La corrida en Las Ventas dejó una tarde memorable, con toros bien presentados de El Torero y destacadas actuaciones de Diego Urdiales, Fortes y Fernando Adrián. Urdiales brilló con su toreo clásico y elegante, Fortes emocionó tras superar dos cogidas y Adrián salió por la puerta grande tras cortar dos orejas, en una jornada marcada por el arte, la valentía y la emoción del auténtico toreo.
Redacción: Víctor Diusabá Rojas – https://www.agronegocios.co – Web Aliada
Madrid – España. Todo en una tarde. Encierro de presentación impecable del hierro El Torero, con las más diversas expresiones de lo que es el auténtico toro de lidia. También, puerta grande, no exenta de polémica, para Fernando Adrián, quien cortó de a oreja en cada turno y se fue a hombros de la Plaza de Las Ventas. Además, esencias del maestro Diego Urdiales que rindieron homenaje a San Isidro en su día. O sea, toreo macizo y de época que el riojano suele dejarnos para siempre. A lo que hay que sumar la exposición de un artista llamado Fortes, quien olvidó las huellas del dolor de dos cogidas para dibujar arte caro y eterno, premiado con un trofeo. Y miedo y suspenso cuando el banderillero Curro Javier quedó a merced del sexto de la tarde, que lo hirió, menos mal, sin graves consecuencias.
Sí, hubo en Madrid tres orejas cortadas. Pero, más allá, una corrida de toros y toreros en toda la extensión de la palabra.
Y es que desde un comienzo las cosas pintaron en grande, como ese tío primero, además con muchos pitones, que no fue nada claro de salida. Aparte, el viento hizo más compleja la situación para Diego Urdiales. Eso, sin contar la falta de calidad en las embestidas del ejemplar. Conclusión: perentoria necesidad de abreviar. Así lo hizo el nacido en Arnedo, de buen espadazo.
Una media verónica de colección dejó Fortes en su saludo capotero al segundo de la corrida, otro bien armado. Pero, enseguida, el toro se metió por dentro y lo arrolló, causándole una herida en el rostro. No terminaron los inconvenientes para el nacido en Málaga, de nuevo fue cogido, ya muleta en mano. Igual, volvió a ponerse ante un enemigo que lo tenía en la mira. Una espada entera puso fin al drama. Pasó a la enfermería donde fue tratado de cornada.
Verónicas en mayúsculas las de Fernando Adrián al muy serio y bello tercero, variado de pelaje, que repitió con gusto en los lances con que le saludaron. El quite de Diego Urdiales confirmó la calidad del ‘Encarcelado’ con el hierro de El Torero. Eso lo pudo certificar Adrián enseguida en su muleta, aunque ese tren que iba cargado de emoción no daba pausa ni permitía pestañeos. Adrián supo capear el temporal, a veces de bravura y a ratos de fiereza, con firmeza y valor. Y, la mayoría de las veces, con temple. Duro examen y oreja, en medio de algún disenso.
Al cuarto, Diego Urdiales lo supo llevar con la majestad de su toreo, ese de trazo clásico y hondura en cada suerte, para hacer trascender no solo a su propuesta, sino al toro mismo, que, incluso, se vio mejor de lo que era. Faena de verdad hecha con verdad. Gran estocada y petición no rotunda. Ovación.
Volvió Fortes, luego de ser atendido por los médicos, para hacer frente al quinto. Luego de ceñido quite de Adrián, el malagueño abrió su galería y colgó varios cuadros de esos que pinta muleta en mano. Entre ellos, unos al natural de los que jamás se olvidan. Toro con opciones que cayó en las mejores manos. Oreja.
Faltaba una lección de Urdiales y el maestro la dio con quite de los suyos al sexto. Eso fue preludio de una terrible cogida al banderillero Curro Javier, que quedó atrapado durante eternos segundos entre las acometidas del ejemplar, que lo envió a la enfermería. Enseguida, el toro, bravo y con calidad, humilló casi siempre. Hubo muletazos largos y, también, encimismo. Ante una plaza dividida entre poco satisfechos y partidarios del torero. Oreja y puerta grande.
Ficha de la Corrida
Toros de ganadería El Torero, de impecable presentación y juego dispar: 529, 560, 549, 550, 558 y 564 kgrs. El primero, imposible. El segundo sacó genio. El tercero, bravo y fiero, ovacionado en el arrastre. El cuarto, con prontitud, pero sin entrega. El quinto, noble. El sexto, bravo. Diego Urdiales, silencio y ovación. Fortes, ovación y oreja. Fernando Adrián, oreja tras aviso y oreja.






















