Sevilla: Raza Justa, Valor Desbordado

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La corrida de La Quinta evidenció una alarmante falta de raza en su conjunto, condicionando el lucimiento. Sin embargo, la terna: Manuel Jesús El Cid, Fortes y José Garrido, sostuvo la tarde con una entrega absoluta, imponiendo técnica, valor y oficio frente a un lote exigente y deslucido.

Redacción: Héctor Esnéver Garzón Mora – www.enelcallejon.co/ – Web Aliada

Lenguazaque – Colombia. La decimocuarta cita de la Feria de Abril de Sevilla 2026 en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla dejó una lectura tan clara como preocupante: la limitada raza del encierro de La Quinta marcó el devenir de una tarde donde el esfuerzo humano superó con creces la respuesta animal. Fue una corrida de fina estampa, bien presentada, de impecable tipología santacolomeña, pero carente del fondo de bravura necesario para sostener la emoción en los tres tercios.

Desde el abreplaza, “Ibicenco”, ya se intuyó el signo del festejo: nobleza sin motor. El toro tuvo buen embroque y cierta prontitud, pero su escaso celo diluyó cualquier atisbo de transmisión. Ahí emergió el oficio de El Cid, midiendo tiempos, alargando distancias y tratando de construir sobre un material que se apagaba en los finales. Todo quedó en una labor técnica, correcta, pero inevitablemente plana por la falta de raza del oponente.

El segundo, “Vencedor”, confirmó la tendencia. Aparente clase en los inicios que se transformó en aplomo y deslucimiento en la muleta. Fortes se vio obligado a tirar de exposición, colocación y firmeza ante un toro que medía, que no entregaba, que nunca humilló con continuidad. Fue una faena de más valor que eco, de las que no llegan al tendido porque el enemigo no acompaña.

El tercer capítulo elevó levemente el interés. “Palomito” sacó un punto más de transmisión dentro de su irregularidad, permitiendo a José Garrido mostrar una versión variada y solvente. Hubo muletazos de trazo limpio, dominio en el embroque y capacidad para corregir los defectos del animal, especialmente ese derrote final y su tendencia a irse sobre las manos. Pero incluso en este ejemplar “interesante”, la falta de fondo terminó por imponerse, obligando a un toreo más de uno en uno que de ligazón.

El cuarto, “Galguero”, fue el de mayor contenido del encierro, especialmente por el pitón derecho. Humillador y con cierta clase en los inicios, permitió a El Cid cuajar los pasajes más templados de la tarde. Sin embargo, también acusó esa falta de raza estructural, viniéndose a menos conforme avanzaba la faena. El sevillano, fiel a su concepto, apostó por el temple y la reunión, incluso en cercanías, pero el toro perdió celo y con ello se diluyó una obra que apuntaba alto.

El quinto, “Secretario”, tuvo movilidad y mejor embroque en la muleta que en los primeros tercios, donde evidenció querencias y falta de entrega en varas. Fortes logró entenderlo con inteligencia, especialmente al natural, donde imprimió temple y largura en muletazos curvos de buen gusto. Fue una faena de menos a más, construida con paciencia, sacando partido de lo poco que ofrecía el astado. Otra vez, la espada condicionó el premio, pero no el reconocimiento a su compromiso.

Cerró plaza “Loreño”, un toro exigente, de genio más que de bravura, que nunca regaló una embestida. José Garrido asumió el reto con firmeza, entendiendo que todo pasaba por el terreno, la colocación y el toque preciso. Sin posibilidad de ligazón franca, el extremeño apostó por muletazos aislados, de exposición máxima, tirando de técnica para provocar la embestida. Fue una faena de mérito seco, sin concesiones, frente a un toro que medía, que se defendía y que obligaba a jugarse la piel en cada cite.

En conjunto, la corrida de La Quinta dejó una sensación de oportunidad perdida. La nobleza sin raza, la clase sin fondo, la movilidad sin entrega… ingredientes insuficientes para encender la emoción en una plaza como Sevilla. Y, sin embargo, la terna sostuvo el espectáculo desde la verdad del toreo: entrega total, capacidad lidiadora y una firme decisión de no dejarse ganar la partida.

Porque cuando el toro no embiste con alma, es el torero quien debe ponerla toda. Y en esta tarde, la pusieron.

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