión cuando existe incertidumbre, cuando el animal plantea preguntas y cuando el torero debe responderlas con la muleta, con la espada y, sobre todo, con la verdad de su concepto.
Tres tardes, tres ganaderías y nueve toreros dejaron sobre el ruedo de Madrid una nueva lección de tauromaquia: en Las Ventas el nombre puede abrir la puerta, pero únicamente el toro y la capacidad del torero pueden escribir la última palabra.






















